Desesperada entre las hojas caídas

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17 "¿Club o Motel?"

Incomodo.

La incomodidad nunca me había parecido tan molesta antes, hasta ahora. Estamos sumergidos en un aire lleno de tensión y mentes en blanco. No sé en qué diablos pensaban estos dos al llamar a Griffin, sabiendo perfectamente con antelación que él y Gabriel están en un grave conflicto y la menor provocación hará que se desate un caos.

¿En qué pensaban cuando me eligieron como copiloto? Mis planes estaban perfectamente calculados; hundirme en los asientos traseros siendo asegurada por el cinturón de seguridad, hacer como si no escuchara a los demás mientras miraba la ciudad de noche y mi boca la mantenía cerrada hasta que el auto se detuviera en nuestro destino.

Pero al parecer el mundo está empecinado en decirme que no importa cuánto planee las cosas, nunca se harán como yo digo.

—Benjamín por favor mantente lo más alejado posible, no quiero otra pelea entre ustedes —advierto viéndolo.

—De acuerdo, bonita —una tos falsa y muy exagerada suena detrás de nosotros—. Como decía, no te preocupes. No haré nada que empeore las cosas. Él fue mi confidente ¿recuerdas? Sé cómo se pone cuando está ebrio y sé perfectamente sus razones.

—¿Lo sabes? Si conoces la razón por favor dímela.

—Es algo que no te incumbe, Mad. No seas metiche.

Vuelvo lentamente a mi antigua posición, aun con el sentimiento de querer refutar sobre su comentario pero no digo nada, tan solo me limito a mirar tras la ventana y esperar de forma paciente que lleguemos pronto. Necesito saber el estado de Gabriel, él no suele consumir alcohol así que nada bueno puede surgir de ahí.

Cuando el auto se estaciona cerca del club no espero algún consejo o advertencia por parte de mis hermanos, salgo inmediatamente y camino hacia la entrada donde a los metros puedo ver la silueta de Laura.

—Por fin llegaste —se acerca—. Ya estaba por volverme loca.

—¿Dónde está?

—Adentro —agarra mi mano y corremos hasta adentrarnos al lugar.

El fuerte sonido de la música hace que lleves mis manos a mis oídos para tratar de disminuir un poco la intensidad, pero no importa que tanto haga, todo es completamente inútil. Laura se me pierde y de un pronto a otro estoy rodeada de un mar de chicos y chicas brincando y gritando. No pasa mucho cuando reemplazo la molestia por adrenalina y es que en la pista empieza a sonar una de mis canciones favoritas por lo que después de dos segundos estoy siendo jalada por un par de personas invitándome a bailar entre el montón de personas.

Y la emoción que irradian los demás me es contagiada.

Y entonces me uno y comienzo a cantar junto a los demás. Las luces de colores inundan el lugar, danzando por las paredes y los rostros de todos.

La paso muy bien hasta que alguien vuelve a jalarme hasta llevarme a una parte donde no hay tantos adolescentes, pero aun así la energía sigue fluyendo en mi cuerpo.

—¿Qué haces? Hay que buscar a Gabriel.

—¿Cuál Gabriel?

—¿Cómo que cuál Gabriel? ¡Tu mejor amigo! La razón por la que te llamé a estas horas de noche.

Oh mierda, es cierto.

Tratamos de retomar el camino de antes, escabulléndonos entre las personas, y empujando a uno que otro. Cuando estamos en una zona de la barra donde casi no hay nadie se detiene y mira hacia todos lados.

—¿Qué pasa?

—No está. Puedo jurar que lo dejé aquí. Ya vengo, le preguntaré al barman.

Mientras ella consulta echo un vistazo alrededor, con mucha curiosidad mis ojos tratan de acaparar todo el lugar, poniendo todo mi esfuerzo visual para ver si así logro obtener alguna imagen que se asemeje al rostro de Gabriel, pero a pesar de todos los intentos que hago, nada funciona. No lo veo por ningún lado.

Me atrevo a dar una segunda repasada, pues Laura aun no regresa así que vuelvo a desplazar mi mirada hasta que…

—Dice que no tiene ni una jodida idea donde pudo irse. Este niño qué cara-

La escucho cortarse y quiero preguntarle por qué lo hace pero estoy tan concentrada en tratar de visualizar si quien está en una esquina del club es mi mejor amigo o no.

—¿Ese acaso es…? —Dejo la pregunta al aire, sin esperar alguna respuesta por mi amiga sin embargo ella contesta.

—A mí se me hace que sí, echemos un vistazo.

Nos acercamos con cautela, pues una metida de pata puede causar que esa parejita nos saque de su nido de amor a punta de groserías y sinceramente no necesito pasar por esa situación.



DanBlue

Editado: 22.04.2019

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