Destinó

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 3

Sebastián*

me entregan las cuentas que le pedí contestar a Luna y sonrió al ver que a cumplido, es buena en esto lo admito.
Tomo mis cosas y me colocó de pie caminando hacia la puerta para marcharme a casa.

Comencé mi empresa hace tiempo, no mucho a decir verdad, solo tenía veinte cuando me aventure a todo esto de los negocios, desde muy pequeño soñaba a lo grande, ya saben, dinero, empresas, lujos y una buena familia con quién pasar los fines de semana, estuve apunto de lograrlo, de no haber sido por ella.

El ascensor se detiene y llegó a la recepción mirando a la secretaria, quién observa de mala manera a Luna, ella está marcando su hora de salida.

- Hasta mañana. - Se despidió de ambos saliendo. -

La mire por unos segundos y luego salí de mis pensamientos al sentir unas manos en mis hombros.

- Sebas, ¿iremos a beber?. - Pregunto susurrando en mi oído. -

Desvíe la mirada y retire sus manos de mis hombros yendo tras ella.

La conocí en una firma de libros, mi madre es una lectora muy apegada a ella, me había hablado de sus libros y la verdad me parecía interesante. Pero ese día que la conocí, firmando autógrafos y tomándose fotos comprendí todo, entendí que sus párrafos solo significaban una sola cosa, dolor.
Podía sentir que ambos habíamos sufrido lo mismo, pero lo que no logro entender es: ¿Qué clase de hombre rechaza a una mujer como ella?.
Yo fui rechazado por la mujer que amaba, Incluso fue mi novia pero al ver que no tenía mucho dinero me dejó, fue duro lo admito y posiblemente que gracias a lo que me dijo ahora yo soy alguien grande, aquel hombre que alguna vez ella deseó.

Miró a los lados y su auto pasa por la carretera haciendo que frunza el ceño, no logré alcanzarla, se bien que posiblemente sea loco o no lo sé, solo comprendí ese día que deseaba estar con ella, quiero que ambos curemos nuestras corazones...
 

Luna*

Conduzco tranquila mientras pienso en lo que debería escribir en mi siguiente capítulo, las cosas pasan por mi cabeza haciendo que me sienta miserable por el final que le pondré a la historia, el mismo final de nuestro amor.
En mis novelas suelo hacer que uno de los dos personajes principales mueran a causa de una enfermedad o terrible accidente, la vida es cruel, no todo es un cuento de hadas, no siempre el príncipe se queda con la princesa.

Estacione el auto fuera de mi casa y salí de manera calmada, caminé hasta la puerta principal y introduje la llave abriendo la puerta. 
Justo iba a entrar cuando escuché pasos detrás de mí lo que me hizo girarme.

- Luna. - Me llamó la voz de Zack. -

Lo único que hice fue suspirar con fastidio, este tipo no comprende que no quiero tener nada que ver con el, desde la firma de libros no ha dejado de seguirme.
Lo conocí como un lector quien decía admirar mi trabajo y que deseaba mucho una fotografía conmigo lo cual le cumplí, pero desde ahí no me deja en paz.

- Ya te lo dije Zack, no deseo salir contigo. - Dije sería entrando a la casa. -

Justo iba a cerrar la puerta cuando él colocó su mano en ella evitando que lo haga.

- ¿Porqué no me das una maldita oportunidad?, Mírame, tengo dinero me escuchas. - Grito molesto. -

Solo lo pude observar pensando que lo que ha dicho ha sido la cosa más tonta que sus labios pudieron mencionar. ¿Dinero?, ¿Acaso cree que soy una interesada?, De verdad me siento ofendida ante tal cosa.

- Solo vete. - Dije cerrando la puerta. -

Escucho sus golpes pero no le tomé importancia. Me dirijo a la cocina y observó todo, no tengo hambre a decir verdad.
Salgo y camino por el largo pasillo que va hacia mi habitación, me colocó frente a la puerta la cual abro y me adentro a la habitación.

Me dejó caer sobre la cama y sonrió al ver su fotografía.

- Los días son difíciles sin ti, Alex. - Susurré tomando su fotografía. -

Es triste saber que te marchaste sin siquiera despedirte. Aún sigo preguntándome: ¿Si hubiera llegado a tiempo te hubiera escuchado por última vez?, ¿Me odias por no haber llegado?, ¿Porqué dijiste que aún estabas bien?, ¿Porqué te fuiste?.
Tantas preguntas sin responder hacen que me duela el alma de una manera que no puedo describir, quizás me odia por no dejar que descanse en paz, pero su recuerdo es lo único que me mantiene de pie día a día.

Me recuesto en la cama mientras abrazó su fotografía a mi pecho simulando que me abraza fuerte como solía hacerlo.

Lo conocí cuando tenía ocho años, en un parque, me encontraba jugando cuando unos niños empezaron a gritar y a burlarse, yo en ese tiempo me creía intocable así que fui a defender a ese niño débil, lo desagradable de nuestro primer encuentro fue que gracias a mí nos golpearon ambos, pero lo lindo fue que terminamos riendo por eso y nos hicimos buenos amigos.
Luego descubrimos que íbamos al mismo instituto a lo que empezamos a juntarnos más, nos hicimos inseparables, unos días el estaba todo el día en mi casa o yo en la suya. Aunque eso solo perduró hasta la edad de doce años, su enfermedad empeoró, tenía asma, posiblemente los doctores lo veían como algo normal, pero sus pulmones eran débiles lo que hacía que sus ataques fueran mucho peores. Llegó a tener uno en la escuela, sentía impotencia al no poder ayudarlo, gracias a los doctores lo lograron reanimar y respiró, me sentía mal conmigo misma así que decidí tomar clases para primero auxilios así no tendría que verme importante ante ese tipo de situación.



Margarita Barraza

#11320 en Novela romántica

En el texto hay: tristeza, romance, amor

Editado: 09.07.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar