Desafiando Tokio

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CAPITULO 28

—¿Qué te dijo Mía que nos dijeras? —preguntó Ryo nervioso.

—A ti nada —contestó Asako, dejando a Ryo hundido.

—¿Y qué te dijo para mí? —preguntó Naisha dulcemente.

—Que todo salió bien —Naisha sonrió.

—¿Y dónde está? —preguntó Michael enfadado.

—No lo sé —contestó Naisha—. No sé cómo iba a traerla aquí, ni cómo contactar con ella.

—¡No sabes nada! —gritó Michael.

Asako se le acercó y tiró de su pantalón.

—Mía me pidió que te dijera que no te enfadaras con Naisha —dijo Asako con tranquilidad.

Michael no pudo evitar sonreír al darse cuenta de lo mucho que Mía lo conocía. Un sentimiento de culpabilidad atravesó su pecho y se fue directo a abrazar a Naisha, quien aún lloraba inconsolable.

Por su parte, Ryo salió de la casa apurado, volviendo a entrar unos minutos después con el móvil en la mano. Se oyó el sonido de un mensaje.

—¡Mierda! —dijo Ryo, leyendo la pantalla del teléfono.

—¿Qué ocurre? —preguntó Daisuke intrigado.

—Tengo una llamada de un número, por favor, Hikaru, comprueba que el número de tu teléfono es el mismo que el de mi móvil.

Hikaru cogió el móvil y revisó las llamadas recibídas del teléfono de casa, efectivamente, era el mismo.

—Te llamó un minuto antes de llamar aquí —dijo Hikaru, regresándole el móvil a Ryo.

—Tenía el móvil reparando y justo lo estaba recogiendo cuando me llamasteis para ir a por Mía al aeropuerto, seguro me llamó y pensó que no me importaba lo suficiente como para estar al pendiente del móvil —dijo Ryo mortificado.

—Seguro que lo entenderá cuando vuelva —comentó Meiko, intentando consolarlo—, ella no podía saber que tenias un número provisional, sucedió después de que se fuera.

—No sé si lo entenderá, quien me rompió el móvil fue Charlotte... Ya ha soportado demasiado, ni siquiera soy capaz de contestar un teléfono cuando ella me necesita.

Ryo se sentía abrumado y triste, se sentó en un rincón del sofá con los ojos vidriosos, dándole vueltas en la cabeza a cómo se iba a disculpar con Mía. Asako lo observaba de pie frente a él, mirándolo fijamente. Cuando Ryo se dio cuenta la cogió y la puso en su regazo. Los demás parecían no darse cuenta de la escena, estaban hablando con Naisha, escuchando atentos el relato de lo ocurrido en la habitación, cuando Michael se marchó esperando encontrar alguna pista del paradero de Mía.

—¿Por qué estás triste? —preguntó Asako, mirando a los ojos a Ryo.

—Echo de menos a Mía —contestó Ryo.

—Yo también, pero pronto volverá con nosotros.

Ryo se quedó sin decir nada, simplemente asintió con la cabeza.

—De verdad, ella me lo dijo. Y Mía nunca miente —dijo Asako, pensando que Ryo no la creía.

—Ese es el problema, que Mía nunca miente y si no ha dejado nada para mí, pocas explicaciones hay.

—¿Es por eso que estás triste? ¿Por qué no te dejó ningún recado? —preguntó Asako.

—Sí, me pone triste que no se acordara de mí.

—Sí que se acordó —dijo Asako.

Ryo la miró con los ojos abiertos y una pequeña esperanza.

—¿No dijiste que no dejó nada dicho para mí? —preguntó Ryo, pensando que antes oyó mal.

—Y no dejó nada dicho, pero me pidió que te diera esto —contestó Asako, dándole un beso en la mejilla.

En un primer momento Ryo se quedó en blanco, sin saber qué hacer, pero al segundo una sonrisa amplia llenaba toda su cara. Asako sonreía al ver la felicidad de Ryo, todos se dieron cuenta de aquel cambio y se giraron a mirarlos, tuvo que ser Meiko quien le preguntara a Ryo el porqué del cambio.

Una vez estuvo todo aclarado, Michael anunció que se iba a un hotel a dormir, pero Ryo no se lo permitió: cuidar de Michael era lo más cerca que podía estar de Mía y eso le bastaba. Les ofreció a él y a Naisha quedarse en la mansión. Se despidieron de todos y se dirigieron allí, ya era tarde y no había forma de encontrar ropa para que se cambiaran, así que Ryo le dejó su ropa a Michael y le ofreció a Naisha algo de Mía, aunque no le permitió entrar al cuarto, nadie podía entrar allí desde que ella se fue. Cogió del armario unos pantalones y una camiseta que nunca había visto en Mía, sabía que no podría soportar ver a otra chica con su ropa, sobre todo por el gran parecido físico que tenían.

—Gracias por todo, Ryo —dijo Michael, sentándose a cenar junto a Naisha y enfrente de Ryo.

—Mía no te hubiera dejado quedarte en otro lugar —contestó Ryo triste al oír su nombre en voz alta.



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В тексте есть: japoneses, tirondepelos, instituto

Отредактировано: 14.02.2018

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