Destinada al Oeste

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Capítulo 22

 

“¿Yelena pasa algo?” —la voz de Milnay retumbó en mis paredes mentales.

“Nada importante”.

—Yo no puedo decir lo mismo —dije. Caluxy y Atrya entraron.

—¿Nos necesitas? —ella ignoró al prisionero. Mi amiga corrió a abrazar a Hydrus que permanecía tan callado a nuestro lado.

—¡Hydrus! —la cargó para abrazarla, fue tan emotivo, se besaron, la cara de asombro de Jerónimo fue notoria. Es almano, supongo que estas demostraciones de afecto no son comunes en el Norte.

—Atrya, llévate a Hydrus.

—Yelena, necesito hablar contigo —dijo mi amigo.

—Se refieren a ti por tu nombre y no por tu rango.

—¿Lo estás preguntando o afirmando? —la mirada de superioridad del prisionero era de total reprobación.

—¿Hay diferencia?

—No tengo porque hablar ese tema contigo.

—Él no lo aprobará —tenía una altivez extraña, su mirada me confirmó lo molesto que estaba.

—A Kaus le responderé lo mismo que acabo de decirte a ti. No tengo por qué hablar del tema —si las miradas mataran de seguro ya habría de estar fusilada, cerró los ojos y poco a poco se tranquilizó.

—Le dije que era diferente —intervino Hydrus—. Debo hablar contigo.

—Ahora no Hydrus, debo hablar con los miembros de la élite —Jerónimo al abrir sus ojos no apartó su mirada de mí, ahora estaba sonriente. Como puede ser tan cínico. Atrya se llevó a Hydrus.

—Yelena, ¿para qué me necesitas a mí? —preguntó Caluxy.

—¿Otro? —con la forma de mirarlo se quedó callado, apretó los puños, ¿qué es lo que le molesta tanto?

—Necesito hablar con todos ustedes —no sé cuál de todos estaba más desconcertado. Salimos del calabozo y nos dirigimos a la sala de reuniones a deliberar. Necesitaba de ellos porque yo quería quitarle la cuerda para que se curara, no quería verlo así.

—Corvus, vigílalo, no le des un golpe más —dije, él esperaba en la parte de afuera del calabozo.

—Yelena, es un maldito engendro.

—¡No somos como ellos! —Dios ¿qué estoy diciendo? todos merecen morir y la sola idea me atormenta—. Él no podrá hacer nada. Solo vigílalo —bajó la mirada al comprender que era una orden lo que le decía.

Llegamos a la mesa redonda como yo le llamaba. Era la primera vez que un miembro que no es de la élite entraba en esa habitación.

—¿Qué pasa? —preguntó Yurano. Yo lo ignoré, Sharon se mantenía a mi lado, no me dejaba y sentí satisfacción al confirmar que una vez más contaba con ella.

—Caluxy. ¿Pueden detectar la energía de Jerónimo?

—Sí, es muy fuerte, debe mantenerse dentro de tu campo de energía.

—No puedo mantener por mucho tiempo un campo tan grande.

—Encierra solo la habitación —era lo más razonable. Sonreí.

—Saben que debo estar dentro del campo que recree.

—Lo están buscando, sé que acabaron a un grupo, pero por todo el barranco hay más —dijo mi secretario.

—Los acabaremos —comentó Marlash.

—Llévalo a tu casa —dijo Yajaht, abrí mi boca. Si supiera quién es él en mi vida no me mandaría a la boca del lobo.

—¡Eso jamás lo haré! —les dije.

—Yelena nos tendrás a nosotros también encerrados aquí, además perderás poder.

—Lo sé. Gracias Caluxy, ya puedes retirarte, vigila el perímetro del portal y si lo crees pertinente avisa para que los maestros intervengan —realizó una leve inclinación y se retiró.

—Yelena ¿qué pasa?, no entiendo nada —no sabía por dónde empezar. Alcé mi mano y dejé ver el anillo que por años he ocultado.

—Me casé con él —los presentes abrieron sus ojos hasta el punto que pareciera que se saldrían de su órbita, Sharon bajó la mirada y el único que no se inmutó fue el primer teniente, ¿qué es lo que sabe Yajaht? —. Fue con él con quien me casé. Perdónenme, no sabía quién era y al parecer él tampoco —me encogí de hombros.



Eilana Osorio Páez

#61 en Ciencia ficción
#467 en Fantasía

En el texto hay: extraterrestre, amor, misterio

Editado: 25.10.2019

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