Destinada al Oeste

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Capítulo 4

 

Esperé que Sharon se durmiera, salí de la habitación y llegué al comedor, los estudiantes se inclinaban ante mí, esto es muy incómodo. Cené sola con las miradas de los presentes a mi alrededor, tomé la cena de mi hermana y regresé. Seguía dormida mientras que yo no podía conciliar el sueño. No quería estar encerrada, le dejé la comida a un lado, en el tronco que hace las veces de mesa de noche, cuando se despierte, tendrá hambre, no es que le apetezca comer ensalada, pero no hay más.

Necesitaba caminar, se supone que no conozco la escuela, es solo que los recuerdos sí lo hacen, ellos la recorrieron miles de años atrás —a mi mente llegaron fragmentos de mi vida pasada, corría alegre escondiéndome de mis amigos. Tenía sentimiento de lealtad y sospechaba que al conocer al Rey el sentimiento iba a ser similar a lo que sentía por Jerónimo—. Mis pies saben a dónde ir, me dejé llevar y sin darme cuenta llegué al frente de las caballerizas. Mi caballo relinchó al verme, sonreí, me senté a su lado —volví a llorar en silencio, he reprimido este dolor durante todo el día, pero ahora nadie me ve, así que puedo soltar lo que me quema por dentro, lo que tiene mi alma magullada y pisoteada. Aun no comprendo mi situación, no sé qué hacer, hace dos días creía haber conquistado al mundo y mírame, estoy recogiendo los pedazos que quedaron de mí. Autoconsolándome, deteriorándome y dejándome seducir por la derrota, cediendo al chantaje de la depresión, siendo utilizada como marioneta de las dos fuerzas que parametrizan las columnas de la vida... el bien y el mal, quien se mide en la balanza general de la decisión a tomar, estoy ante mi futuro, me debato ante las decisiones que regirán mi nuevo camino y surgen como pelotón las actitudes y aptitudes, sumándose al lado izquierdo los valores que te rigen, el amor, el perdón versus el lado derecho, contraponiéndose a la rabia, el odio, la decepción, la derrota, la frustración con el mundo y conmigo misma, recriminándome el papel de imbécil… ¿Quién gana?

Me aferré al cuello de Asallam, es gratificante abrazarlo. Bueno, es un caballo y son seres por lo que he leído, puros, nobles y representan la fuerza, la lealtad, él no me dejará caer. La vida continúa, sonreí. Mi abuela ha influenciado tanto en mí, supongo que decidió el lado más duro, el que debo trabajar día a día, el que me muestra que, aunque sangre el alma enmendaré mis heridas. ¿Qué me diría mi abuela en este caso? Y como recuerdo divino su voz se escuchó en mi mente. “El tiempo… él lo cura todo, a veces no comprendemos el porqué de las situaciones, la Energía siempre nos pone pruebas para evolucionar en espíritu, debemos pasar el valle del dolor, el río de desilusiones y el mar de obstáculos si queremos trascender. Ahora no lo comprendes, pero estás destinada a cambiar ambos mundos” continué meditando y poco a poco me fui serenando, la solución es dejar que el tiempo pase.

—¿Serás mi amigo? —mi caballo respondió posando su cabeza sobre mis piernas—. Gracias —me quedé un rato en el establo. Acaricié su blanca melena—. Te prometo no llorar mañana… él también murió hoy —le susurré mientras lamía la mano donde tengo el anillo de matrimonio—. Si, quién me dio esto murió hoy, por eso lloro, me quebró el alma, fue un cobarde que no tuvo la valentía de decirme que no me amaba, le fallé a este mundo, debo verme patética, lamiéndome las heridas y renegando por mis propios errores… ¿sabes?, tengo mi vida patas arribas y extraño a la abuela —como si me estuviera hablando, su voz volvió a recrearse en mi mente—. El tiempo, el tiempo cura hija, levántate, da un paso a la vez, aunque sangren tus heridas recuerda: el viento seca, el agua limpia, la tierra da fruto y el fuego te acompaña, permanece al lado de los seres que te aman, la familia y los amigos sostienen, aún no lo comprendes, el tiempo sana y la Energía siempre tiene un propósito. “te extraño abuela” —me levanté, habían pasado horas, pronto anunciarían la hora de dormir, estoy en una escuela militar. Antes de irme Asallam puso su cabeza en mi pecho. Sentí la onda de energía que me brindó, no sé cómo funciona la conexión con la naturaleza, fue sólo un instante de felicidad, como si él estuviera conmigo, igual a estar en sus brazos y me hacía suya.

—Gracias, ¿cómo lo hiciste? —su mirada penetró la mía, siento que alguien me ve a través de Asallam, era tan firme. Tiene los ojos negros, lo besé en la frente—. Nos vemos mañana.

Sharon seguía dormida, me quedé un rato mirándola, quién iba a creerlo, era mi hermana, nos une algo más fuerte que la sangre, ¿cómo es posible? Hay mucho que no entiendo y si mi abuela estuviera viva las cosas a lo mejor serían diferentes. Los padres de nuestra vida pasada están vivos. ¿Quiénes serán?, ¿podré revocar esa orden para que se acerquen a nosotras? Para ellos debió ser muy triste ver morir y sepultar a sus hijas. Hay varias situaciones que no me gustaron de este mundo, ¿por qué mantienen a sus esposas al margen? Primero debo analizar. Me acosté al lado de mi hermana y por más que traté no logré conciliar el sueño. No pude dormir, necesitaba llorar, necesito sacar el dolor. Me encerré en mi propio campo magnético para que Sharon no me escuchara los gritos que salieron de mí. Extraño mi cuarto, extraño mi cama, extraño a mi abuela o bueno el recuerdo de quien fingió ser y sobre todo lo extraño a él. Estaré dos años encerrada en esta escuela. Aunque se ve grande y agradable el lugar lo siento como un aislamiento y literalmente es así, el pueblo más cercano queda a kilómetros. Todos han pasado por la misma escuela, tenemos más años de vida y la mortalidad y natalidad por lo que pude observar no es muy alta. Poco a poco fui cerrando los ojos hasta quedarme dormida, el cansancio, el llanto y el recordarlo había sido suficiente. El sol entró por la ventana, Sharon me miraba al lado de la cama, quité el campo de energía.



Eilana Osorio Páez

#41 en Ciencia ficción
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En el texto hay: extraterrestre, amor, misterio

Editado: 25.10.2019

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