Destino

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Reencuentro

Lo que Ana sintió los siguientes días fue un vacío terrible, miedo y hartazgo de tantas preguntas que le hacían su familia y amigos. Todos estaban sorprendidos de que Patricio no haya ido a verla más a su habitación. Lucía no paraba de contarle lo preocupado que había estado el muchacho por ella y que, aunque no sabía qué había pasado, debería hablar con él y solucionarlo. A nadie le dijo que le había pedido a Patricio que terminara la relación, porque simplemente no podía decirles la razón. Lucas seguía viéndola las veces que acompañaba a Lucía a las visitas. Ana estaba segura de que luego le contaba todo a Patricio. Ella se moría de ganas de saber de él también, pero no se atrevía a preguntar. Su madre y su hermana también estuvieron de curiosas, intentando sacarle alguna palabra de lo sucedido. Ana se negó a darles información y se tuvieron que ir insatisfechas, aunque su madre la dejó sintiéndose culpable.

-Desde el primer día que ese chico te vio, te miró con esos ojos de alguien que ama de verdad. Tú no te dabas cuenta, pero siempre estaba mirándote, siempre atento a lo que hacías. Yo vi, Ana, cómo se puso cuando estuviste en peligro, arriesgó su vida para salvar la tuya. Es una lástima que tú no puedas devolverle el mismo amor que él te da.

Aquello sólo agravó el dolor que ya sentía. La hermana de Patricio, quien la había sorprendido terriblemente, también la había dejado con muchas dudas. No esperaba para nada su historia y sintió pena por ella. Debía ser terrible ser testigo de cómo la persona que amabas seguía adelante, mientras uno quedaba estancado en el dolor. 

Le dieron el alta luego de tres días. Sus padres se hicieron cargo de todo el papeleo y de conseguirle turno para la psicóloga que le habían dispuesto. Desde lo sucedido Ana apenas dormía y cuando lo hacía sólo tenía pesadillas. La doctora fue a visitarla antes de que se fuera y le dijo que su reacción era totalmente normal luego de semejante hecho traumático. Ana asintió a todo lo que le dijo pero sabía que en el fondo ella no iba a poder ayudarle. Nunca iba a poder contarle sobre los hombres lobo. Sospechaba que si no sabía toda la historia, no iba a saber bien cómo decirle qué hacer para superar todo. Y ella tampoco creía poder superarlo completamente algún día.

Lo primero que hizo al llegar a su casa fue ponerse a llorar. Los sentimientos la abrumaron repentinamente y fue como caer en la cuenta de todo lo sucedido una vez más. Sus padres y Micaela la consolaron, le prepararon su comida favorita, la cual apenas probó. Luego la acompañaron a su habitación y le dieron medicina porque el brazo le dolía mucho. Debía llevar el yeso por unas cuantas semanas. Apenas llevaba unos días y ya no lo soportaba más, la picazón era terrible. 

La primera noche en su casa la pasó terrible. Su madre se durmió con ella y la calmó cada vez que despertaba de sus pesadillas. Y si no tenía pesadillas sólo lloraba. Al día siguiente fue casi lo mismo. Se negó a salir de su cama. No tenía ánimos para nada, ni para ver las noticias que hablaban de su secuestro. Por la tarde recibió una visita inesperada. 

Estaba dando vueltas en la cama porque ya no soportaba la almohada ni el colchón y el brazo comenzaba a dolerle nuevamente, cuando alguien tocó con suavidad la puerta. Al abrirse, su madre se asomó y le sonrió.

-Ana, vino Patricio.- le informó.

La joven se quedó helada. La puerta se abrió más y por ella pasó el muchacho que era capaz de hacerle latir fuerte el corazón. Su madre cerró la puerta detrás de ella, lo cual era increíble porque la regla era que debía quedar abierta cuando hubiese un chico en su dormitorio. Se sentó en la cama y con el brazo sano se pasó la mano por el pelo. De repente, se avergonzó de su aspecto. Patricio no tenía muy buen semblante tampoco, pero parecía afectado por algo. 

-Hola.- le dijo ella.

-Hola, Ana.- la saludó con cierta cautela.

Ana notó que ni siquiera se acercaba a ella y aquello le dolió. 

-Tu padre me llamó. Me pidió que viniera a verte porque no estás bien. Está preocupado por tí.

¿Su padre? Ana no podía dejar de sorprenderse de lo que hacía la gente para ver bien al otro, todo lo que sacrificaban. Tal vez ella debiera sacrificarse... No, había decidido no relacionarse más con hombres lobos. Pero... Con una sola mirada Patricio estaba logrando hacerla dudar de todo lo que se había prometido a sí misma. Su piel pedía a gritos la cercanía de Patricio. Las emociones terminaron dominando su mente y se puso de pie y caminó hasta donde estaba él para abrazarlo con el brazo sano. Lo sujetó con fuerza y enterró el rostro en su pecho, inhalando su aroma, dándose cuenta de cuánto lo había extrañado en esos pocos días. 



Akane

Editado: 16.08.2019

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