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Hombre capturado

>>El espejo no es la clave, la clave es el reflejo. 
Cuando la pantalla nos devolvió nuestra propia imagen ya no pudimos distinguirnos ni siquiera a nosotros mismos. 
No supimos incluso si era aquella nuestra esencia, o solo un mero reflejo.<<

Citado como "El libro del último hombre y la muerte de la libertad".

¿Cómo fue realmente? No lo sabía. Ni le importaba a decir verdad, después de todo frente a ciertas situaciones no sirve de nada plantearse y preguntarse a uno mismo los "por qué". Algunas respuestas no estaban en el interior. ¿Por qué no los había escuchado acercarse? ¿Por qué había creído que estaría seguro a tan poca distancia de sus perseguidores? ¿Por qué no había colocado alguna clase de trampa en su refugio que le permitiera, sino dañar a los cazadores, al menos alertarle de su presencia? En fin. Por qué había sido tan estúpido de no prever que algo como eso podía ocurrir y no había intentado... pero yá, ¿qué más daba? Si a fin de cuentas, lo habían atrapado, lo habían capturado, después de todo ese tiempo (¿había sido tanto?) en que escapara sin saber muy bien a dónde, sin saber siquiera por qué, corriendo de un paraje desolado a otro, en interminables desiertos, antiguas ciudades abandonadas, en sombríos bosques, siempre eternos y peligrosos. 
Y ahora, capturado, cazado por aquellos que lo perseguían y habían logrado sorprenderlo mientras descansaba junto a las tranquilas aguas contaminadas de un río que corría libremente a las afueras de aquel pueblo al que había llegado la noche anterior y por el cual tenía la sensación de haber pasado anteriormente. Saber qué tal vez había estado dando vueltas en círculos mientras creía escapar se le asomaba incluso como una posibilidad. Si tan solo su cabeza tuviera un botón de apagado. 
—¿Qué buscan de mi? ¿Qué es lo que quieren? —preguntaba inútilmente aquel hombre a sus captores, sin obtener respuesta. Eran seis en total y marchaban a paso ligero por las arenas del desierto bajo las cuales, a lo lejos, se veían rastros de una antigua ciudad con las partes altas de edificios apenas asomando como los gruesos dedos de una mano bajo el mar. Los captores buscaban llegar hasta sus vehículos, sospechó el hombre. Una vez en las aero-motos lo llevarían... no sabía a donde. La arena se arremolinaba aquí y allá por efecto del viento suave y el calor del lugar no daba tregua. Ellos sin embargo, se movían velozmente y no parecían estar cansados o sufrir las dificultades de hundirse constantemente en aquel suelo arenoso y amplio. El hombre hablaba sin obtener respuesta desde el momento en que había despertado en esa jaula. 
Pero había algo, un destello en su memoria, como un pensamiento atrapado. 
La sensación no era nueva, pero en este caso se sentía como tal. Algo que no podía recordar del todo pero que tampoco lograba olvidar. ¿Quería hacerlo? De repente una descarga de electricidad recorrió su cuerpo en milisegundos haciendo que emitiera un grito de dolor y se cubriera con los brazos hasta ponerse en posición fetal. 
Lo había olvidado, la red que lo atrapaba y con la cual lo tenían aprisionado, esa suerte de jaula con barrotes flexibles, daba potentes descargas eléctricas si las tocaba y segundos después comenzaba a moverse y los barrotes que conformaban la red se acercaban cada vez más los unos a los otros, cerrándose sobre sí misma, limitando el espacio en que el prisionero podía moverse. 
Las primeras veces, cuando tras quedar inconsciente despertó en esa jaula con forma de red intentó escapar corriendo hacia los barrotes, o bien estirar su mano por el agujero entre estos y atacar a sus captores, ninguna de esas cosas dio más resultado que considerables descargas y una jaula que se había reducido casi cinco veces y ahora apenas le permitía moverse con la certeza de que cualquier descuido provocaría una descarga que paralizaría y entumecería su cuerpo por varios minutos. 
Aquellos seis seres que lo habían perseguido por cientos, tal vez miles de kilómetros, se comunicaban entre sin hablar, o al menos sin usar palabras. Emitían por el contrario unos sonidos suaves y molestos que al hombre le producían un prolongado "Pi" en los oídos y le obligaban al acto inútil de cubrirlos con sus manos. 
—Silencio, silencio —murmuraba inútilmente. 
Los cazadores le parecían tan atemorizantes como la primera vez en que huyera de ellos, ahora tan lejana en su recuerdo. En verdad aunque nunca los hubiera visto estaba seguro de que le producirían repulsión. Había algo en ellos, esos movimientos medidos y exactos, firmes. Con su delgadez inhumana, su altura resultaba en una mezcla bizarra, pues sobrepasaban los dos metros con facilidad. Daban la impresión de finos árboles andantes. <<Árboles...>> pensó el hombre sin saber el significado de esa palabra.  
Las extrañas máscaras marrones y los enormes pedazos de algún material similar a la tela que cubría su cuerpo entero, como si de un poncho se tratase, solo aumentaban la sensación de encontrarse frente a algo que no era humano, a pesar de que lo parecía. La sensación de perturbación que el hombre experimentaba se manifestaba como un frió que corría por su espalda y estallaba en su propia mente cada ves que los tenía cerca. 
<<Alejarme>> era la expresión de ese pensamiento. 
Las pocas partes que podía recordar o ver de sus cuerpos transmitían la sensación de la fría y brillante superficie filosa de un cuchillo, cuya hoja fuera negra como el carbón. 
De repente, el aparato de traslación sobre el que estaba puesta su jaula, esa superficie de metal pulido y reluciente que flotaba custodiada por los seres, se detuvo y también los captores dejaron de emitir esos pitidos molestos y todo quedó en silencio en medio de aquel enorme desierto. 
El hombre, que hasta ese momento estaba en posición fetal con sus manos cubriéndose los oídos y sus ojos cerrados con firmeza, los abrió de repente. Una explosión retumbó a pocos metros de donde se encontraban y lo supo no solo por el estruendoso sonido de la misma sino porque además tragó todo el polvo y la arena que, fruto de la onda expansiva lo cubrieron. Comenzó a toser y escupir de inmediato mientras se retorcía de forma incontrolable.
Aun sabiendo que la red lo cubría y lo que pasaría si la tocaba el hombre no pudo contener sus instintos e intentó incorporarse, una descarga eléctrica lo volvió a su lugar y esta vez la jaula se cerró mucho más. Las explosiones continuaban fuera y se escuchaban sonidos de pasos y disparos láser por lo que se abrazó a sí mismo como hasta entonces y aguardó, con los ojos bien cerrados. 
Respirar le era difícil, y respirar sin toser, imposible, pues el polvo y la arena lo cubrían todo, incluyendo sus pulmones. Un acceso incontrolable de tos hizo que se estirara más de la cuenta y al hacerlo no pudo evitar abrir los ojos y ver como un extraño aparato de color grisáceo en forma de araña estaba pegado a la jaula-red del lado de afuera. El aparato era visible pues emitía una luz verde, o roja desde su centro, y el hombre casi por instinto pero aun con algo de miedo tocó con su mano izquierda la jaula. Esta vez no hubo descarga, sino que por el contrario, la reducida prisión emitió un sonido similar al pitido de aquellos seis seres secuestradores y cayó sobre el hombre cubriéndolo totalmente, los barrotes habían dejado de ser sólidos para pasar a ser similares a los hilos de una red y el hombre no dudó, aprovechando la distracción causada por quien fuere buscó con desesperación un hueco en la red y escapó.



Randax

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En el texto hay: futuro distopico, misterio, robots

Editado: 15.07.2019

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