Desafiando Tokio

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CAPITULO 23

Al día siguiente Mía se levantó a la hora de comer, muy dispuesta y entusiasmada por conocer a sus compadres. Meiko no apartó la vista de Mía en ningún momento, asegurándose de que se comía todo, pero no hacía falta tanta vigilancia, Mía repitió de varios platos y estaba feliz.

—Veo que has recuperado el apetito, eso está bien —dijo Hikaru sonriendo.

—Ya os dije que sois muy exagerados, fue un fallo técnico, pero nada más. ¿A qué hora has quedado para conocer al grupo que viene? —preguntó Mía entusiasmada.

—Pues ahora deben de estar comiendo con los bailarines de aquí, incluida tu amiga Charlotte, y como la intérprete de ellos no se puede quedar más tarde de las cinco a esa hora nosotros tomaremos el relevo, ¿te parece?

—Me parece que falta mucho aún —contestó Mía, poniendo morritos tristes.

—De cinco a nueve son tuyos, luego hay que ir a la discoteca que comenzará la fiesta y tienen que bailar con las chicas de aquí en el escenario —explicó Hikaru.

—¿Solo vienen chicos? —preguntó Mía, extrañada.

—Sí, bueno, las chicas del grupo tenían un compromiso en Australia, por eso la intérprete de ellos se va hoy.

—Deben ser los mejores de Cuba para estar tan ocupados, ¿no crees? —dijo Meiko mientras limpiaba la cara de Asako, que parecía estar peleándose con la comida más que comérsela.

—¿Son de Cuba? —preguntó Mía con los ojos abiertos y una sonrisa esperanzadora.

—Así es, son de allí. ¿Has estado? —preguntó Hikaru.

—¿Que si he estado? Uff, más que eso. Pasé allí casi un año cuando mi madre se hizo novia de un latino guapísimo. Qué recuerdos más bonitos.

Mía se quedó pensativa, acordándose de las playas de Cuba, de sus noches de salsa y sus amaneceres, rodeada de risas. Fue realmente feliz allí, su gente, su cultura, su música, adoraba todo lo que Cuba significaba. Absorta en sus pensamientos, terminó de comer y se fue a su habitación a cambiarse. Como iba a trabajar, Hikaru le entregó un uniforme de su empresa: un pantalón negro que se ajustaba hasta debajo de su culo y luego caía suelto hasta debajo de la rodilla, una camisa blanca de manga larga semitransparente y un top palabra de honor negro, para ponerse debajo y cubrir lo que pudiera verse. El conjunto no estaba mal, un poco sobrio para el gusto de Mía, pero realmente parecía una profesional con él puesto. El único cambio que realizó en el atuendo fue que en vez de medias negras se puso unas claras y brillantes de verano que Meiko le había prestado, y unos zapatos de tacón sujetos al tobillo. Según Hikaru debería haberse puesto el zapato plano que le dio, pero Mía se negaba a ser vista en público con semejantes zapatos ortopédicos.

Llegada la hora, Mía se recogió el pelo con dos palillos, se retocó el maquillaje y salió a buscar a Hikaru para irse. Tras varios silbidos por parte de Meiko, y varios intentos de algo por parte de Asako, Hikaru se despidió de sus chicas dándoles un beso en la frente, y le tendió el brazo a Mía para irse al coche.

El grupo de baile se encontraba en un hotel al lado de la discoteca, era uno de cinco estrellas con una recepción impecable. Tenía el suelo de mármol blanco hueso, que aún lo hacía más espectacular. Al final había un mostrador de mármol negro veteado, donde se encontraban varias recepcionistas trabajando en sus ordenadores o atendiendo clientes.

—Espera aquí —dijo Hikaru, señalando unos sofás que había a mano derecha—, voy a pedir que les llamen a la habitación para que bajen.

Hikaru desapareció de la vista de Mía, así que decidió coger una revista para ojearla mientras esperaba a que bajaran. Antes de que pudiera acabar el artículo que había empezado Hikaru estaba de vuelta.

—Al final no hacía falta que vinieras —dijo Hikaru—. Uno de los chicos habla japonés fluido y el resto inglés, así que nos hubiéramos entendido muy bien.

—Ya me imaginaba que sabían inglés, si quieres salir de allí Estados Unidos es el sitio más cerca al que ir, y el inglés es básico para hacer carrera.

Hikaru la miró, sonriendo por haber vuelto a dejarse engañar por Mía.

—¿Rosario? ¿Rosario Tijeras? —se oyó gritar desde el otro lado de la recepción—. ¿Eres tú?

Mía buscó con la vista de dónde provenían esas palabras, hacía mucho que no oía ese nombre. Cuando sus ojos se encontraron con el autor de dichas palabras, Mía sonrió como hacía tiempo que no lo hacía. Rodeó a Hikaru y corrió hacia quien la había llamado, que la esperaba con los brazos abiertos.

—No me lo puedo creer, Will, ¿de verdad estás aquí? —dijo Mía, abrazando fuertemente al chico.

—El que no se lo cree soy yo. ¿Qué demonios haces aquí? —preguntó.



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В тексте есть: japoneses, tirondepelos, instituto

Отредактировано: 14.02.2018

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