Desafiando Tokio

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CAPITULO 24

Mía sentía cómo su cabeza daba vueltas, el alcohol estaba empezando a dejar de hacer efecto. Ryo no soltó a Mía hasta que llegaron a su cuarto.

Cerró la puerta y comenzó a caminar de un lado para otro, murmurando. Lanzó un par de puñetazos a un saco de boxeo que tenía en una esquina de su dormitorio. Mía seguía parada junto a la puerta sin dejar de mirarlo. Pasado un rato, Ryo parecía más calmado y le extendió la mano a Mía, ella la agarró y se sentaron en la cama, uno al lado del otro.

—Mía, ¿por qué has hecho eso hoy? —preguntó Ryo, sin atreverse a mirarle a la cara.

—No te entiendo, ¿a qué te refieres? —respondió Mía, sorprendida ante la total tranquilidad de Ryo.

—Bailar de esa manera con él, dejar que te tocara, que te besara, incluso que te guiara mientras mantenías los ojos cerrados. ¡Maldita sea!, casi me vuelvo loco al verte en sus brazos.

Ryo la había estado observando y Mía ni siquiera se había dado cuenta.

—¿Por qué crees que lo hice? —preguntó Mía sin saber qué esperar.

—Espero que no fuera por venganza.

—Jamás haría daño a alguien a propósito, y menos a ti. Esta historia ocurrió antes de que tú y yo nos conociéramos, antes de que yo me convirtiera en quien soy.

—¿De verdad? —dijo, soltando un suspiro de alivio—. Me rehusaba a pensar que fueras así, pero los hechos eran tan claros...

—Él es y será siempre alguien muy importante, fue un punto de inflexión en mi vida —explicó Mía.

—Si te pido que me cuentes tu historia con él, ¿lo harás? —preguntó Ryo tímidamente.

—Claro que sí, no tengo nada que esconder ni de lo que avergonzarme pero, ¿seguro que la quieres oír? —preguntó Mía, preocupada por los sentimientos de Ryo.

—Lo necesito para no volverme loco pensando en que te puedas ir con él.

—Está bien —respondió Mia, poco convencida—. Cuando lo conocí, apenas era poco más que una niña, acababa de mudarme a La Habana con el novio nuevo de mi madre. El tipo era muy bueno con ella, pero yo no le gustaba demasiado porque no estaba dispuesta a ser su criada, así que me amenazaba con darme con un palo que tenía en la casa.

Ryo se tensó al oírlo y Mía puso su mano sobre la de él para tranquilizarlo. Funcionó.

—Tanta era mi rabia —continuó Mía— que empecé a juntarme con malas compañías, incluso me hice con un arma que no dudé en usar contra alguno, sin llegar a darle, pero haciendo entender que no fallaría dos veces. Por eso empezaron a llamarme Rosario Tijeras.

Mía se levantó y comenzó a andar por la habitación.

—Las noches en que mi madre no llegaba a dormir por trabajo yo me las pasaba en un antro de salsa, bailando para evitar estar con él, pero una noche un amigo vino corriendo a buscarme para decirme que el tipo estaba borracho, buscándome, y que iba a tirar la puerta de nuestra vecina. Él sabía que yo me refugiaba allí a veces —aclaró—. Salí corriendo, temiendo por lo que ese animal podía hacer a las que vivían allí, una abuela con sus dos nietas pequeñas, ella las cuidaba desde que su madre murió.

—¿Y qué pasó? —preguntó Ryo, con los ojos muy abiertos.

—Cuando llegué, las tenía arrinconadas en el suelo y con el palo con el que me amenazaba sobre ellas. Una de las niñas se frotaba su bracito y vi que él le había atizado. Mi rabia fue tal que saqué el arma y apunté directamente a su cabeza.

—Mía... —susurró Ryo, sin saber qué decir.

—Él se moría de miedo, se puso de rodillas suplicando mi perdón y yo le encañoné directamente, apoyando el cañón en su cabeza. Estaba dispuesta a hacerlo, pero Will apareció. Solo lo conocía de haber bailado con él, ni siquiera sabía su nombre, pero allí estaba él, pidiéndome que no lo hiciera.

Mía respiró profundamente para relajarse, intentado despejar su mente igual que había hecho esa noche.

—Mi mano empezó a temblar y él la cogió firme, retiró la pistola de la cabeza y me la quitó de la mano. Le dio un puñetazo que dejó al tipo inconsciente hasta que llegó la policía, me abrazó y salí de allí.

—¿Qué dijo tu madre de lo sucedido? —preguntó Ryo con interés.

—A ella no le conté todo, no sé si me hubiera creído, pero el tipo se las arregló para que no lo dejara y esperara por él hasta que saliera de la cárcel. Así que nos quedamos allí. Will se presentaba cada noche a buscarme y pasábamos horas bailando, pasar del baile a la cama fue cuestión de tiempo.

Ryo sintió una punzada en el corazón pero no interrumpió, quería saber el final de la historia.

—Fue casi un año, precioso, todo perfecto, hasta que el tipo salió de la cárcel y vino directamente a por mí. Mi madre se dio cuenta de todo e hizo lo que hace siempre, recoger todo y escapar. Yo corrí a buscar a Will para contarle todo y, bueno, ya sabes, no estaba solo.



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В тексте есть: japoneses, tirondepelos, instituto

Отредактировано: 14.02.2018

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