Destino

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Confesión

Tamara caminó furiosa, pisando fuerte y arrojando miradas furiosas a las personas con las que se cruzaba, intentando encontrar la habitación de aquella idiota. Ya suficiente dolor le había provocado a su hermano desde que la había conocido y parecía ser una experta en hacerlo cada vez mejor. Vio el número que correspondía a la sala de internación de ella y entró abruptamente, sin importarle que el horario de visitas ya hubiese acabado. 

Con el golpe que le dio a la puerta al entrar hizo saltar del susto a la humana y pegar un gritito. Cerró la puerta detrás de ella y se acercó a su cama. Ana la miraba con los ojos totalmente abiertos. Los tenía rojos e hinchados, dándole un aspecto feo. La palidez de su piel resaltaba aún más esa fealdad. Llevaba un yeso en un brazo y una mejilla estaba morada. Tamara cruzó los brazos a la altura de su pecho y la miró desafiante. 

-Pareciera que has llorado toda tu vida.- le dijo de mala manera.

-¿Qué...?

-Vengo a decirte algo, chiquita.- comenzó dejando correr la ira por su lengua resultando en palabras llenas de rencor.- Nunca me caíste bien y cada vez me caes peor. No sabes hacer nada más que lastimar a mi hermano. Deja de hacerlo si no quieres vértelas conmigo.

-¿Disculpa?

¡Encima se hacía la indignada!

-Lo que oíste. ¿Ahora quieres echarlo de tu vida? ¿Como si se tratase de un perro?

-Yo no lo eché.- lo que le había pasado sí que le había afectado, esperaba alguna explicación más elaborada. No parecía la chica desafiante que una vez se encontró en el departamento de Patricio.

-No quieres estar más con él. Es lo mismo. 

Ana frunció la boca con intensa molestia. Los ojos se le habían llenado de lágrimas. ¡Pero qué niña tan sensible! No entendía cómo Patricio la soportaba. En fin, era por esos instintos de lobo. Pensar aquello la llevó a un recuerdo que no quería. Uno de hacía años atrás. Lo había estado ocultando todo el tiempo pero era en cierta forma algo parecido a la situación de Ana y Patricio. Decidió que tal vez la cara violenta no le iba a servir con ella. Tal vez abrirse le hiciera ver a Ana que lo mejor que podía hacer, era quedarse con Patricio. Exhaló aire molesta, no le gustaba ser así con cualquiera. Se sentó en la silla que había allí y tomó fuerzas para sonar lo más amable posible.

-Mira, hay gente que vive esperando al amor de su vida, otros lo buscan y a otros directamente no les importa. Si se topan con él mejor, sino da igual. Nosotros no vivimos buscando el amor, no vamos mirando los rostros de las personas esperando sentir esa sensación que nos dice esa es la persona a la que estoy destinada. Hay hombres y mujeres lobos que nunca lo encuentran, algunos lo llevan mejor que otros, pero saben que aún así hay alguien en alguna parte del mundo que es con la que podrían vivir una vida plena de felicidad y compañerismo.- Ana la miraba aún más sorprendida que antes si era posible, por el cambio de actitud. Hizo una pausa y continuó.- Patricio te encontró. La ventaja de él de saber que eras la indicada... No sabes lo contento que vino a casa a contarnos sobre tí. ¿Y cómo reaccionamos nosotros? Diciéndole cosas de las que ahora me arrepiento, haciéndolo a un lado y no preocupándonos más por él, o fingiendo no hacerlo. Aún menos idea tienes de lo desesperado que estuvo cuando desapareciste. Él moriría por tí. 

-Lo sé.- susurró débilmente.

-¿Y aún así vas a alejarlo de tu vida?- exclamó. Volvió a moderar su tono y continuó.- No encuentras a una persona así todos los días, Ana. Y él tampoco conoce a alguien como tú en todas partes donde va. 

-Ese no es el problema. El problema es que... es un hombre lobo. Y he visto- cerró los ojos- y oído cosas que me atormentarán toda la vida. Si su gente se maneja de esta manera no creo poder...

-Sí, sí. Ya lo sé. Somos complicados y nos manejamos de otra forma porque somos diferentes. Pero ustedes también tienen sus cosas, también cometen actos horribles. Nadie es totalmente inocente. Después de todo la naturaleza humana está en todos nosotros, más o menos, pero está. ¿Sabías que yo encontré a mi pareja hace mucho tiempo?

Ana negó con la cabeza.

-Sí, un hombre hermoso.- sus ojos brillaron con el recuerdo.- Él no es como yo. Es un vampiro.

Tamara quiso reírse de la cara de Ana, tenía la boca abierta en una perfecta o. 

-Los hombres lobos y los vampiros tienen un asunto de enemistad. No podemos juntarnos. Sólo puede haber odio. 



Akane

Editado: 16.08.2019

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