Despierta hermanita

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Insomnio y óxido

 

     Morgana no podía conciliar de tanto pensar en sus episodios ya que no era común tener dos en un mismo día. Estos trances sucedían una vez a la semana regularmente si no estaba bajo ningún tipo de presión. Sumado a los pensamientos que intentaba mantener a raya para no ahogarse en otro episodio, estaba la presencia de Dimitri y el efecto que causaba en ella. Así era imposible conciliar el sueño.  Miró hacia Hannah. En contraste, la despreocupada rubia dormía plácidamente en el sofacama.

    Decidió ir a dar una caminata por la casa. Aquello la relajaba pero le disgustaba sentir frío al salir de la cálida cama. Reptó hasta la orilla de la cama y sacó uno de sus pies para senir el frío de su insomnio. Contó hasta tres y se incorporó. Salió de entre el alcochonado duvet. Sus pies se pegaron al piso de madera el cual era moderadamente frío. Un vago recuerdo recurrente de cuando era muy pequeña perforó sus párpados. En algún momento antes de alcanzar el metro de altura sus pies tocaron un frío piso de cemento pulido y todo lo que quedó grabado en su pensamiento eran gritos de desesperación. Por eso odiaba tanto los pisos fríos pero obvió este odio justificado y con cautela, se escabulló en medio de la noche. Si veía un fantasma sería lo mejor para alejarla de lo que no la dejaba dormir en paz.

     Al pasar por el silencioso corredor, se detuvo frente a la puerta de la habitación donde seguramente Dimitri dormía como un ángel. Él, seguramente incauto de su presencia estaría conciliando el sueño a diferencia de ella. Desde la puerta, Morgana lo sentía. Quería entrar y dejar la timidez a un lado pero algo más fuerte que su atracción la detenía. Una fuerza invisible la ataba. No sentía la satisfacción de estar a punto de traspasar un límite que la llevara a una victoria, sentía que estaba pecando. Era un sentimiento deliciosamente intenso.

      Cerró los ojos y suspiró como si esperara una señal. La puerta se abrió como dándole la bienvenida a un nuevo mundo. Del cuarto salía el aroma de Dimitri. Esa esencia desató aquello que no la dejaba ser. Como un magneto, Dimitri la atraría a su presencia. La esperaba. Ella no  pudo ignorar la imponente silueta del recién conocido surgiendo de entre las sombras. No se negó a su bienvenida tácita. Él la recibió con un tierno beso en la frente. Qué bien se sentía estar en los brazos de un hombre. De él.

     -Solo eres una niña.- había algo de pesar en su voz.

   Él se estremeció al sentir las curvas de Morgana bajo su pijama de seda vino tinto. Esto hizo que su virilidad se tensara y que sus labios fueran directo a la boca de la adolescente quien abrió levemente esos jugosos labios y lo recibió con su lengua como si fuera algo natural. Sus lenguas juguetearon y así conforme sus bocas se humedecían, sus deseos más profundos afloraban revelándose en caricias cada vez menos inocentes. Eso era un tormento que bien podría durar toda la vida.

      -Haz lo que quieras de mí.- le susurraba Morgana mientras él la abrazaba con desesperación.

     No pudiendo resistirse, Dimitri la tomó aún más fuerte y la levantó de los muslos para recostarla sobre la cama ¿Qué tenía esa mujer que lo enloquecía? ¿Era ella acaso consciente de los pensamientos que despertaba? Antes de echarse para atrás siguió besándola como si no hubiera nada más en la tierra. Nada más que ese instante robado. De los rincones de su mente memorias tormentosas huían despaboridas con cada toque de la piel de Morgana contra la suya. 

     Los dedos de Morgana se enredaron en la rubia cabellera de Dimitri que a la luz de la luna parecía plata salpicando sus más retorcidas fantasías. Él dejó de besarla para mirarla a los ojos ¡Oh Dios! Ahora los ojos de su musa eran rojizos y él sintió temor de perderse en ellos así que comenzó a descender por su cuello respirando agitadamente sobre su piel, haciéndola gemir. Él seguía bajando pasando por su clavícula y al llegar a sus pechos desgarró la seda como si fuera una hoja de papel dejando al descubierto esos pechos virginales y perfectos. Él se sentó sobre sus talones y la observaba. Era hermosa. Tentadora.

   Dimitri ahuecaba sus senos con delicadeza y ella seguía mirándole fijamente. Lo estaba retando a tomarla de una vez por todas. Entonces él se apartó y se puso de pie a lado de la cama. Se desvistió dejando al descubierto su alma y un cuerpo bien formado. Desnuda. Ella se puso de pie sobre la cama y le empezó a besar el cuello.

     Ya no aguantaban las ganas de sumergirse en uno en el otro. Así que él delicadamente la recostó entre abollonadas almohadas y el mini componente se encendió. Tal como en los pensamientos de Morgana. La incitadora música de London After Midnight los envolvió en una comunión de almas consagrada con besos húmedos.



Lucretia Harkönnen

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En el texto hay: vampiros, misterio, hermanas

Editado: 13.10.2019

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