Destinado a ti

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Capítulo II

…y tuve que asistir a un baile con tu madre,  fue la situación más bizarra que haya vivido en todos mis diecisiete años. No sabía qué hacer, ni que decir. Y todavía no te he contado lo peor.


TUVE QUE BAILAR.
Fue horrible, no lo sé hacer y pasé una vergüenza de lo lindo, pues el tal Rushmore bailaba excelente, y se notaba alegues que la menos experimentada era yo. Por lo menos se puede tildar de caballero, no me recriminó y acepto cada uno de mis pisotones sin rechistar. Todo un caballero.
Fragmento de carta escrita por Lily para su amigo Lucien en Oxford 
12 de abril de 1814
 


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…tengo por lo menos una hora riéndome de tu diatriba…pero tranquila, algún día aprenderás a bailar, eres muy inteligente pequeña diablilla. Tengo una duda, ese tal caballero del cual me hablaste, ¿Te dejo deslumbrada? Por como lo describes, supongo que sí, pero mucho cuidado esos “caballeros” a veces no tienen intenciones del todo nobles, que te lo digo yo. No hagas caso a eso último. Espero no tener que batirme a  duelo con ninguno por tu honor. Eres demasiado buena, te quiero y no quiero que te pase absolutamente nada…
Fragmento de carta escrita por Lucien en respuesta a su amiga Lily.
20 de abril de 1814

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La cara horrorizada de Lily fue lo que le bastó a Lucien para saber que ella, no apoyaba esa idea.

Desde siempre habían reconocido la poca capacidad de Lily, para el baile. En todas palabras, ella era un estuche de monerías. Inteligente, capaz y autosuficiente, hasta que alguien hacia una oración que llevaba “baile” y “Lily” incluidos.

—Eso es lo peor que se te ha ocurrido, yo bailo muy mal. Y creo que tú lo sabes. —le respondió por lo bajo, pues no podía hacer un escándalo delante de toda esa gente. No, no y no.

Ya tenía suficiente atención con todo el mundo mirándola por no ser alguien de buena cuna.

—Oh, Lily, no creo que tus habilidades para el baile sean tan deplorables. Eres una mujer muy capaz. —dijo con toda seguridad posible sin saber todas las experiencias fallidas de Lily al tratar de seguir los compases de la música.

Negaba una y otra vez. —Lucien, aunque tenemos mucho tiempo sin vernos y sin hablarnos…—destacó la última palabra con desdén. —…Siempre en mis cartas te contaba mis anécdotas con los bailes. Soy y seré siempre un desastre.

Él rio con la perorata de la muchacha, olvidaba lo divertida que podía ser Lily. —Lily, no aceptaré un no por respuesta, vamos a bailar. —y la tomó de la mano y la llevó —literalmente— de arrastro hasta la pista.

—Te odio, espero que lo sepas. —fulminaba con la mirada, lo imaginaba a tres metros bajo tierra. —Esta vez ningún canapé podrá salvarte de mí desprecio.

Luke, solo reía.

Hacía tanto tiempo que no se divertía tanto, desde más o menos hace cinco años para atrás. Pero sus disyuntivas con Lily siempre le sacaban una sonrisa. Aunque ya tuviera una edad que debería ser calificado como “maduro”

—Me hago una idea. —las primeras notas de la cuadrilla se escuchaba. Lily respiraba entrecortadamente.

Comenzaron a bailar —o eso intentaban —pues Lily no sabía seguir los pasos y se perdía a cada instante. Pero todo empeoró cuando sintió una punzada en las puntas de sus dedos. —Cristo, Lily. ¿Pretendes dejarme lisiado?

—Fue sin querer. ¿Me crees capaz de hacerlo en serio? —dijo, aunque Lucien no pareció creerle.

—Dudo mucho de tu inocencia, pues hasta hace unos minutos me decías que solo obtendría tu desprecio. —lanzó.

—Allá tú, si no quieres creerme. Lo hice sin querer. —parecía arrepentida. —Yo te dije que no debías sacarme a bailar. Tómalo con un pago del destino, por obligarme. —sonrió maliciosa quitando todo resquicio de arrepentimiento anteriormente mostrado.

—Dejaré mis opiniones para mí. —objetó Lucien.

—No me ofrezcas ese anzuelo tan delicioso. —contestó risueña.

—Ay Lily, quisiera saber de dónde sacaste esa veta malvada. Tu madre es un amor de persona y tu padre un hombre de bien.

Ella disfrutó de la broma. —Debe ser de algún antepasado mío todo malvado. —por fin el baile del infierno ya había terminado y se fueron de nuevo a su esquina apartados.

Lily sintió otra vez todas las miradas en ella. —Te lo dije estúpido. Ahora todos me ven como un bicho raro.

—Primor, no creo que te vean como un bicho raro. —su voz adquirió un tono bajo y ronco. —Todas las miradas están puestas en ti por lo deliciosa que te ves en ese vestido.

Su mandíbula cayó abierta. Sus mejillas empezaron a ponerse coloradas. Tan coloradas como un tomate. Pensaba que el baile la mataría de vergüenza, se había equivocado. Esto era peor, mucho peor.

—Las mujeres te ven con envidia… —continuó Lucien sin importarle la cara de encolerizada que tenía la pobre…—y los hombres te ven como si fueras un bufet que encontraron en pleno desierto.

Ella seguía sin poder proferir palabra. Él no le podía haber dicho eso.

Sabía que él era un hombre y ella una mujer. Que los hombres tendían a hacer comentarios subidos de tono. Aunque nunca delante de una mujer. Lily nunca había escuchado algo así y dirigido hacia ella. Y mucho menos dicho por su amigo. Hace mucho tiempo se la pasaban siempre juntos, él la había visto en sus peores fachas y hasta en las mejores galas pero nunca espero que Luke le dijera algo tan... tan seductor. Además eran prácticamente unos niños cuando dejaron de verse, por lo menos Lily lo era.

Por Dios eran amigos y ella nunca podría verlo de esa forma. ¿O sí? No claro que no.

Estaba consciente de que cuando lo vio esa noche, se quedó sorprendida por como esos doce años sin verse habían cambiado a su amigo. Y no sólo mentalmente sino físicamente.

Él no siempre fue un hombre atractivo, cuando se fue para Eton —la última vez que se vieron— su cara estaba llena de granos y era el epítome de lo que era un jovencito. Era un pobre adolescente entrando a la vida. Pero ahora, esa adolescencia se había alejado y dejo a un nuevo hombre. Uno que era un pecado para la vista. Porque nadie podía ser así de guapo y salir indemne.  Su altura, su cara hermosa, su cuerpo fornido y su voz, era algo que podía hacer a las féminas, estúpidas. Pues podría asegurar que un sinnúmero mujeres, estaban deseando tener a Luke para ellas. Toda esa seguridad tenía fundamento. Una modista siempre tenía los on dits de la sociedad y en algunos casos se veía abordada por mujeres en su estudio pidiendo todo tipo de lencería que se podría catalogar de indecente. Y por último ninguna de esas clientas se guardaba detalles, hablaban de los hombres con tal tranquilidad como si hablaran del tiempo. Ella había tenido que aprender a guardar su timidez con respecto al tema, pero esa noche toda enseñanza se esfumó y con ello la puso en una situación la mar de humillante. No quería estar sonrojada delante de Lucien.



Paola Valentine

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En el texto hay: humor, amistad, regencia

Editado: 31.03.2019

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