Destiny Moonlight- Destinados

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Destiné

CHAPITRE 47

 

Y, a decir verdad, no podía esperar menos de una boutique en el Oculus, es decir, por favor se morirían de la emoción de tan solo entrar a esta boutique, si no te cansabas de admirar el color blanco podrías seguir admirándolo en la Boutique desde sus tremendos diseños sofisticados y claramente muy sofisticados, hasta el suelo más limpio nunca antes visto, el suelo carecía de suciedad con su porcelana resplandeciendo por todo, podría jurar que las decoraciones cristalinas que se encontraban aquí verdaderamente era cristales reales, los pocos toques rojo, podría decir que eran rubíes y que la fachada en la que me encontraba prácticamente era una ladrona para robarme todo de aquí, porque, sencillamente, me encantaba todo, desde el bolso de ciento noventa y nueve que vi en la entrada, que en el si acaso cabía mi celular, hasta los tacones que la recibidora tenía puestos, por mucho su labial rojizo parecía reflejar si le mirabas con detenimiento el brillo íntimo de sus labios, con un toque de claroscuro del rojo.

-Buenos días, jóvenes ¿Se les ofrece algo? -

Pero a donde fuera que fuera nunca en mi vida había visto una pelirroja como ella, no ni como Clarissa, ella sencillamente, era una pelirroja clara, con ojos chocolates, algo que difícilmente se encontraran, su esbelta figura trajo rencor a mis piernas no ejercitadas y su aroma me volvía loca, con una fragancia de menta y chocolate (lo sé muy contradictorio) pero, Dios ella los juntaba de una manera formidable.

-Soy Dante Lovegood y quisiera que me mostraran su colección de trajes par caballeros-

-Señor Lovegood, he odio de su gran fiesta y justamente tengo lo que necesita para dar la primera gran impresión-

- ¿Algo que sea un color tenue? -

-De hecho, un color más oscuro y serio señor-

-Necesito algo que tenga un color azul, un saco azul con pantalones cremas, de lo demás lo dejo en sus manos-

Y como si fuera su criada la dejo sin poder hablar desviando su mirada de ella y siguiendo su camino.

Engreído.

Ella por su parte quedo en el aire, por un momento miraba el suelo para luego mirar un poco más lejos de ella y caer en mis tenis desgastados.

Los cuales miro con el ceño fruncido.

Subió su mirada para rodearme por completo con esos ojos escalofriantes y finalmente hacer una mueca con su cara y apretar sus nudillos.

-Que fachada-

Escuche como mascullaba para luego largarse por donde vino y comentarle algo a una amiga.

- ¿Ella acaba de...? -

-Sí, acaba de decirme basura, Clarissa-

Engreída.

-Buenos días ¿se les ofrece algo? -

Y cuando pensé que todo aquel lugar estaba lleno de gentíos que denigraban y que no valían la pena, en ese momento, ese mismo momento la ráfaga conocida como karma se estrelló en mi rostro para demostrarme que estaba totalmente equivocada y para demostrarme igualmente, que podía embobarme con varios chicos al mismo tiempo.

-Madre Santísima-

Mascullo Clarissa a mi lado.

-Soy Paolo y será un placer ofrecerle algo para beber mientras admiran el gran salón de Leonard Dior-

-Paolo, soy Clarissa-

Y yo una muda que ni siquiera podía sostener un "hola" con ese chico, con ese adonis puesto frente a mí, con ese espécimen de hombre que se encontraban en lugares como Brasil o Hawái, así de fuertes y enromes, con ese cabello corto, pero, de verdad sexy, de verdad jodidamente sexy, con una sonrisa que te hacia gemir de tan solo verle.

De esos que se les ponen unas camisas blancas con pantalones negros, ajustados y Dios te juraría que las chicas les caerían en manada, de esos chicos que realmente eran difíciles de ignorar.

-Me encantaría una copa de vino, Paolo-

Sin embargo, eso sinceramente y claramente Calvin no lo reconocía, pasaba frente a él como si fuera un don nadie.

Pero, Paolo con su mirada y su sonrisa siguió a Calvin sin moverse y asintió.

- ¿Algo más? -

Para nuevamente dirigirse a mi... es decir nosotras.

-Lo mismo que Calvin-

Musito Clarissa cruzando sus brazos frente a ella y sonriendo como tonta enamorada.

No podía siquiera describirle como me sentía yo, sinceramente, porque tan solo mirarle mis vellos se erizaban y mi rostro se estremecía.

-Bien y ¿usted? –

Mordí mi labio inferior y cerré mis ojos controlando mis hormonas y desviando mi mirada.

-Un poco de agua estaría bien-

Musite por lo bajo.

- ¿Fría o temperatura normal? -

-Fría-

Masculle.

-Vuelvo enseguida-

Y tal vez para el peor error que pudo haber hecho fue girarse frente a Clarissa y demostrarle su trasero voluptuoso.

-Mierda, ESTAS BUENISIMO-

Y así grito a los cuatro vientos, así perdió por completo su dignidad, la vergüenza y el control, así Clarissa Blair, fue la atención de dos clientes y de tres empleados, incluyendo a Paolo, incluyendo también a Calvin y Dante.

Su rostro pronto palideció, sus manos se soltaron inertemente, de tanto haberlas empuñado, cerro sus ojos y finalmente, cayó en desmayo completo, pero, no tuve tiempo para tomarla, sin embargo, Paolo la sostuvo a tiempo, para sostenerla entre sus brazos.



Alexa Collins

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En el texto hay: romance, historia juvenil, príncipe empresario

Editado: 12.12.2018

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