Destinado a ti

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Capítulo IV

Luki estoy muy enferma, he pasado una semana con fiebre  y mucho dolor de estómago. También con vómito. 
Odio estar así y más que recuerdo que no estás aquí para hacerme reír como cuando éramos más chicos. Te extraño un montón.
Te quiere.
Lila
12 de marzo de 1807
Fragmento de Carta de Lily hacia su amigo Lucien en Eton. 
 


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Lily lamento escuchar eso. De verdad que quisiera estar para ayudarte. Pero ni siquiera tengo tiempo entre tanta tarea. Mi padre no me dejaría ir. Solo quiero que sepas que deseo que te mejores. No me gusta saber que te sientes mal. Si estuviera allá contigo, te cuidaría. Espero que nos veamos pronto, porque te extraño mucho, con todo y tus bromas. 
Tu amigo, quien te quiere un montón
Luke
20 de marzo de 1807
Fragmento de carta de Lucien para Lily en Londres.

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Lily abrió sus ojos, pero los cerró de inmediato, la luz del sol entraba a gráneles por la ventana. Encandilándola y queriendo morir de inmediato. El dolor de cabeza que tenía era horrible. Espantoso.

Supo que debía despertar porque tenía trabajo. Así que en contra de su voluntad abrió sus ojos, pero al hacerlo su mandíbula se le desencajó. ¿Por qué estaba en su antiguo cuarto en Lincoln House?

No recordaba nada de la noche anterior, o por lo menos nada después de la cena. ¿Qué había pasado?

Su cuerpo le dolía y la garganta le escocía. Giró su cuerpo para levantarse de la cama, pero al lado de ella se encontraba a alguien que no esperaba.

¿Qué hacía Lucien en su habitación? Odiaba no acordarse de nada. Aunque tuvo la clara e imperiosa lección de saber que no debía volver a beber.

Vio que los ojos avellanas de su amigo, se abrían. Al mirar su color y la cara de somnolencia, supo que no había visto una imagen más atractiva que esa. Era hermoso. —Buen día mi pequeña Lila ¿Cómo te sientes? — la habían agarrado con las manos en la masa. Justamente debía pasarle eso cuando miraba de esa manera nada fraterna a Luke.

Trató de recomponerse. —No me acuerdo de nada. ¿Qué pasó?

Él se rio. Tenía la desfachatez de reírse de ella en esos instantes. —Te emborrachaste y feo. Eres una borracha muy mala. Me vomitaste encima.

Por Dios, ¿Qué había hecho? Ella era una mujer muy seria y no se comportaba de esa forma. ¿Cómo fue eso posible de beber?

No sabía que preguntar, así que lo hizo con lo primero que pasó por su mente. -¿Qué haces aquí?

—Tan rápido te olvidas de anoche. -afirmó. —Yo te traje aquí y tu madre y la mía te atendieron -por cierto te espera una charla con mi padre y mi tío- cuando ellas se fueron, me colé en tu habitación para verte. No podía dejarte sola. Y menos mal que no lo hice porque no parabas de vomitar. Tu cuerpo se contraía de manera horrible. No parabas de devolver. Estuve a punto de mandar por Di Giacomo.

No se acordaba de nada de eso. Así estaría su alma. — ¿Mi madre sabe que estás aquí?

Él negó. —Ella sabe que me quedé en casa, más no sabe que estoy de mirón en tu cuarto. Ella pensó que con el suero de limón y sal que te dieron se iba a acabar las náuseas. Lástima que no fue así, por lo que me adentré en la habitación y no quise molestar a tu madre.

—Gracias Luke, no debiste cuidarme. Por cierto ¿Por qué lo hiciste?

Él le acarició el rostro. —Porque yo prometí cuidarte. Siempre recordaré aquella carta en que me dijiste que estabas enferma y no estuve para ti. No quería dejarte sola de nuevo.

Ella aún no podía creer que se acordaba de esa carta. Eso tenía más de doce años. Solo supo que sintió algo en su pecho. Un nudo en la garganta y el ardor en los ojos por las lágrimas que quería derramar. Su amigo Lucien aún estaba allí. No lo había perdido del todo. —Yo a ti no te veo desde que tenías nueve años. —continuó. ——De ahí te mudaste con una tía lejana en vacaciones. Tus padres viajaban contigo y yo más nunca pude verte hasta hace seis noches. Pero siempre recordaré esa promesa. Eres y siempre serás mi mejor amiga.

—Luke tú también lo eres. Pero creo que hay cosas más divertidas que cuidar a una borracha. Alguna juerga a la que ir.

Lucien negó. —Descuida pequeña. Te cuidé con todo el placer del mundo. Y lo volvería a hacer si fuese necesario. Es lo que hace la familia.

—Gracias Luke. —Y Lily lo abrazó. Todo iba bien, hasta que sintió algo en su cadera que desconocía. Pero biológicamente hablando sabía de su existencia. Ella acababa de percibir la prueba de su deseo.

Sintió que las mejillas estaban calientes. Nunca se esperó eso. No con él. Era algo que esperaba con su esposo.

El conde se dio cuenta, así que se separó también todo colorado. Era raro un ver un hombre de su porte, con tal azoramiento. —Lo siento Lily, es normal en los hombres por las mañanas. Por favor perdóname. Soy un asno.

Ella estaba pasando una vergüenza de lo lindo. Eso le pasaba por andar regalando sus abrazos a idiotas como Lucien.

—Siempre has sido un asno, así que no debo sorprenderme. Pero descuida, tu idiotez está a salvo conmigo. —Lily necesitaba una distracción. Volvió a decir lo primero que le vino a la cabeza. — ¿Qué hora es?



Paola Valentine

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En el texto hay: humor, amistad, regencia

Editado: 01.05.2019

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