Destino

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Roto

Las siguientes horas al rescate de Ana fueron un total caos. Multitud de personas yendo y viniendo, policías y doctores atendiéndolos. Patricio no tuvo más remedio que separarse de ella al llegar al hospital porque debían curarle la herida en la pierna también. Por suerte, al volver humano había perdido la forma de una mordida y mintió diciendo que se la había hecho el secuestrador con una navaja cuando lo atacó. Navaja que le colocaron entre las ropas para justificar las heridas. Al igual que Ana, había memorizado la historia que debían contarle a todos. Dirían que Patricio había reunido a sus amigos para que lo ayudaran a buscar a Ana. Tenía sospechas de que alguien la había estado siguiendo porque habían visto a una persona extraña en varias ocasiones cerca de ella. Como prueba, tenían la fotografía que habían creído que tenía un fantasma. El hombre había armado todo como un plan para tomar venganza por el incendio del bosque. El pobre había quedado atrapado entre las llamas y su cuerpo y rostro se habían desfigurado con las quemaduras. Había averiguado de alguna forma quiénes fueron los responsables. Iba a comenzar su venganza con Ana (decidieron dejar de lado los casos de Camilo y Gonzalo porque el del primero podía fácilmente confundirse con un accidente vial, y del segundo aún no podían saber si recordaría lo que le había pasado cuando despertara del coma). 

El hombre le confesó todo a Ana y le dijo que ella iba a ser la primera de la lista. Patricio junto con sus amigos, luego de recorrer todo el pueblo decidieron adentrarse al bosque y fue entonces cuando oyeron gruñidos y aullidos. Una manada de lobos había aparecido en la zona. Patricio corrió para ayudar a Ana pero el secuestrador intentó matarlo, hiriéndolo en la pierna. Por su actitud violenta, los lobos se sintieron amenazados y lo atacaron. Intentaron separar a los animales del hombre, pero fue en vano. Huyeron antes de que quisieran atacarlos a ellos. 

Eso era todo lo que debían decir. Aún no tenía idea de quién había sido en realidad aquella persona. Los policías fueron luego a la escena del crimen y hallaron su cuerpo lleno de mordidas, parecidas a las que había recibido Gonzalo, por lo que era creíble que hubiese sido atacado por lobos, además de todos los testigos. El muchacho estaba seguro de que mucha gente ahora tendría miedo y que el paso al bosque quedaría prohibido, pero era necesario para poder esquivar a la ley humana. 

Recibió unas cuantas puntadas en su pierna. Le dolía, pero no demasiado, y aunque algo rengo, podía caminar. Haciendo oídos sordos a las personas que le decían que se quedara quieto, se encaminó hacia la habitación donde habían internado a Ana. Sentía una necesidad urgente de estar con ella, saber cómo se sentía ahora que las cosas estaban un poco más calmas. Era increíble la cantidad de gente que se hallaba allí, la mayoría de curiosos nada más. Incluso había algunos reporteros, era raro que en un pueblo tan tranquilo haya pasado semejante atrocidad por lo que todo lo sucedido era noticia. Patricio los esquivó a todos y finalmente llegó a la puerta de la habitación de Ana. Había unos policías dentro tomándole declaración por lo que no lo dejaron pasar hasta que hubieron terminado.

Cuando salieron, Patricio pidió permiso y pasó. Ana estaba sentada en su camilla. Tenía un yeso que iba desde su mano hasta llegar casi a su hombro. Se había quebrado el brazo al caer al suelo. El muchacho aún no podía creer lo mucho que ella había arriesgado para salvarle la vida. Cuando la vio atrapada bajo el cuerpo del secuestrador, la mirada de miedo y desesperación... Creyó que no sería capaz de reaccionar de aquella manera. Sin embargo, lo había sorprendido con su valentía. 

A su lado estaban sus padres. Al verlo le sonrieron con amabilidad. Ahora parecían tener una visión diferente de él luego de todo lo que hizo por encontrarla. Hablaron un poco sobre su estado. Patricio les aseguró que no era nada grave. Lo obligaron a tomar asiento en una silla junto a la cama para que estuviera más cómodo. Se quedaron allí hasta que la hora de visitas acabó. Cuando la enfermera los echó a todos, Patricio insistió en que le diera permiso para quedarse un rato más, después de todo, él era también un paciente allí. Con mala cara, la enfermera cerró la puerta detrás de ella con un poco de fuerza. 

El silencio rodeó la estancia. Ana no había hablado nada en todo el tiempo que estuvo allí. La miró. Estaba pálida, ojerosa y tenía una mancha violácea en la mejilla golpeada. Miraba hacia abajo y respiraba con una tranquilidad que a él lo puso nervioso. Intuía que algo malo pasaba.

-Ana.- le tomó la mano, pero ella no reaccionó a su tacto. No se alejó ni se aferró a él como lo había hecho cuando mataban al secuestrador. 

-¿Sabes quién era el atacante?- dijo con un tono de voz raro, distante.



Akane

Editado: 16.08.2019

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