Destinado a ti

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Capítulo VI

"Sabes, te extraño. Como nunca pensé que extrañaría. Eras todo para mi Lucien, mi todo, pero aun no sé qué te hice para que alejaras de mí.

Solo espero que sepas que te amo, mejor amigo...

Fragmento de carta de Lily para Lucien

15 de mayo de 1815

Carta no enviada 
 

Lily comenzó a correr entre los matorrales, quería alejarse lo más posible de Lucien, no podía concebir que en menos de veinticuatro horas le hubiesen pasado tantas vergüenzas.

No veía por donde corría solo quería alejarse, no pensaba en nada. No deseaba ver el asco de Lucien. Porque pasó algo que no debía.

Le gustó demasiado sentir sus labios sobre los suyos. La sensación de la parte dorsal de su cuello entre sus manos. Todo.

Pero él era su amigo.

Estaba tan distraída que no miró por donde pisó y cayó de bruces contra la tierra. Y sintió en su pie derecho un dolor demasiado fuerte, por lo que gritó.

Lucien escuchó el grito de Lily y se preocupó, la había visto correr despavorida. Y no entendía por qué.

¿No quería que la besase?

Pues no le parecía.

Corrió con todo, necesitaba hallarla rápidamente. No podía pasarle nada. No a ella. Fue en dirección del camino que ella tomo, esperando encontrarla antes de que le sucediera algo horrible.

Vio un punto vestido de color azul y supo que encontró a su amiga, pero al verla, sabía que no estaba bien. Se agarraba la pierna con pesar.

Siguió corriendo hasta que llegó a ella. —Lily ¿Qué ocurrió?

—Me duele Lucien. Creo que me rompí la pierna. —él fue hacia dónde estaba su pie y tuvo que quitar el zapato y la media. Notó que estaba hinchada.

—Lily, creo que es un esguince, pero te llevaré en brazos hasta el carruaje. Aguanta por favor. —Lucien la tomó entre sus musculosos brazos y prácticamente corrió despavorido. Tenía que verla un médico antes de que su pierna empeorara con la hinchazón.

Lucien habló rápidamente con su cochero para darle las instrucciones de lo que iba a hacer. Luego la subió al carruaje entre las lágrimas silenciosas de Lily. Sabía que estaba aguantando el dolor y no se dejaba sucumbir por esas niñerías.

La única ventaja de lo que estaba pasando, era que habían olvidado el sórdido tema del beso.

—Lily, ya vamos a llegar. Aguanta por favor. —se sentó al lado de ella y le puso la pierna encima de la suya para crear altura.

—Claro, como es tan fácil. ¿Por qué no lo había pensado? Duele como el infierno, estúpido. —Lucien supo que los insultos era para liberar su dolor. Además que su voz destilaba sarcasmo a grandes dosis. La conocía muy bien y prefería que hiciese una rabieta antes de que empezara a gritar.

—Está bien, insúltame. No tengo problema. —sabía que debía inmovilizarle el pie por si se había equivocado en su diagnóstico y que fuese algo más grave.

Pensó y pensó hasta que se le ocurrió tomar su camisa y romperla en tiras para vendarle el tobillo.

Quitó su chaqueta, chaleco y la corbata en tiempo récord. Aunque Lily cuando lo vio desnudarse, se asustó.

—Estúpido. ¿Qué haces? No sé qué te pasó por la mente pero ahora no es momento de tus tonterías. Qué asco. —él se rio.

Pero Lily por dentro no pensaba lo mismo. Por un segundo olvidó del dolor punzante que le latía fuertemente en su pierna.

Lucien estaba sin camisa.

Y se veía hermoso.

Por Dios ¿Qué le pasaba? Era su amigo.

Así que decidió en honor a preservar la poquita dignidad que le quedaba. Aullar de dolor.

—Maldita sea este dolor.

—Ese lenguaje. — Lucien ya había comenzado a vendar la piel del tobillo y del talón, mientras reprendía para hacerla olvidar del dolor que le iba a infringir al apretar la piel.

—Me vale un carajo el lenguaje. Duele un mundo. —Lucien se rio pero igual le lastimaba escucharla así. Preferiría sufrirlo él antes que ella.

—Ya falta menos para llegar. Recogeremos a Di Giacomo y allí te curaremos...

Lily había comenzado a dormitarse a causa del dolor. Y Lucien aprovechó para terminar de vendar el pie.

Cuando notó que ya estaba suficientemente firme, se calmó. La miró dormir y supo lo importante que era ella para él. Su pequeña niña.

Lily era la mejor amiga que cualquier persona pudiese tener, buena, leal como ninguna. En ningún momento se había olvidado de él —cosa que como estúpido, hizo— y lo aceptó a pesar de ser un desgraciado en ese aspecto.

Y nada podía ocurrirle.

Al llegar a la casa de Di Giacomo, entraron en la misma con Lily en brazos. Lucien lo hizo con la mayor velocidad que pudo, sabía que los primeros instantes de una esguince eran cruciales.

Pasaron a una habitación, mientras que Lucien acostaba en la cama a Lily. Él médico llamó a su ama de llaves para resguardar el pudor de Lily.



Paola Valentine

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En el texto hay: humor, amistad, regencia

Editado: 01.05.2019

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