Desafiando Tokio

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CAPITULO 27

«Bien, vamos allá», pensó Mía. Michael se había ido la noche anterior y ahora ella tenía que buscarse la vida para cambiar su ruta. Cuando llegaron a buscarla, Mía llevaba todo el día pensando en cómo salir de allí y dirigirse a Calcuta, donde se encontraba la hermana pequeña de Naisha. Al menos había conseguido un mapa de la India de 1985, lo tenía una mujer que le trajo la comida, no entendía el idioma pero con señas pudo hacerle entender que necesitaba uno. Localizó Calcuta y, por suerte, la aldea en la que se encontraba Mayarin no quedaba lejos del puerto fluvial de Calcuta. Ensimismada en sus pensamientos se sobresaltó cuando la puerta del cuarto se abrió sin previo aviso.

—¿Eres Mía? —preguntó un hombre de tez morena, joven y que tenía un perfecto acento británico.

—Sí —contestó Mía, un poco asustada—. ¿Y tu quién eres?

—Disculpa si te he asustado, soy Sadhvi. Vengo a buscarte para llevarte al avión —se presentó inclinando la cabeza.

Mía se lo quedó mirando un tanto desconfiada, era bastante guapo para ser un rebelde, aunque vestía ropa vieja y sucia su aspecto no era de dejadez, seguramente no había crecido como los niños que Mía vio al llegar el día anterior.

—Hay un cambio de planes —dijo Mía con seguridad.

—Michael no me avisó de ello, tengo órdenes de llevarte al avión —contestó incrédulo Sadhvi.

—Te diría que lo llamaras pero ahora está en el vuelo, intentó localizarte ayer pero no pudo —dijo Mía, refiriéndose a Michael—, tengo que ir primero a Calcuta a recoger a alguien.

—¿Vas a ir a por Mayarin? —preguntó el chico confundido, con unos profundos ojos negros.

—¿La conoces?

—Soy amigo de Naisha desde el colegio, sabía que no se iría sin su hermana, pero nunca pensé que fueras tú a por ella. No se te ve una gran guerrera.

—¡Oye!, soy chiquita pero matona —se quejó Mía—. Además, a mi no me conocen y eso me da ventaja.

—Eso sí que es cierto, entonces, ¿qué necesitas? —preguntó Sadhvi.

—Necesito que me acerquéis lo máximo posible a donde la tienen, del resto me encargo yo —dijo Mía con firmeza.

—Si es por la pequeña puedo hacer algo mejor por ti, te llevaré a la aldea y montaremos alguna distracción para que te sea más fácil irte con ella.

Mía sonrió ampliamente, por fin veía algo de luz al final del túnel. No sabía a lo que se refería exactamente con «provocar una distracción», pero estaba agradecida de la ayuda que iba a recibir.

Sadhvi dejó la habitación para ir a explicar el cambio de planes, y diez minutos después regresó a por Mía. Ella ya estaba preparada, pero Sadhvi no opinaba lo mismo.

—Bien, iremos en dos coches, tú irás en uno conmigo y otro nos seguirá de cerca —dijo Sadhvi, mirando a Mía de arriba abajo.

—¿Qué haréis para distraerlos? —preguntó Mía curiosa.

—Aún no lo sabemos, durante el trayecto lo decidiremos —contestó Sadhvi—, pero está claro que no puedes ir así vestida o te reconocerán en seguida aunque no sepan quién eres, la aldea a la que vamos no es un lugar turístico precisamente.

Segundos después una joven llegó con un sari azul marino, de seda, bordado con dorados. La tela era magnifica y la camisa de los mismos tonos era digna de admiración. Le ayudó a ponérselo encima de su ropa, Mía no quería perder la libertad de movimiento cuando la necesitara. Una vez estuvo vestida realmente parecía una princesa hindú.

—Te ves espectacular —dijo Sadhvi—, voy a poder presumir de esposa si alguien nos para.

—¿No es un poco ostentoso? —preguntó Mía preocupada.

—Es muy ostentoso, pero porque en el lugar en que se encuentra Mayarin solo hay mujeres con ropas así, de esta manera no se pueden colar intrusas, es difícil conseguir lo que llevas puesto.

—Ah, bueno, intentaré cuidarlo bien.

—Con que puedas sacar a Mayarin de allí me conformo, le debo mucho a su familia, su padre pagó el entierro de mi madre.

—¿Dónde me esperarás cuando tenga a la niña conmigo? —preguntó Mía intentando desviar el tema que, claramente, aún afectaba a Sadhvi.

—No te vamos a esperar, he conseguido que un barco os lleve de polizones hasta Japón, llevan una ruta que para allí, eso sí, estaréis tres días metidas en las bodegas.

—Eso no me importa mientras podamos comer, ¿hay que pagarle algo al del barco? —preguntó Mía, esperando una negativa porque apenas tenía dinero.

—Le compensaremos de alguna manera, aún no sé cómo.

—¿Serviría un pasaporte falso? —preguntó Mía sacando el documento de su mochila.

Sadhvi lo cogió, lo miró y se lo devolvió.



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В тексте есть: instituto, japoneses, tirondepelos

Отредактировано: 14.02.2018

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