Destinada al Oeste

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 19

 

Han pasado tres años y siempre estamos en la misma estación, otoño, en algunas ocasiones es más frío que otras veces, en algunos meses las hojas se caen totalmente, en su mayoría nos muestra un bello paisaje ocre, sabemos que se cambia de estación porque las hojas de los árboles y las flores un día están con su color vivo y con el paso de los meses van cambiando y los meses que deberían ser invierno las hojas de los árboles se caen y cuando debería ser primavera surgen de nuevo, el clima es igual, no cambia. Los paisajes son increíbles, el otoño es una ensoñación, es como ver un paisaje, hasta el agua pareciera tomar los diferentes tonos del otoño, sin dudas es un bello paisaje envejecido. Alma huele a fresco. Todo ha cambiado, desde nuestras personalidades hasta el mismo planeta. Mi hermana enamorada de Yajaht, desde hace mucho no hablamos de nuestro pasado, es extraño que hoy salgan a relucir los recuerdos, pasan días enteros en los que ni me acuerdo, el tiempo ha hecho su trabajo, ya no duele su recuerdo, lo he sepultado en lo más profundo de mi pecho. Sin duda Alma es lo que sana, cada día me enamoro más de mi entorno, me enamoro de mí, he aprendido a valorarme cada día más, y las mujeres del Este también lo están haciendo, se están valorando y como una ola expansiva los hombres sonríen más a menudo —hoy es la final del campeonato de voleibol veloz, lo celebramos cada año—. Juego en el equipo que se creó en el centro de control y nos enfrentaremos a los profesores, este deporte con las destrezas que manejamos, ¡es mejor todavía! Los contagié con un poco de humanidad, se ha interactuado con el prójimo, mi gente se ve feliz, siento su agradecimiento a esas pequeñas cosas que afianzan lazos de amistad —me arreglé y salí de la casa para la cancha—. El campeonato se había convertido en la sensación, desde que lo declaramos juego oficial. Ya hace tres años que lo jugamos.

—¡Asallam! —lo llamé.

Mientras volaba pensaba en lo rápido que ha pasado el tiempo, ya tengo poco más de 24 años y se supone que dentro de poco conoceré o será el límite de tiempo para conocer al Rey. No sé mucho de él, recibo correo de Unukalhay con instrucción de los lugares donde se llevarán a cabo los enfrentamientos. Hemos tenido peleas por toda la Tierra, el Rey da las coordenadas al integrante de la élite del Oeste y este a nosotros. Estamos debilitando al Norte, solo nos han ganado una vez, hemos tenido algunas bajas, pero han sido del Oeste, mientras que en el Este solo ha habido heridos. Llegué al estadio, bueno, si lo que tenemos se le puede llamar así. Es un gran territorio rodeado de montañas, parece una olla de barro donde hay ondulaciones desde el inicio hasta el final, nos divertíamos y la pasábamos en grande, para mí es una aprobación a los cambios. Atrya ya me esperaba, la gente se sentaba en las naturales gradas. Era la final y reconozco que tenía nervios, Yurano era el árbitro y los maestros nuestros contrincantes. El partido comenzó y con ellos el juego de velocidad. Me divertí mucho, estaba reñido y en el último minuto Atrya se descuidó y perdimos.

—Lo siento —nos miró a todas.

—¡No siempre debemos ganar! —le sonreí. El equipo contrario recibió un trofeo en cristal. En el centro de control tenemos dos trofeos de campeones.

La celebración se extendió hasta el planeta Tierra. Nos reunimos mis amigos de la escuela, Gyenah y Corvus llevaban ya cuatro años de novios, no sé cuándo se pensarán casar, espero que pronto. Hydrus se había convertido en un gran guerrero, estaba muy enamorado de Atrya, hace unas semanas entró a la montaña y le entregaron los anillos, no sé cuándo se decidirá a pedirle que sea su esposa. Polarys y Crux ya tenían fecha para la suya y es el acontecimiento del momento en el centro de control, desde hace milenios no se celebra una boda y no querían hacerlo hasta que los soberanos se casaran, fue un mandato lo que me tocó hacer y lograron desistir de esa absurda espera. Mientras que Deneb suspira por Spyca y nada que se atreve a confesarle su amor, a mi amiga no le es indiferente, la conozco, no le dirá nada, siempre hacemos que se queden a solas, pero él solo se pone muy rojo y suda. Mientras que mi hermana parece haber superado sus temores, hace una bella pareja al lado de Yajaht y él brilla de felicidad, me contó que la montaña no le entrega los anillos para pedirle a Sharon que sea su esposa, y eso lo tiene preocupado. Me duele que los dos vuelvan a sufrir, más mi amigo. Mientras que Dyphda ha llorado de amor por él, en la ausencia de Sharon, ella fue quien lo consoló, nadie supo nada, me lo confesó la maestra de física y lo corroboró Yajaht.

—Sácala a bailar —le susurré al oído a Hydrus y así pídele que sea tu esposa. Abrió los ojos y pasó sus manos por el pantalón—. ¿No me digas que dejaste los anillos? —sonrió.

—Siempre están conmigo desde que la montaña me los entregó.



Eilana Osorio Páez

#41 en Ciencia ficción
#378 en Fantasía

En el texto hay: extraterrestre, amor, misterio

Editado: 25.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar