Destinada al Oeste

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Capítulo 13

 

Llegamos al parqueadero, mi hermana entró seguida de Milnay.

—Debes cambiar tu apariencia, no puedes estar aquí con el cabello blanco —dijo. Sharon se acercó al casillero, sacó el anillo de compromiso, Yajaht se percató de ello. Debo escoger un auto, pero me llaman la atención las motos—. Tienes una cuenta a tu nombre Yelena, llévate el rastreador para poder localizarte por si se presenta una urgencia.

—Gracias por lo que has hecho Milnay, nos vemos pronto —la abracé y le di un beso en la mejilla.

—A ti mi Reina —puse los ojos en blanco, me entregó los documentos y se retiró. Sharon se dejó acomodar el cabello detrás de su oreja por Yajaht. Antes de salir de la cápsula, miró atrás.

—¿Es necesario? —suspiré antes su insistencia.

—No fue un error el que yo naciera en el planeta Tierra, nada de lo que ha pasado es un error —ella me miró con su frente arrugada—. Hace muchos siglos la Energía me lo dijo, no solo la Tierra se salvará.

—Nuestro planeta nunca ha estado en peligro —fue enfática.

—¿Y sus habitantes? —volvió arrugar su frente, me subí a la moto, Sharon me imitó, no dejé de mirarla hasta que asimiló mi comentario.

—¿Nosotros?

—Hacemos lo mismo, estamos matando nuestra propia alma, ¿desde cuándo dejaron de decirse te amo?, estuve dos años con ustedes Milnay y nunca escuché que se lo dijeran, y sé que darían su vida por sus familias.

—No entiendo, la intimidad ha mejorado mucho, alteza. —susurró lo último.

—Aún no es tiempo de entender madre —Milnay se sentía perdida, le sonreí a su hijo.

—Nos vemos pronto —aceleré, tengo el corazón a mil.

Una voz me detuvo antes de pasar la burbuja transparente, mi hermana miró atrás y sé que Yajaht le atrae más de lo que ella quiere reconocer. Una pantalla se materializó ante mí.

—Alteza debe esperar que le indique si hay humanos al otro lado de la burbuja. En 60 segundos puede salir —respondió un joven de unos 22 años, tez morena, sin cabello. Mi primer regaño.

—Hola ¿tu nombre es? —le pregunté mientras esperaba la señal.

—Me llamo, Caluxy —sonreí, insisto, de dónde sacarán esos nombres, algunos son de estrellas, meteoros y planetas y otros… bueno no sé en qué se inspiran—. Seré su guía y localizador, en el pequeño compartimiento que tiene al lado de esta pantalla hay un micrófono, por favor colóqueselo, será como su celular mientras conduce. Cuando se baje lleve con usted el maletín guardado en la parte de atrás de la moto, giré y me di cuenta que tenía razón, miré a mi hermana y también tenía uno. Así podremos mantenernos en contacto —le hice señas a Sharon para que tomara el suyo, se lo puso en la oreja y vi que habló con alguien.

—Es mejor que nos guíe una sola persona, te contactaré cuando no esté al lado de Yelena. Cambio y fuera —me reí de mi hermana.

—Perfecto —le dije a mi interlocutor. Debo hablar con Sharon de muchas cosas, de mis cambios, ahora comprendo lo que leí en el libro que me dejó Laxylya.

—Deben tener mucho cuidado, ahora esos barrancos son guarida constante de miembros del Norte —dijo el joven.

—Gracias —mi hermana aceleraba, se nos agotaba el tiempo y debíamos salir lo más pronto.

—¡Ahora!

Presioné el acelerador y salimos a gran velocidad, traspasamos la membrana que divide los dos mundos, atravesamos la dimensión, aterrizamos en los barrancos y me cambié de ropa con solo pensarlo.

—Es invierno —me habló Caluxy.

—Gracias —pensé en un buen abrigo y de forma instantánea un bello chaleco me envolvió, me gusta esta manera de vestir, para que tener un armario, me reí.

—Volviste a ser la misma —Sharon también se había cambiado de ropa.

El olor de la Tierra me hizo arrugar la nariz, ahora comprendo lo que dicen los almanos, huele feo y es ese olor a contaminación. La tarde era gris, opaca. Volvió la nostalgia, esa sensación de abrumadora tristeza, la misma que me oprime el pecho, esa que te embriaga cuando permites que el dolor gobierne y la misma que te lleva al abismo de los recuerdos. Esos que martirizan tu alma dañada y amenazan con extraerte los bellos momentos de un amor que jamás será tuyo, convirtiéndolos en pesadillas y adulaciones nefastas para tu optimismo. Volví a la Tierra y la ausencia se hizo notar, no debería ser así, se supone que ya sentía algo por el Rey. ¡No es justo, Dios ni yo me entiendo! La traición de Jerónimo se posesiona en mi vida una vez más. Se me había pasado el tiempo y seguía a Sharon, mi hermana perdió el equilibrio y se salió de la carretera, la moto dio vueltas en el pavimento.



Eilana Osorio Páez

#41 en Ciencia ficción
#378 en Fantasía

En el texto hay: extraterrestre, amor, misterio

Editado: 25.10.2019

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