Destino

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Regalo

Patricio estaba furioso con Lucas. Lo arrastró a la calle al notar que ya apenas resistía transformarse. Miró hacia atrás, asegurándose de que nadie los hubiese seguido. Todos se habían quedado en el jardín.

-Aguanta un poco más.- masculló mientras continuaba sujetándolo y alejándolo de la casa.

Apenas llegaron a las afueras del pueblo, Lucas no resistió más y se convirtió en lobo. Patricio lo siguió a pie primero y cuando se adentró más en el bosque, se transformó también. Con el olfato más agudo ahora, buscó a su amigo y corrió unos cuantos kilómetros hasta que lo encontró subido a una colina, entre los árboles, aullando a la luna sobre ellos. Volvió a su forma humana y tomó asiento en el suelo, recostando su espalda sobre un tronco caído y esperando. Lucas debía sacar toda su frustración de encima antes de volverse humano.

Al cabo de un rato dejó de aullar y volvió a transformarse, cayendo de rodillas sobre el suelo y respirando agitado. Se quedó con la mirada perdida unos minutos más, antes de ponerse de pie y enfrentar a su amigo.

-Lo siento.- y de verdad parecía sentirlo.

-Arruinaste la noche, estúpido.- le dijo fríamente Patricio con los brazos cruzados.

-Lo sé.

-Te dije que ibas a causar problemas si ibas.- continuó, aún le dolía recordar el rostro de Ana antes de irse tan precipitadamente de la fiesta. Estaba tan dolida.

-Me disculparé con ella, con Lucía. Con todo el que haga falta.

-Sí, lo harás. Has lastimado a más de uno esta noche.

Lucas parecía a punto de llorar, y probablemente lo hubiese hecho si no fuese tan duro. Se sentó a su lado y estiró las piernas frente a sí. 

-No puedo más, Patricio. ¿Viste cómo estaba...?- no podía terminar de la furia que volvía a carcomerlo.

-Sí, lo sé. Yo hubiese reaccionado igual si hubiese sido Ana.- por primera vez, Patricio intentó ponerse en los zapatos de su amigo y pudo entenderlo mejor.

Lucía estaba siendo manoseada por ese tonto frente a todos y era claro que ella no quería eso. Mientras Camilo la tocaba, lo miraba a Lucas con una horrible sonrisa en el rostro. Era lógico que el chico saltara de aquella manera a defenderla.

Se quedaron allí juntos conversando hasta ver el amanecer. Luego regresaron a la casa de Patricio. Allí, revisó su celular y vio unos cuántos mensajes de Ana. Estaba preocupada por él. Le respondió que ya estaba en su casa y que luego iría a verla.  Se recostó en el sofá y se quedó dormido al instante.

 

Pasaron los días y el ánimo de todos mejoró de a poco, por lo menos para algunos. A Patricio los padres de Ana volvieron a mirarlo con desconfianza luego de que se enteraran de que había sido su amigo uno de los que había estado metido en la pelea que arruinó el cumpleaños de su hija. Lucas continuó con su rutina de ir y venir de la ciudad al pueblo pero Lucía lo rechazaba continuamente. No quería saber nada con ningún chico. Ana le dijo que había terminado con Camilo, por suerte. Obviamente el hecho de que a Lucas lo siguiera alejando lo tenía mal, el muchacho se veía todo el tiempo preocupado y ya no hacía sus típicas bromas sin gracia. A Patricio le dolía verlo así, pero lo único que podía hacer por el momento era tener paciencia. Por su parte, Ana estuvo algo decaída al principio, pero al acercarse la fecha del casamiento que ella iba a fotografiar, su ánimo mejoró. Estaba muy emocionada y nerviosa a la vez por tomar buenas fotografías.

El día del casamiento llegó finalmente. Patricio pasó por ella para acompañarla a la iglesia. La ceremonia tendría lugar en el mismo pueblo y luego irían a un camping a las afueras del lugar donde solían hacerse fiestas y campamentos. Tocó el timbre de la casa y lo atendió el padre de Ana.

-Ah, ya viene.- fue todo lo que le dijo con poca alegría.

Patricio frunció los labios al notar que no lo hacía pasar. Esperó en la puerta hasta que Ana apareció vestida con un vestido negro que le llegaba hasta las rodillas, un bléiser y zapatos de taco del mismo color. En su espalda llevaba una mochila con su cámara y los elementos que iba a usar para fotografiar. Se había atado el cabello en una coleta alta y se había maquillado. Estaba hermosa. En cuanto la vio una sonrisa se dibujó en su rostro.

-Estás preciosa.- le dijo.

Ana se sonrojó.

-Hola a tí también.- sonrió.

Salieron a la calle y comenzaron a caminar de la mano. Ya era el atardecer y la iglesia sólo quedaba a unas cuadras de allí. Ana le insisitió en que no hacía falta que la acompañara, pero él tenía la tarde libre y moría por pasar tiempo con ella, aunque fueran sólo unas cuadras, quería caminarlas con ella. 



Akane

Editado: 16.08.2019

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