Desde la Eternidad

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Extra Necesario

 

 

 

El frío lo envolvía todo. 

 

Caminando en aquel largo pasillo pudo ser visualizadora del gélido aire que recorría aquellas paredes enroscadas, de la oscuridad en ciertos pasillos como la distorsión de varias puertas mientras cada paso las dejaba detrás, suspiro entrecortadamente, se detuvo sin saber donde seguir. 

 

Se había perdido, aceptó sin premura, era tonto de su parte pensar salir de aquella habitación donde había despertado, con la cabeza revuelta de mil manera, pequeños mareos la perseguían desde hace segundos donde lo único que pensaba era en aquellos vacíos que percibía en su cabeza cada vez que trataba de darle rienda suelta a sus recuerdos. 

Miro hacia todos lados, pero lo único que se podía visualizar eran aquellas asfixiantes paredes junto a la oscuridad, la que podía ser opacado por la poca luz de algunas antorchas en las esquinas. 

 

¿Quién en esos tiempos utilizaba antorchas para iluminar su casa?pensó incrédula, entonces, pudo notar el antiguo vestido que llevaba puesto y no pudo evitar, sentir como su corazón martillaba con locura contra su pecho, ¿en que momento....? Las preguntas amotinaban su cabeza con intensidad, tanta, que pudo percibir como algo cálido brotaba de su nariz. 

 

Limpio su nariz con manos temblorosas, desde que despertó todo en ella era un manojo de nervios sin razón y, solo era capaz de percibir la pesadez y la tensión que podía sentir en toda su anatomía desde entonces.

 

Se sentía extraña, como si algo le faltara.

 

Estaba tan desorbitada que apenas pudo ser capaz de escuchar voces venir a pocos centímetros de ella. Y risas, risas cantarinas e infantiles resonaron en su audición y su respiración se aceleró mientras empezaba a caminar hacia esa dirección, rizos dorados y mirada azulada llenaron sus ojos cuando empezó a correr, desesperada y ansiosa. 

 

Las voces de intensificaban mientras más se iba acercando y con ellas, la poca iluminación que recibía el lugar. Dudas de continuar la invadían pero, la voz de Emma se hacía más clara y alta cada vez que se acercaba, que la endulzaba a  cruzar aquellos desconocidos pasillos. 

 

Algunos cuadros de una familia se distinguía ante la borrosidad de el tiempo, manchas oscuras salpicaban algunas cuantas mientras que otras carecían de estabilidad, rotas en el suelo, no obstante, y a pesar de no contener rostros legibles, un retrato en particular le llamaba la atención, una chica de larga cabellera negra posaba felizmente para aquella pintura, al tiempo, en que observaba... nada, una gran abertura cubría la mitad del retrato. 

 

Rozó sus dedos por la abertura y no pudo evitar imaginar, cómo alguien en un arranque de ira se desasía de cada una de ellas, estaba tan distraída que no pudo sentir como algo rústico tocaban su piel y, cuando llegó apartarlos, llegó a ver lo que realmente sus ojos no llegaron a mostrar, una especie de sangre seca se expandía sobre el rostro de la chica, se apartó rápidamente observando cómo se había alejado del pasillo iluminado.

 

Contuvo la respiración y trató de seguir la voz de Emma.

 

Sin embargo, las risas habían desaparecido hacía ya varios segundos. Trato de seguir el mismo camino que la guió hasta allí pero, mientras más trata de encontrar la salida de aquellos pasillos más percibía la repetición de estos cuando cambiaba de dirección, entonces, siempre notaba las pinturas al finalizarlos. Caroline resoplo entre dientes, sintiendo de pronto el intenso calor que desprendía el lugar, su corazón empezó a palpitar más deprisa y, al pasar los segundos, un pequeño nudo de frustración empezaba a crecer en su garganta.

 

En aquel pequeño momento empezó a preguntarse si, por algún milagro de Dios, Sansa se preocuparía de Emma y ella, habían pasado horas desde el instante en que despertó, eso lo tenía seguro,  pero, lo que no lograba encontrar era cómo pudo haber quedado  inconsciente y, no poder recordar el rostro de aquel hombre, el mismo que se repetía una y otra vez en su cabeza.

 

Sus pasos cesaron en un ridículo intento de calmarse, no obstante, eso solo logró que escuchara voces femeninas provenir de una puerta a pocos centímetros de ella, frunció su ceño y avanzó esperanzada de haber encontrado a alguien, tocó suavemente mientras una sonrisa de alivio la invadía, sin embargo, cuando la puerta se abrió, no había nada más que una escalera que descendía más allá de los que sus ojos podían visualizar.

 

Retrocedió, al tiempo, en que las voces femeninas llenaban su audición en montones, su piel se estremeció sintiendo el aire gélido que la envolvía hasta córtale la respiración y, de repente, pudo escucharlas mejor.

 

“¡Ayuda!.... ¿Puedes oírnos?”

 

Las palabras brotaron en un nudo roto y descompuesto, como el sonido de un vidrio rompiéndose.



Massiel29

Editado: 12.06.2019

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