Destinado a ti

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Capítulo XVIII

Lily se hallaba encerrada en la casa y no podía salir a alguna parte. La gente estaba revolucionada por la muerte de la jovencita a causa de ese asesino despiadado. Le daba mucho sentimiento, la había conocido cuando había ido a comprar los primeros trajes para su presentación en sociedad. Era muy bella y dulce a la vez, no merecía morir de esa forma.

Los padres la encontraron en su recámara, ya la vida le había expirado. La piel de su cuello estrangulada denotaba la forma en la que había muerto. Sus progenitores estaban muy afectados ante el deceso, era hija única. Su pequeña princesa que ahora era un ángel.

Con Lucien fue al sepelio, allí estaba sus tíos además de sus amigas. La cosa es que no pudieron hablar mucho con ella porque así como vinieron, se fueron, sus esposos no iban a permitir que estuvieran cerca del asesino de mujeres por lo que lo único que podía hacer era cartearse con ellas.

Lucien insistía en que ella debería hacer lo mismo, irse a un sitio donde la pudiese proteger, y dejarlo solo para que resolviera el caso. Pero ella declinó su oferta, debía estar allí con él. Acompañando a Lucien en todo momento así él no quisiera. Había intentado que se devolviera a Bath, pero fue imposible convencerla de ello. Le dijo que se iba a quedar y no había forma de hacerla cambiar de parecer.

Terminó una costura de un vestido que estaba haciendo para ella. Lo miró y le gustó el resultado. Pero coser no era lo mismo desde que no podía mostrar su trabajo como siempre, su arte le había parecido aburrido de un momento a otro.

Pidió que le trajeran agua caliente para la bañera. Ahora ella y Lucien dormían en el mismo cuarto. Lily se había mudado a la habitación de su marido apenas llegaron a la casa desde Bath. Ambos cenaban solos en su recámara y luego de que Lucien se bañase empezaban a dejarse llevar por su pasión.

Todavía se ruborizaba por lo que compartían. Él le hacía cosas que en otro momento ella habría tildado de indecorosas. Pero ahora estaba convencida de que no, la forma en la que Lucien le hacía el amor solo demostraba su sentimientos hacia ella.

Estaba muy enamorada y era feliz. Solo le daba ganas de reír y bailar. Lucien parecía también así, porque a pesar de lo que vivía día a día en Bow street cada noche se desvivía por ella. Le decía lo mucho que la amaba.

Y esos eran sus momentos preferidos del día.

Al terminar de llenar la bañera, los sirvientes se despidieron y ella se quitó la ropa para sumergirse en la deliciosa agua caliente.

Estaba muy relajada que casi se quedó dormida. Se sobresaltó cuando vio a Lucien meterse frente a ella. — ¿Luke?

No era la primera vez que compartían un baño pero aún no se hacía a la idea de su sexualidad. —Mi Lila, te extrañé.

Ella sonrió con el corazón hinchado de amor. —Yo también.

Él le dio la vuelta y la sentó con la espalda contra su pecho. Abrazándola mientras la acunaba con sus piernas.

Pasaron rato en esa posición tan cómoda, solo hablando, el agua de había enfriado pero a ellos no parecía importarle. —Ese caso me está cansando. Necesito encontrar a ese desgraciado y cuando lo haga tú y yo nos iremos de viaje de luna de miel.

Se emocionó ante la idea. —Me gusta estar cerca de ti. No importa ningún viaje, solo nosotros dos.

Él tomó la  mejilla de Lily entre sus dedos y la giró hacia su boca, dándole un suave beso en sus labios. —A mi también me gusta estar solo contigo. Pero quiero darte ese regalo. Permítemelo.

Sonrió ante la dulzura que escuchó en la voz de su marido. —Está bien, me encantaría hacer ese viaje contigo. —ella decidió que era hora de bañarse. Tomó el jabón y comenzó a esparcirlo por el cuerpo de su marido. No lo hacía con lujuria, sino que le acariciaba con suavidad para que se relajara. Él hizo lo mismo con ella y luego ambos se embutieron en sus toallas y en la cama hicieron el amor de la misma forma con que tomaron su baño. Sin prisas, sólo explorándose su cuerpo con ternura.

Lily cayó cansada en sus brazos, él la abrazó con preocupación. Temía por ella y por lo que pudiese pasarle si no la lograba proteger. Se había dedicado a esa investigación en cuerpo y alma para encontrar a esa bestia y desaparecerla. Quería que ella caminara por las calles de Londres de manera tranquila y sin preocupaciones. Que volviera a su oficio que estaba seguro que ella extrañaba.

Cada día se encontraba con un callejón sin salida, Asher, los demás detectives y él trabajaban horas sin descanso esperando encontrar algo, una pista. Un detalle que enlazara a las víctimas además de su color de cabello. Pero no había nada.

Lily se removió en sus brazos, seguro había sentido su preocupación. Ella tenía un sexto sentido para saber cuando él se sentía mal. Y lo comprobó de nuevo cuando vio que abría sus ojos. — ¿Te pasa algo, Luke?

Él negó con la cabeza. —Sólo no podía dormir. He estado pensando en el caso y eso me mantuvo despierto. Pero descansa, cariño. —ella lo abrazó y se acurrucó contra él.

Su pequeña Lily, no podía creer que ya tenían casi un mes como un verdadero matrimonio. Los tres meses de plazo estaban casi a punto de terminar pero ambos sabían que no había final. Su amor se dio e iba a perdurar por mucho tiempo.

Aún no le había contado nada a su padre del chanchullo que ambos habían montado para hacerlo feliz, pero es que lo veía tan contento que no quería hacerlo enojar por las tonterías que a veces cometía. Tenía miedo de ver la decepción en los ojos de su padre.

Abrazó a Lily contra sí y decidió que no se iba a preocupar ahora. Estaba con la mujer que amaba metida entre sus brazos y sabiendo que ella correspondía de igual forma. Agradecido de que Dios le diese una nueva oportunidad en la vida. Si se hubiese suicidado como había planeado cuando encontró a Paula sin vida, se habría perdido todas las cosas buenas que tenía con Lily. Y por fin agradeció a la vida, el seguir adelante a pesar de todo.



Paola Valentine

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En el texto hay: humor, amistad, regencia

Editado: 01.05.2019

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