Destino

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Cena

En su mente, Patricio iba dando saltos por la vereda. En la realidad, iba con su rostro serio camino al trabajo. Desde que Ana le había dicho que sí sería su novia, no cabía en sí mismo de felicidad. Era un paso muy importante el que habían dado y que ella no lo hubiese rechazado le daba muchísimas esperanzas. Por momentos se desesperaba, no quería arruinar lo que había logrado, no debía cometer errores, pero cuando se tranquilizaba, todo parecía ir a la mar de bien.

Ya había pasado una semana desde que Ana le había cambiado el ánimo con un simple sí. Si bien dudó antes de responder, cuando lo dijo sonó segura y Patricio no se contuvo y le robó un beso antes de regresar a trabajar. Ignoró por completo al idiota de Nahuel, quien aún conversaba con la madre de Ana, y continuó atendiendo clientes.

Lamentablemente, en toda esa semana, la había visto pocas veces a Ana ya que era época de exámenes de mitad de año y debía estudiar y entregar trabajos en la escuela. Lucas, quien se la pasaba viajando de la ciudad al pueblo para ver a Lucía aunque sea por un ratito, se desesperaba cuando ella lo rechazaba porque necesitaba estudiar para sacar buenas notas o de lo contrario aplazaría. El pobre seguía luchando para colarse de alguna forma u otra en la vida de la joven, pero el novio de ésta le complicaba todo, y ahora además, se entrometía la escuela.

Era viernes finalmente y Patricio estaba yendo al trabajo por la mañana cuando sintió un olor que le pareció familiar. Ya lo había sentido una vez. Hizo memoria y recordó que lo había olido el día que Ana descubrió su secreto. Era la misma criatura que había estado en el bosque, pero ahora lo sentía en la calle. No estaba seguro de qué era, no parecía humano ni hombre lobo. Tampoco ningún otro animal común y corriente. Siguió el rastro de olor con su agudo olfato, ya apenas se sentía así que debía haber pasado hacía horas por allí. Se sorprendió al ver que lo guiaba a la panadería de la madre de Ana, allí se concentraba, en el frente de éste y luego se perdía calle abajo.

Iba a seguir el rastro, pero Omar llegó en ese momento y no podía escapar ya. Entró a la panadería con el ceño fruncido, intrigado y preguntándose si era algo de lo que debiese preocuparse. Acomodó sus cosas, saludó a la dueña y se colocó el horripilante delantal. Pronto comenzaron a llegar clientes y su mente se olvidó por un momento de lo que había pasado. 

Al llegar el mediodía, la madre de Ana se acercó a él con el rostro serio.

-Patricio, Ana me contó que son novios.- fue directa.

-Sí, señora.- respondió, no se había esperado aquello. 

-Mañana haremos una cena, mi esposo y yo queremos que vengas. Queremos conocerte mejor.

-Por supuesto, sí. Iré con gusto. Gracias por la invitación.- abrió los ojos como platos.

-Bien, te esperamos a las siete.

Y se fue al fondo del negocio. Patricio quedó tan sorprendido que tardó en notar que había clientes esperando. Éstos no se quejaron, pero no lo miraron muy alegres tampoco. Así pasó el resto de la tarde hasta que apareció la mujer de su vida. Ana entró a la panadería seguida de Lucía, ambas iban contentas. 

-¡Aprobamos todo!- dijeron ambas a la vez.

-¡Felicitaciones!- les dijo Patricio recibiéndolas.

Hasta el momento, frente a los demás fingían ser sólo amigos, por lo que se abstuvo de besarla en la boca y sólo le dio un beso en la mejilla. Aunque seguramente Lucía ya sabía todo, no quería incomodar a Ana. 

-¿Cómo te está yendo?- le preguntó "su novia", adoraba llamarla así.

-Bien. ¿Le contaste a tu madre lo nuestro?

-Fue mi consejo.- intervino Lucía.- Mejor que se enteren de parte de ella antes que de los chismosos del pueblo.

-¿Qué te dijo?- preguntó algo temerosa Ana.

-Me invitó mañana por la noche a cenar.

Ana se sonrojó y se llevó una mano a la frente. 

-¿No quieres que vaya?- fingió sentirse dolido.

-¡Sí! Pero ya me imagino a mi hermana y a todos los demás... ¡No van a parar de burlarse de mis sonrojos!

-¿Todos lo demás?- frunció el ceño. ¿Estaría toda la familia de Ana?

-Sí, vamos casi todo el curso a su casa. Mañana es el cumpleaños. Sabías, ¿cierto?- dijo Lucía rodeando el cuello de su amiga con un brazo.



Akane

Editado: 16.08.2019

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