Destinado a ti

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Capítulo III

Inepto estoy en Francia, estoy enamorada de la ciudad y de mi trabajo, espero que contestes esta carta porque si no, me enojaré. 
La escribo mientras como un dulce trozo de pastel de chocolate. Te daría pero estamos a kilómetros. A menos que me prometas que nos veremos pronto. Si es así, yo misma prepararé el pastel. Tengo la receta de mi madre, que es la que tanto te gusta. 
Esta es la enésima carta que te envío espero que ahora sí me contestes. Eres mi amigo y te extraño.
Quien te quiere 
Lily.
12 de enero de 1816.
Carta enviada por Lily a su amigo Lucien
Sin respuesta
 

 

Lucien se hallaba en su escritorio en el despacho de la calle Bow, con un fajo de papeles con relación del asesino en serie que estaban buscando desesperadamente. Estaba sorprendido porque eran crímenes perfectos, que no dejaban ni un rastro ni ningún tipo de pista. Tenía que ser realizado por un profesional. No le lograba encontrar ni pies ni cabeza pero había algo que lo tenía más desconcentrado todavía. Que no lo dejaba avanzar de la primera hoja.

El recuerdo de su tarde con Lily.

Aún llevaba grabado el momento en que la escuchó hablar de su historia, como rieron al recordar cosas de su infancia y el momento exacto en que ella comenzó a comer el dulce. No podía quitar la mirada de su boca. Quería besarla hasta enardecer y dejarse llevar por sus más bajos instintos. No dejaba de recordar como comía el pastel de chocolate, como se movía su boca al saborear e imaginándose el chocolate no solamente en un pastel, si no en otras partes mucho más divertidas.

Maldijo para sus adentros.

Se detuvo.

No podía pensar en eso. Ellos se habían criado prácticamente como hermanos. Esos sentimientos debían ser reprimidos. Porque eran completamente inadecuados, como si fuera un tipo de incesto. Pero no se sentía capaz de hacerlo, desde que la vio de nuevo, no dejaba de pensar en ella. Y se desconocía a sí mismo.

Estaba revisando su correspondencia y halló una misiva de su madre. Le pedía encarecidamente que fuese esa noche a cenar. Lucien no quería pero sabía que su madre insistiría hasta mas no poder y luego si no iba, le formaría un drama que desearían que le cercenaran la mollera de un solo tajo.

Demonios, seguramente querrían hablar de las mejores candidatas para un matrimonio. Eso era peor que tomar cianuro.

Estaba respondiendo una caterva de tarjetas de invitación y otro tipo de correspondencia, cuando escuchó la puerta de su despacho abrirse con un estruendo.

Alzó la mirada y halló a un ser completamente insoportable. Su primo Rafaelle.

-Pero si es mi detective favorito. Primo mío. Tiempo sin verte. -prácticamente corrió a abrazarlo.

Lucien comenzó a empujarlo. -Quítate Rafaelle, no te quiero aquí. -el joven pelinegro, sonrió con la gracia de sus veintidós años.

-Claro que sí. Soy el sol de tus días, el aire que respiras. Cuando no estoy todo el mundo me extraña y me añora.

-Sip, extrañan y añoran la idea de que te decidas ir y no vuelvas. Eres insoportable.

Rafaelle puso una mano en su pecho, todo ofendido e indignado. - ¿Por qué me tratas así? Si yo solo doy amor. Pregúntale a las damas, ellas me darán la razón. Me aman.

Lucien quiso darle un zarpazo detrás de la oreja. -Hijo, deja el fastidio. ¿No deberías estar en la escuela? Solo vienes a vaguear.

El muchacho se encogió de hombros, divertido. -Ya habló mi padre. Estás como muy joven para ser mi progenitor. ¿A qué edad me concebiste? ¿A los ocho? por Dios primo se joven sin responsabilidades aunque sea por una vez. Primero viene mi padre, luego el insoportable de mi hermano y ahora tú con el mismo discurso. Mi modelo a seguir me ha traicionado. Te desconozco.

Lucien que últimamente las relaciones de una noche no le estaban dejando ninguna satisfacción, bufó. -Que no te escuche tu padre. Me va ahorcar y me dirá que te he corrompido y te he llevado por el mal camino. Que eso no es de Dios y que arderemos en una olla caliente en el infierno.

Ambos se rieron. -Sí, él siempre dice eso. Pero también dice que la carrera de mi hermano está regida por el demonio y que va a morir en pecado. Como si salvar vidas fuese un error.

Lucien negó. -Sí, pero mi tío tiene sus creencias y déjalo así, no vamos a cambiar una cabeza que está más añeja que un vino. -defendió Lucien.

-Si yo fuese Cristianno ya hubiese hecho que lo llevasen a Bedlam. Ahorita está haciendo rituales y cosas raras. Me preocupa. De repente un día y quema la casa con todo el mundo adentro. Está loco.

Lucien conocía todo eso, sabía que su tío era de armas tomar. Aunque no creía que fuese capaz de tal locura. Así que dudaba que la visita que le estaba haciendo su primo fuese para hablar del conde Loco de Blackford. -Ya Rafaelle. No me cambies el tema ¿Quiero saber por qué estás aquí?

Rafaelle estaba un tanto peculiar. Lo podía ver en su tic nervioso que tenía con la pierna y que estaba actuando de manera rara, como acelerado. -Nada, solo quiero saber de la familia. ¿Acaso ya no puedo visitarlos?

Lucien tenía el don de reconocer cuando alguien estaba actuando de manera culpable. Así que usó su pose de interrogar a los criminales. Esa que hacía que hasta los más delincuentes, confesasen. -Dime la verdad, ya.



Paola Valentine

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En el texto hay: humor, amistad, regencia

Editado: 01.05.2019

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