Desde Madrid, con Amor.

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CAPITULO 30: REGRESO

Luego de una divertida desvelada en compañía de mis amigos que ahora eran mi familia, desperté en la sala casi arriba de Lia, aunque me avergüence mencionarlo, pero su almohada era el camino de un río de baba. Me quite inmediatamente en cuanto me di cuenta. Tome mi celular, me percate de que tenia un whatsapp de Alex, por lo que no paso tanto tiempo para que me despabilara. El mensaje decía: -¿Ya te olvidaste de mí?-. Conteste ferozmente: -¿Y tú eres?...-. El mensaje había sido enviado y recibido, pero no obtuve una respuesta inmediata.

Casi al mismo tiempo Luis y Lia despertaron, cuando menos lo pensé se encontraban peleando en la cocina por el ultimo trago de leche, como un par de niños pataleando, peleando, riendo, gritando, se decidió el ganador, Lia tomo leche con cereal mientras Luis tuvo que elegir otro desayuno. Repentinamente mi teléfono comenzó a sonar, vi la pantalla era Ana; al ver su nombre en la pantalla tuve un mal presentimiento, el pecho me dio un vuelco, supuse que no era nada bueno.

Atendí inmediatamente pero con temor, mis corazonadas nunca se equivocaban, Ana lloraba desconsolada, no podía emitir oraciones completas por lo que no entendía mucho, a pesar de que mi corazón se rompía al escuchar su voz quebrada, me arme de valor y dije con voz fuerte: -¡Tranquila! No logro entenderte-. Sus oraciones se completaron y sucedió lo que me temía, papá se encontraba en el hospital y debía regresar a México en el primer vuelo que me encontrase disponible.

Por un momento el mundo se me vino abajo debo confesar, el tiempo empezó a correr en cámara lenta, mi cabeza dio vueltas, no podía controlar las palabras que emitía, tenia miedo de todo lo que viniera, mis emociones se me salían de las manos, hiperventilaba sin darme cuenta, el agujero negro de mi interior me consumía, quede petrificada, inerte en la sala frente a Lia y Luis, que poco supieron que hacer para ayudarme. Apenas y pude tomar la tableta para la ansiedad entre mis manos, un trago largo de agua fue suficiente para pasarla. Me desmorone después de tragarla, el llanto no paraba y las frases en mi cabeza se repetían una y otra vez. Tome una tableta más, este trago de agua fue más profundo, sentí que debía recostarme y dormir una siesta; deseaba que la siesta durara tres semanas.

Mientras dormía, soñaba, primero fueron escenas que no pude descifrar sin sentido alguno, recuerdos revueltos con fantasía que incluían a mi familia; luego aparecí de nuevo frente a él, Alex era el lugar a donde mi cerebro recurría cada que tenía un problema esperando que él me diese la respuesta, la realidad era que Alex nunca supo ninguna respuesta a nada, pero a su lado yo encontraba mi calma. Él estaba de pie, corría de un lado a otro, jamás noto mi presencia, trabajaba con un paciente, luego otro, después dejaba indicaciones, verificaba maquinas, era el mas eficiente de la sala debo decir, su simple presencia me tranquilizo de inmediato, no tuve el valor de acercarme e interrumpir su brillante trabajo, me alejé, quise despertar, lo conseguí posteriormente.



Luna Esquivel

Editado: 28.10.2019

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