Desconocido [saga griegos #5]

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Capitulo 15

Onesimo

Miré a mi alrededor pero nada me parecía conocido...mi mente era como un papel en blanco.

— los recuerdos llegarán solos — fruncí el ceño y me giré para mirar a aquella mujer tan bonita que me había comunicado días atrás que era mi jefa — no fuerces la mente.

Ella entró a la habitación y me sonrió.

— ¿te sientes bien? — suspiré.

— no lo sé, mi mente es una hoja en blanco, esperé a mi novia para que me contará cosas nuestras pero ella no llegó.

— ¿Laviana? pero si ella estuvo todos los días en el hospital.

— ¿Laviana? estoy hablando de Layna  — ella me miró extrañada.

—¿tú mente te ha traído esa historia? — negué.

— Laviana me lo dijo — mi jefa me sonrió.

— ya entiendo — tomó mi mano y me guió a la silla junto a la ventana  — verás mi querido guardaespalda, además de ser tu jefa, soy tu consejera del corazón.

— ¿mi consejera? — ella asintió

— tu cupido para ser más exacta y pues tú me escuchas y sigues todo al pie de la letra.

— no entiendo — Desa se sentó frente a mi.

— calla y escucha, te contaré tu propia historia  — y fue ahí cuando me enteré de la historia más loca que jamás pensé que yo podría vivir, cada palabra que salía de la boca de mi jefa, me hacía tocar cada parte de mi cuerpo. Me sorprendia el que no tuviera nada quebrado o fracturado con esa mujer.

— ¿está segura que yo la amo? — ella asintió.

— textualmente es el amor de tu vida — enarque una ceja, por lo que me daba cuenta está mujer era una bomba.

— pero Layna es dulce... — mi jefa me interrumpió.

— Layna es la chica de Igor, no te me confundas y no me cambies la seña, hemos trabajado duro en conquistar a Laviana y lo estas logrando  — negué.

— ¿lograrlo? casi me mata a golpes eso no es lograrlo  — mi jefa entrecerró los ojos y se me acercó para verme directo a los mios.

— tu me cambias la seña acerca de Laviana y está vez seré yo quien te haga una llave — abri la boca sorprendido.

— p...pero si ella me dijo eso, lo mas seguro es que no desea nada...  — me interrumpió molesta.

— eso se llama celos — se levantó para darme la noticia  — se ha ofrecido para acabar con quién te hizo daño.

— ¿qué? — Laviana no podía exponerse.

— una mujer que no está enamorada no está a punto de arriesgar su propia vida por un hombre. Bien, escúchame bien lo que haremos, tú como que no sabes lo que te acabó de comentar, háblale de Layna pero recuerda lo que te pasa si me cambias la seña.

Pongo los ojos en blanco.

— ¿sólo golpe me recetan las mujeres?  — mi jefa se encogió de hombros.

— pues si  — me puse de pie y la miré  — vamos a lograrlo Onesimo, con amnesia o no, tú te casas con Laviana.

Mordí mi labio y desvie la mirada, no quería vivir con moretones.

— ¿y si no me quiero casar? Quizás el destino me está librando de tanto golpe...  — callé al mirar el rostro molestó de mi jefa.

— bien, déjala y sigue con tu vida, quizás ella y Igor se enamoran, los he visto muy pegados últimamente pero cuando recuperes la memoria no vengas a llorarme  — dicho eso, salio de la habitación.

Rasque mi nuca y me di cuenta que estaba metido en un gran embrollo.

Nicos

— ¿podemos hablar?  — Iona suspiró y abrió más la puerta para que entrará.

Ella no se sentó, estaba de pie con los brazos cruzados.

— ¿qué deseas Nicos?

— sigues molesta, cómo si fuera mi culpa lo que pasó.

— ¿quieres que aplauda que serás padre de nuevo?

— ¿cuántas veces quieres que me disculpe? No es algo que yo busqué. Ella se embarazó sin mi consentimiento — suspiré  — he buscado al doctor en la clínica y no he logrado localizarlo.

— ¿para qué Nicos? Si ya está embarazada.

Me acerqué a ella y la tomé de los hombros.

— te juró que era tú hijo — ella desvió la mirada.

— ya no importa — sujeté su barbilla y levanté su rostro.

— importa si te hace daño — roce sus labios — importa si tu mirada deja de brillar por la tristeza  — esta vez la besé con toda la pasión contenida que había dentro de mi, la sujeté de la cintura y la pegue más a mi cuerpo.

Ella se puso de puntillas y pasó sus brazos alrededor de mi cuello, cuanto extrañaba su calor, su pasión.

Sentí su mano acariciar mi espalda,mientras mis labios dejaban los suyos para recorrer su cuello, mi mano se metió debajo del dobladillo de su blusa y busco sus pechos cubiertos por el encaje de sus sostén.



Kgerals

Editado: 26.01.2019

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