Destino

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Preguntas

Patricio abrió la puerta de su casa sintiendo una mezcla de emociones que le revolvían el estómago. ¿Qué Ana estuviese ahí era motivo suficiente para sentirse esperanzado? Estaba nervioso, además. Encendió las luces y se avergonzó de ver lo sucia que estaba la casa. Era un lugar pequeño y poco acogedor, y desde el día anterior que había dejado todo así como estaba. No tenía ánimos de nada, seguro de que Ana no querría verlo nunca más. 

-Perdón por el desorden.- dijo mientras se apresuraba a esconder la ropa sucia y sacar los cubiertos sucios de la mesa.- Toma asiento. ¿Quieres tomar algo?

Ana se sentó en una silla y le pidió un poco de agua. Patricio le sirvió un vaso y se sentó del otro lado de la mesa, frente a ella. La observó beber un trago largo. Estaba nerviosa también, temerosa. 

-Puedes estar tranquila conmigo. No te voy...

-No me vas a hacer daño, ya lo sé.- lo interrumpió apoyando el vaso con fuerza sobre la mesa.

Inhaló aire, armándose de valor y lo miró a los ojos.

-¿Desde cuándo eres... así?- se animó a pronunciar la primera pregunta.

-Desde que nací. Lo llevo en la sangre pero, en realidad, a transformarme cuando me volví adolescente. Toda mi familia es así. Se hereda.- quería darle todos los detalles, sacarle todas las dudas.

Ana sólo asintió y continuó con su siguiente pregunta.

-¿Y cómo...? ¿Cómo lo haces?

-Sólo lo pienso, supongo.- se encogió de hombros, pensando.- Es algo tan natural que sólo pasa. La transformación dura segundos nada más. Es como una sensación. Sólo deseo que pase y sucede. 

-¿Puedes transformarte ahora?

Patricio abrió los ojos de la sorpresa.

-¿Aquí?

-Sí.- afirmó segura.

La miró fijamente unos segundos, asegurándose de que realmente sabía lo que le estaba pidiendo. No quería que saliera corriendo de su casa. Se puso de pie mirando a su alrededor. El espacio era algo pequeño, pero podría hacerlo. Se quitó la campera que llevaba puesta y se transformó en lobo delante de ella. El corazón le latía tan aceleradamente que cuando quedó como el animal que era respiraba algo agitado. Oyó algo caerse detrás de él al cambiar de forma. Se sentó, tratando de no chocar con nada. Apenas cabía allí en esa forma. Miró a Ana y vio que había retrocedido un poco y su respiración se había acelerado, pero seguía allí. Seguía allí, se repitió.

De repente, la joven se puso de pie y literalmente lo escaneó con la mirada, de arriba a abajo. Patricio comenzó a desesperarse. ¿Qué estaba pensando? Su rostro no transmitía ninguna emoción. 

-Ya puedes volver a... tu otra forma.- terminó como si fuera una pregunta.

Sin dudarlo, volvió a transformarse, sintiéndose aliviado de tener más espacio. Odiaba sentirse encerrado. Ana volvió a tomar asiento. Bien. Buena señal. No quería irse... Aún. Él también se sentó.

-No es como en las películas. Te transformas con tu ropa y no se rompe.- comentó finalmente y Patricio sintió deseos de reírse.

-Cuanto menos ropa, más fácil hacerlo. Más ropa, más energía gastas en que se transforme junto a tu cuerpo.

-¿Cuál es el origen de la gente como ustedes?

-Puedes llamarme hombre lobo. No es ofensivo.

Las mejillas se Ana se tiñeron de colorado.

-Respondiendo a tu pregunta, el origen es tan antiguo como el de los humanos. Aún hoy en día es difícil explicar cómo se originó la vida. Lo mismo pasa con los de nuestra especie.

-¿Hay muchos de ustedes?- continuó entrevistando.

-Sí.- asintió.

-¿Llevan vidas normales?

-Sí, Ana. No hago nada del otro mundo.- sonrió a medias.

-Lo siento. Es todo muy nuevo.

-No tienes por qué disculparte. ¿Puedo hacerte yo una pregunta ahora?- apoyó los brazos en la mesa y se acercó a ella.

-¿Qué?

-¿A qué viniste exactamente?

La joven tardó unos segundos interminables en responder. Vio cómo sus ojos se llenaban de lágrimas y se arrepintió de haberla presionado.



Akane

Editado: 16.08.2019

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