Destinado a ti

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Capítulo I

 

 

¿Sabes? Ya me enteré de que volviste.

Es indignante ver que te olvidas de tu gran amiga, no es justo que me entere por otros de que estas aquí. Tendrás que hacer algo muy importante para que te perdone, zopenco. 

Espero verte pronto, han sido más de doce que años no nos vemos. Tenemos que recuperar el tiempo perdido.

 Tu amiga que te quiere

Lily.

 

Carta enviada por Lily el día en que Lucien llegó de su último viaje a Francia.

Sin respuesta

 

 

LONDRES 

20 de Mayo de 1823

Actualidad

 

El caballero se hallaba tomando una bebida espirituosa en el salón de White´s mientras esperaba a su amigo, el vizconde de di Giacomo.

 

Cuando lo vio entrar, alzó su bebida  para señalarle donde se hallaba. Al encontrarse junto a él, habló. — ¿Qué me tienes?

— ¿Sabes? no soy tu perrito faldero. —contestó el vizconde. —Sé que prometí ayudarte pero no es para que te aproveches de ello.

 

Lucien llamó a un empleado y el vizconde pidió un brandy. —Deja ya, tu dramatismo. Necesito que me digas ¿Cómo murió? —Cristianno di Giacomo miró sus uñas como si se tratase de lo más interesante. —Dime, estúpido, no tengo todo el día.

 

Le dio un sorbo al brandy que le acababan de traer. —No debería decirte nada por llamarme estúpido, pero como yo soy un buen samaritano, debo hacer mi deber. —Lucien hizo caso omiso de ese comentario, mientras veía que su amigo desanudaba un poco la corbata para poder hablar más relajado. —La muerte fue causada por ahorcamiento, pero además de ello tenía una cicatriz en su brazo hecha post morten, pues no tenía sangre coagulada alrededor. 

 

Asimiló lo que le acababa de decir. —Es decir que puedo pensar que se trata de un asesino en serie.

 

Cristianno asintió. —Efectivamente. La muerte de esa mujer es muy parecida a la del anterior caso de la condesa. Mismo modus operandi. —empezó a enumerar con los dedos de sus manos. —Una mujer casada, joven, pelirroja, con una cicatriz en su brazo, encontrada en su habitación sin ropa alguna y con todas sus joyas y dinero allí. No sé tú, pero yo lo veo raro.

 

Lucien sabía que su amigo tenía razón, por ello le había pedido ayuda. 

 

—Tendré que informar a mi jefe. —meditó. — ¿podrías decirme que tipo de cicatriz tenía en su brazo, por favor? —pidió con sorna. 

 

Cristianno sonrió al ver que su plan de fastidiarlo, funcionó. — ¿Ves? Así es que se piden las cosas. —Lucien pensó en todo su entrenamiento y cómo hacer que ocurriera una muerte sin dejar pistas. No lo hacía para asesinar a su amigo, solo analizaba.

 

—Habla ya. —masculló enojado.

 

El vizconde se echó hacia delante en símbolo de confidencia. —Es en realidad algo muy cursi. Es un corazón pasado con una flecha. 

 

Analizó lo que le decía. —Un crimen pasional. —afirmó y su amigo asintió. —Sabía que algún día servirías para algo.

 

Lo fulminó con la mirada. —Cállate estúpido. Todos mis años de carrera de medicina, te han salvado el pellejo unas cuantas veces.

 

Lucien no negó pero tampoco aseveró. No iba a dar su brazo a torcer, el vizconde tendría que esperar sentado para que eso ocurriera. —Bueno, gracias por tu opinión sobre el caso.

 

Su amigo tomó su sombrero. —Bueno mi hermano, me tengo que retirar, no sé en qué momento me llamen para alguna emergencia y más desde que la esposa de un conde está a punto de dar a la luz y su padre me mataría si no estoy allí.

 

Se despidieron y el decidió que era momento de ir a casa a celebrar el cumpleaños de su padre.

 

Y que para cuya celebración, no quería ir.

 

***

 

Lily Morgan, era el nombre de una reconocida modista de Londres, desde que había hecho amistad con dos duquesas y una condesa, las tres anteriores mujeres la elevaron en un punto de éxito del cual no quería salir. Estaba orgullosa de lo que había conseguido. Todo aquello que había alcanzado sola. Sin ayuda nada más que de sus manos y su veta creativa.

 

Terminó el vestido para una baronesa que daría su baile inicial esa semana y se retiró. Dejo todo en manos de su encargada, para irse a casa a arreglarse para una celebración que tenía. Era una mujer que vivía en sus dominios, aunque no era lo aceptado por la sociedad, ella prefería no depender de nadie.

 

Llegó a su hogar y pidió a su doncella que le preparara un baño con un poco de agua de Lilas, se relajó, luego de un largo día de trabajo y disfrutó el estar en casa. Solo había un quid de la cuestión, tendría que salir de nuevo.



Paola Valentine

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En el texto hay: humor, amistad, regencia

Editado: 01.05.2019

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