Destino

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Exhibición

Patricio nunca creyó que a la edad que ya tenía se sintiera tan contento como un niño. Los días pasaban y su relación con Ana era cada vez más amena. Aunque estuviera cansada, ella iba a la panadería y él la esperaba con una comida diferente todos los días. Los ratos que no había clientes se sentaba junto a ella y la ayudaba a hacer los deberes escolares. Ya no se molestaba en disimular su interés frente a su madre. Sentía la mirada de ella puesta en él, fija, como si quisiera atravesarlo con el poder de sus ojos. Sin embargo, se mantenía callada, cosa que sorprendía al joven. Tal vez no quería meterse mucho en la vida de su hija pero desde la distancia sentía que lo observaba.

La única que parecía no notar su interés, o fingía que no lo notaba, era Ana. La joven se sonrojaba a veces, apartaba la mirada y continuaba hablando. Patricio se frustraba a veces, se lo estaba haciendo difícil. No sabía si era él el problema, el que no sabía consquistarla, o era que ella de verdad no se interesaba en nada por él. 

Un día, revisando las redes sociales, descubrió que habría una exposición de fotografías en la ciudad en unos días y en seguida pensó en Ana. Ya quedaba poco para que finalizaran los dos meses de tareas comunitarias, por lo que una tarde se le ocurrió invitarla.

-Como festejo por haber finalizado con las tareas comunitarias. ¿Qué dices?

-Tengo que hablarlo con mis padres. No sé si me darán permiso.- le respondió mordiéndose el labio y mirando hacia el fondo, donde seguramente estaba su madre oculta en las sombras, vigilando.

-De acuerdo, ojalá te dejen, estoy seguro de que te gustará.

Pasaron unos días en los que Ana le rogó y le rogó a su madre, hasta que consiguió su permiso, pero con una condición: Lucía.

-Aquí llegó la espía de la señora Fernández.- se anunció teatralmente Lucía extendiendo sus brazos e irguiendo la espalda el sábado por la mañana.

Patricio estalló en carcajadas. Estaba con Ana en la plaza, sentados en un banco esperando que llegara su amiga para partir a la ciudad. Su madre había exigido que fuera alguien más a la salida en un intento muy antiguo y fallido de impedir que la pareja quedara a solas. Ana había finalizado con las tareas el día anterior y era hora de festejarlo. En ese momento parecía que estaba rogando que la tierra la tragara. Viajaron en autobús durante una hora hasta llegar a la ciudad. El viaje fue muy tranquilo, aunque el muchacho tuvo que viajar de pie todo el tiempo. Todos los asientos estaban ocupados y le insistió a Ana para que se sentara junto a Lucía en los últimos lugares disponibles. 

Al llegar a la ciudad recibió un mensaje de Lucas. Le había avisado el día anterior que iba a ir allí con Ana y una amiga y el muchacho pidió sumarse a la salida para alejar a Lucía del grupo y darle a él una oportunidad de estar a solas con Ana mientras éste coqueteaba con ella. Sin embargo, no parecía necesario eso ya que Lucía era una gran acompañante. Los miraba a ambos risueña y cada vez que podía se alejaba intentando darles privacidad. Sin embargo, Ana parecía sentirse incómoda. La tomó del brazo y la obligó a caminar junto a ella. 

La ciudad estaba bastante movida. Familias y grupos de amigos iban y venían disfrutando de la soleada tarde de otoño. Fueron hasta la plaza central donde Lucas los esperaba. Patricio lo divisó a lo lejos y guió a las chicas hacia allí. Pero al acercarse, notó que el muchacho tenía el rostro descompuesto. Era la primera vez que lo veía de esa forma y se preocupó. ¿Estaría perdiendo el control? Se adelantó un poco y entonces notó que su mirada estaba fija en Lucía. Tardó unos segundos en entender, en procesar que su amigo estaba pasando por lo mismo que él cuando vio a su mate por primera vez. Una sonrisa se dibujó en su rostro y casi trotó hasta él, golpeándolo en el hombro al alcanzarlo.

-¡Veo que estás pagando por tus bromas sin gracia!- exclamó contento.

Lucas sólo lo miró con esa expresión aún en su rostro, totalmente enmudecido. Las chicas los alcanzaron entonces y lo saludaron.

-Él es Lucas. Lucas, ellas son Ana y su mejor amiga, Lucía.

-Ho-hola.

Patricio tuvo que esforzarse para no reírse frente a su amigo. Parecía que toda su confianza se había esfumado. No podía quitarle los ojos de encima a Lucía. ¿Así se había visto él cuando vio a Ana por primera vez? Menos mal que estaba en su forma de lobo y solo. Las muchachas no parecían notar qué sucedía en Lucas, sólo lo miraron raro.

-Vamos a ir a la exposición de fotografía. ¿Vienes?- le dijo Patricio.



Akane

Editado: 16.08.2019

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