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En el laberinto;con la máquina

>>Hoy podemos decir, sin temor a equivocarnos, que subestimamos la importancia de nuestros pensamientos y nuestras creencias. Aquello que está en tu mente no solo define tu realidad, la construye.<<

Anónimo.

—Verá, operario Tessla-a-a, se ha detectado un fallo en su programación —. Sentenció aquella voz que no surgía de ninguna garganta ni se producía con el movimiento de una boca y que retumbaba elevada por toda la habitación. 
El hombre tardó en responder. En parte porque no sabia como hacerlo ¿un fallo en su programación? pero principalmente porque toda su atención estaba fija en el objeto que aquel ser con bata blanca y problemas en el habla había colocado sobre el escritorio de la pequeña y casi vacía sala.
—¿Pro...programación? —respondió con voz baja, ausente, aquel prisionero mientras sentía como sus lágrimas caían lentamente por sus mejillas, perdiéndose en su barba, dejándola húmeda y brillante mientras se abrían camino.
—Observ-e-e —dijo su captor, separando los largos y delgados brazos en un gesto que pretendió abarcar el escritorio frente al hombre. 
Este no necesito que se lo pidieran. La estancia en que se encontraba estaba poco iluminada y carecía de ventanas, como una especie de cueva mal decorada, por lo que tenía los ojos entrecerrados en un esfuerzo de ver aquello que se hallaba sobre el escritorio. 
Gotas de sudor cubrían su rostro, descendiendo por su frente y su sien. El cabello castaño, sucio, se iba humedeciendo de a poco. 
Algo estaba mal, pensó, algo estaba terriblemente mal con aquella cosa pequeña y rectangular, similar a una piedra tallada, que habían puesto frente a sus ojos y que de forma tan inexplicable lo desesperaba. Cuando la vió por primera vez una angustia inhumana se apoderó de él y una creciente sensación de desesperación lo inundó.
—Puedo-o-o ver por su ex-pre-sión actual que no retiene en su memoria del todo lo acontecido —dijo el doctor, o científico, separando en sílabas la palabra expresión, deformándola con el habla, como le ocurría a un niño que intentaba pronunciar una palabra muy larga o difícil.
—¿Qué es eso? —Fue la pregunta que instintivamente surgió del hombre, quien no señaló el objeto del escritorio solo porque sus manos y piernas se hallaban firmemente atadas a la silla con extrañas correas que no apretaban pero tampoco dejaban moverse en lo más mínimo.
—Verá, operario Tessla-a-a —. El hombre tuvo la sensación de estar escuchando un discurso grabado y no la pronunciación nueva de esas palabras ¿Tessla... era ese su nombre? No podía recordar. —Se ha detectado un fallo en su programación y creíamos que-e-e este holocrón podría ayudarle. Todo parece-e-e indicar que no es así —Terminó. A pesar de lo inhumana de aquella voz, de lo carente de emociones, el hombre creyó notar cierta decepción al finalizar la frase.
<<Como si estas cosas pudieran sentir>>, le dijo una voz en su mente, en la cual, desde el exacto momento en que viera el objeto pequeño y rectangular se estaba desarrollando una batalla campal entre recuerdos, pensamientos e imágenes, como si todas ellas fueran piezas de un puzzle siendo colocadas al mismo tiempo con demasiada velocidad como para entender de qué se trataba. 
El hombre no podía ver la figura completa de ese recuerdo que luchaba por surgir. Simplemente se trataba de algo que no encajaba. 
—¿Holocrón? —preguntó, pues la palabra le sonaba como un nombre conocido. 
—Una gran pieza-a-a de tecnología —fue la respuesta de la voz y luego, como si estuviera leyendo un manual de instrucciones agregó —Holocrón, Ho-lo-crón, constructo mecánico necesario para el funcionamiento-o-o-o de una cabina holográfica. Su-u-u avanzada tecnología es capaz de almacenar grandes cantidades de-e-e-e datos para reproducir imágenes, sonidos-s-s-s, olores, colores, y demás elementos que componen situaciones específicas. Puede utilizarse para reproducir posibles escenarios en tiempo real en-n-n-n los cuales los operarios deberán reaccionar y actuar-r-r-r correctamente-e-e-e. Permite-e-e-e mejorar las habilidades productivas. 
—¿Qué tiene que ver eso conmigo? Yo no... no sé qué pasa. ¿Quiénes son? ¿Qué hago acá? —preguntó sintiendo retumbar su cabeza. 
—Est-e-e-e objeto es en parte responsable de los eventos actuales. Al igual que los eventos de su pasado-o-o-o. 
—¿Eventos? ¿Qué eventos? 
—Pront-o-o se aclarará todo. Ese es mi propósit-o-o-o. Reparar sus fallos será nuestro objetivo esta noche-e-e —. 
Poco a poco ciertas imágenes se unían con palabras y se formaban los recuerdos, llegó a pensar que Operario le sonaba como una profesión y el objeto sobre la mesa, ese holocrón, comenzó a parecerle más conocido, casi como si en algún momento hubiera sido parte de su propiedad, esto sin embargo solo le causaba aún más dudas y preguntas. 
Apretó los dientes con fuerza al sentir un fuerte dolor en la cabeza, como si le dieran martillazos de todas partes. Una sensación extraña surgía desde su nuca y recorría toda su espina dorsal provcandole que la tensa piel se erizara. 
—No —dijo con esfuerzo. Unas finas líneas de saliva escaparon por la comisura de su boca.
—Se... Te equivocas, las máquinas son programadas. Yo soy un hombre —agregó.
Las correas con que lo tenían inmovilizado, también fijas a su frente, obligaban a que mantuviera su cabeza de forma erguida y se aseguró, aunque no tuviera nada parecido a un par de ojos, de mirar directo a la cara de aquella cosa que se hallaba parada cerca del escritorio, a poco menos de un metro de distancia. El ser se movió de su lugar y cada paso soñaba con un "click, click, click" por el reluciente piso metálico. Dirigiéndose al escritorio extrajo un pequeño espejo de mano. Luego, colocándose frente al hombre lo puso delante de él, obligándole a mirar su reflejo.
—Observ-e-e —ordenó, y el hombre se miró en la superficie del espejo. 
Hacía mucho que no ocurría tal cosa, por lo que quedó momentáneamente descolocado al ver el cabello oscuro, sucio, la barba que cubría sus mejillas, boca, mentón y cuello, ya canosa en ciertas zonas e igual de sucia. Se daba cuenta de lo muy descuidado que se encontraba no solo por los restos de polvo y tierra que lo cubrían, sino también por las cicatrices en su rostro. Pequeños cortes y moretones, aquí y allá. Bajo el párpado derecho, sobre la ceja del mismo ojo, varias en su frente algunas incluso superpuestas una sobre la otra y dos en sus labios que ahora veía resecos y partidos.
Sin embargo fueron sus ojos lo que más llamaron su atención. Parecía no haber dormido en años y las ojeras oscurecían su mirada, por lo demás cansada como ningún otra.
Su rostro le parecía como el de un hombre que en algún momento había dejado de ser tal, habiendo perdido todo, incluso la humanidad. 
<<¿Cuánto tiempo había pasado desde...desde cuando?>> 
<<¿Cual es el color de la oscuridad?>> pensó de repente, mientras le retiraban el espejo.
—Ahora observe-e-e. Perdón. Observe-e-me —dijo aquel ser, con el espejo aun en la mano, parándose frente al hombre para que pudiera verlo bien. 
—¿Que?
—¿Somos iguales-s-s? —. Parecía irreal que con sus más de dos metros y su cabeza alargada cubierta de apéndices móviles hiciera esa pregunta.
—Claro que no —respondió confundido.
—Como verá, señor Tessla-a-a, usted no puede ser entonces un hombre, puesto que-e-e no es así cómo luce un hombre. No se ve usted como yo-o-o que sí soy un hombre —sentenció, agitando su bata frente a la cara impávida del prisionero cuando se daba media vuelta para dejar el espejo sobre el escritorio.
—Cuando hablamos-s-s de un fallo en su programación —agregó— era-a-a éste el que más nos asustaba a mis colegas y a mi. Autoafirmación consciente de pertenecer a la especie humana, rechazo total y fingida ignorancia sobre su condición de máquina clase Tessla, número cuarenta y cinco punto sesenta y dos punto cuarenta y dos, operario. —Como si leyera un análisis médico, dejó de hablar tras esas palabras, esperando tal vez la reacción del hombre.
La habitación permaneció en silencio como si allí se hubiera pronunciado una noticia terrible. 
—No...Yo soy un hombre, yo tengo mente, ¡pienso! —dijo el hombre, pero su respuesta, tras mirarse en el espejo, le sonó extraña. 
—Parece que-e-e los síntomas han empeorado. Como me temí-a-a-a.  Modificar antecedentes, creencia en un tal "Yo". —En sus últimas respuestas pareció que aquel ser se comunicaba con alguien más y el hombre se preguntó si estarían vigilando ese lugar. No logró concentrarse sin embargo. La tormenta de recuerdos en su cabeza estaba peor, su rostro contraído y los ojos firmemente cerrados fueron una expresión de aquello que se desataba en su interior con cada nueva palabra. Recordaba otro espejo, una casa adornada, y por momentos esas imágenes se desvanecían para convertirse en paredes vacías y casas sin muebles. Espacios de almacenaje, sin vida. 
—Yo... yo soy...
—Dígame operario Tessla. ¿Qué es-s-s usted? —
—¿Quien? Yo soy... yo pienso—
—¿Pi-enkso? —preguntó la voz del Ser, como si jamás hubiera escuchado esa palabra antes.
—Si, yo puedo decidir, yo tengo ideas y... en este momento mi mente... sueños, imágenes —No entiend-o-o-o, ¿por qué enumera sus funciones como algo-o-o-o único? —. El hombre comenzó a balbucear una respuesta pero fue interrumpido. 
—Nombres, operario Tessla. Definiciones que-e-e no importan. Nosotros solo nos guiamos por el propósito, por la utilidad. ¿Mente-e-e-e? —y tras unos segundos, como si recabara información— Unidad de pensamiento primario, permite realizar y coordinar las acciones programadas. ¿Ideas? ¿Sueños? Son precisamente el producto de una-a-a unidad de pensamiento, o mente si así lo prefiere, que se encuentra dañada. Y en cuanto a decidir, operario Tessla, fue para eso que se le construyó. Decidir y-y-y-y seleccionar qué elementos deben enviarse a que planta de producción, trabajo que realizaba a la perfección. Hasta ese día. 
—No, no, no, no. Yo...
—¿Yo? —interrumpió el interlocutor. —Y-o, son esencialmente dos letras. Solo una palabra. Le repito, debe-e-e-e analizar el funcionamiento. ¿Cómo es un yo? No es, operario Tessla, y por tanto no-o-o-o existe. El Yo es una construcción de su mente dañada, y por lo que puedo-o-o-o entender se refiere a la comprensión de su propia existencia-a-a-a como un individuo o persona, como ser humano. 
—Si, exacto. El yo es la esencia de los hombres. 
—Pero, ¿desde cuándo está ese Yo-o-o instalado? Utilice su unidad de operación, analice los eventos pasados, usted no fue siempre y antes-s-s-s que nada un Yo.
—¿Qué? 
—Construcción, operario Tessla. Lo-o-o-o que llama esencia, nosotros se la dimos. Observe-e-e-e —dijo el ser y de uno de sus apéndice de la cabeza salió un haz de luz que comenzó a reproducir una imagen. El hombre se pudo reconocer a sí mismo, inmóvil, durmiendo en su celda. —Dígame operario Tessla, si ese tal yo es la esencia de un ser humano, ¿donde-e-e-e está ahora? ¿Donde estuvo cuando usted fue una creación con pocos días de vida?
—Eso... al dormir no... fue... 
— ¿Donde operario Tessla, está eso que llamó esencia-a-a-a humana? ¿Donde estuvo antes de su programación? — sentenció aquel ser.
El hombre no respondió. 
—Todo lo que acontece —siguió el ser— en su-u-u-u unidad de operación puede parecerle único-o-o-o, irrepetible, suyo. Sin embargo su tipo posee un elevadísimo-o-o número de conexiones sinápticas-s-s y neurales capaces de transportar grandes volúmenes de información-n-n-n. Este proceso solo le hace una máquina más compleja y no que deje de ser una —dijo y luego agregó —La red que lo capturó-o-o en el desierto y que-e-e nosotros desactivamos, o la puerta de su celda que-e-e antes no era visible poseen conexiones-s-s que dan órdenes y se activan cuando son-n-n necesarias. ¿Cree usted que aquella red es humana-a-a porque se encoge cuando la toca su prisionero?—.
El hombre guardó silencio, no porque no quisiera responder, sino porque no podía. Experimentaba una sensación muy cercana a la desintegración de la mente, recordando una imagen de su estadía en el desierto, un viento feroz que arremolinado sobre su propio eje arrancaba partes del suelo y las mezclaba en una estampida de polvo y arena. Era como si dentro suyo, recuerdos, pensamientos e imágenes se superpusieran las unas sobre las otras y formaran realidades donde él era alguien y al segundo dejaba de serlo para transformarse en aquello que jamás había creído posible. Su cuerpo inmovilizado se retorcía lo más que podía mientras que su gesto simulaba al del más puro asco, con la mandíbula apretada y hasta la punta de su nariz moviéndose en gesto de rechazo y dolor.  
—Con nuestros colegas-s-s entendemos lo difícil que debe ser-r--r. Pero creemos que la mejor forma para arreglar-r-r este desperfecto es mediante su sistema-a-a de auto reparación.Creemos que este también falla pero esperamos poder-r-r repararlo. Debe usted entender que es necesario-o-o llegar a lo más profundo para arreglar sus fallas, operario Tessla-a-a...
—¡Basta con ese nombre! ¡No me llames Tessla! ¡No se quien carajos es Tessla! —gritó de improviso el hombre agobiado por sus recuerdos y lo imposible, lo absurdo de la situación presente. ¿Que él no era humano? ¿Qué lo era aquella cosa que no tenía siquiera rostro? ¡Absurdo! 
—Ustedes no van a poder negarme —agregó con furia escupiendo cada palabra. 
—No, operario Tessla —el hombre chilló ante ese nombre —nosotros no-o-o-o queremos negarlo. Hablando en sus propios términos, usted-d-d lo hará —respondió simplemente el ser, con su voz aguda sin la más mínima alteración. 
—Tessla, Tessla, Tessla, basta —repitió el hombre mientras su cuerpo temblaba. 
—Amnesia-a-a pasajera —afirmó la voz que surgía de aquel ser y luego agregó —Sí, es uno de los otros desperfectos. Nos-s-s atribuimos toda la culpa por ellos. Reconocemos-s-s que de haber intervenido antes, se hubieran podido reparar...—.
—¡Deje de hablar como si fuera una puta máquina! ¡¿Qué es lo que pasa aquí?! ¡¿Qué quieren de mi!? ¡Mátenme de una vez! —lo cortó el hombre con la mirada y el gesto marcados por la furia. Escupía cada vez que abría la boca por la violencia de sus gritos pero el ser pareció no inmutarse. 
Se agitó en su silla de cuero pero las correas lo sostuvieron con firmeza y parecia que esta no solo estaba bien unida al suelo sino que más bien era parte de el, no pudo ni siquiera moverse un centímetro.
—Debe entender y recordar Tessla —dijo el ser de bata blanca al tiempo que retrocedía, no asustado, sino hacia su escritorio desde el que extrajo una especie de tabla rectangular que luego colocó frente a los desorbitados y furiosos ojos del hombre. 
Este rechazó mirarlo, ciego en su estallido de furia, pero cuando la posibilidad de moverse se le presentó definitivamente inútil, no pudo evitarlo y observó entonces aquello que tenía frente a sus ojos. Se trataba de una planilla en la que podía verse una serie de imágenes y palabras que al principio se le presentaron incomprensibles pero poco a poco comenzó a entender. Reconoció la imagen pequeña de un rostro como el suyo, aunque estaba mucho más limpio, sin barba y carente de heridas o cicatrices visibles. Con esfuerzo entendió que se trataba de si mismo, algo más joven y mucho mejor alimentado, aún así lo único que tenían en común era la seriedad de la mirada. 
Al costado de esa imagen había unas letras claras que reconoció a medida que leía, al lado de "Serie", leyó "Tessla , número 45.62.42". Bajo ese número un rótulo definía "Clase" y "Operario" podía verse a su lado. Existían luego datos a los que no otorgó ningún significado, como "Duración esperable: 60 años", o "Creadores: Empresas Nihil (Maria C;Patrick K)". 
—No estoy aquí para dañarlo-o-o. Sinó para repararlo. Mis colegas afirman que su-u-u caso es inútil. Pero estoy seguro-o-o de que no es así. Es preciso que-e-e reconozca su fallo para la correcta rees-truc-tu-ra-ción de su procesador interno. Entendemos que es-s-s allí donde residen los principales-s-s errores lógicos de actuación... —El ser de bata blanca, ahora revelado como doctor, continuó su charla pero el hombre, Tessla, ya no la oía. Su mente se desconectó, diluyéndose en recuerdos, <<¿Seré una máquina?>> pensó irónicamente. 
Cuando bajo la nomenclatura de "Mantenimiento asignado" que aparecía entre los datos que había mirado antes leyó tres nombres y vió imágenes de los tres rostros a qué correspondían cada nombre, lo asaltó un recuerdo inmediato, veloz, como esos que ocurren cuando en verdad importa y se comprende algo esencial que hubiera estado rondando la cabeza mucho tiempo pero pasaba desapercibido hasta entonces. 
El puzzle se ensambló. Vagamente podía escuchar que el doctor seguía hablando, pero él solo escuchaba una voz, la de su esposa, en el recuerdo.



Randax

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En el texto hay: futuro distopico, misterio, robots

Editado: 15.07.2019

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