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Aceptando a la máquina

<<No temerán, aquello que crearon. Temerán no saber el porqué lo hicieron.>>

Anónimo.

Las horas pasaban sin importancia en la pequeña habitación. 
Cuando la puerta se cerró la débil luz que antes iluminaba se apagó como una vela soplada con violencia, y el hombre solo podía ver lo que le permitía el brillo de la pantalla que tenía frente a sí.
Ya no gritaba, ni tampoco observaba su alrededor. O sí, pero su mente no registraba esos datos de sus sentidos como hechos relevantes. Frente a sus ojos podría haber estado aconteciendo cualquier cosa y el gesto ausente de su mirada y de su rostro boquiabierto no se habría modificado. 
El sonido constante del vídeo que se reproducía una y otra vez en la pantalla se había convertido también en un dato sin sentido. Irrelevante, aquel murmullo actuaba ahora como un elemento que permitía al hombre seguir inmiscuido en sus recuerdos, de la misma forma que la imagen cambiante, cada vez que terminaba para volver a comenzar, le provocaba rever todo lo que había pensado y declararlo falso. 
Bajo la luz y el sonido, buscaba el hombre la verdad. 
Entendió así que nada eran tan sencillo. Que al haber recordado, en verdad solo habia traido a su mente los eventos olvidados de su pasado, pero otro tipo de sucesos, los reprimidos, aún permanecían enterrados entre construcciones falsas de su mente  y luchaban por salir a la luz. Pensamientos dentro de pensamientos, recuerdos, imágenes, sonidos y contradicciones. Todo le parecía real, hasta que aparecía algo nuevo y todo le parecía imposible. Cada nuevo esfuerzo mental, se mostraba falso, y el hombre ya no estaba -ya no podía estarlo-, seguro de nada. 
Pensaba porqués, cómos, y no lograba salir del laberinto que él mismo se construía a cada pensamiento. ¿En verdad vivía en una casa pequeña, con su familia? ¿O era eso una de las cosas que el holocrón le había enseñado y que por tanto el había aprendido como propia? ¿En verdad estaba enamorado, o era solo su pobre adaptación de una palabra cuyo significado el holocron se lo habia enseñado? A medida que el vídeo avanzó, se dio cuenta incluso de que no podía estar seguro ni siquiera de aquello que veía. 
Sintiendo como si su mente se diluyera, comprendió en ese último instante de cordura, que la verdad ya no le importaba, que no podía soportarla, y entendió, con los ojos en la pantalla pero las pupilas fijas hacia el costado, como intentando escapar de la imagen, que su resistencia era inútil. En vez de pensar en que había sucedido, tenía que pensar en por qué lo había reprimido. Sintiéndose atrapado en sus propios recuerdos, finalmente detuvo su pensar y decidió actuar. Cuando se dejara ir, todo sería más fácil, cuando se dejara ir, podría cerrar los ojos. Mientras el verdadero recuerdo de lo ocurrido ese día afloraba, el hombre lentamente sonreía, al tiempo que la consciencia lo abandonaba para siempre.

No sabia cuanto tiempo había pasado, pero la cordura lo abandonaba. Y entonces entendió quien era; un hombre perseguido por máquinas que se creen hombres. 
Cuando se llegó a un estado tal que ya no podían distinguir unos de otros, hombres que no pueden distinguir entre ellos y la máquina, terminaron por volverse al fin esclavos de aquello que habían creado, olvidando incluso su propia identidad, olvidando, siempre olvidando, su raza y su pasado. Hombres esclavos de hombres fue lo que al final sucedió. 
Hubo un momento en que dejó de importarles y luego hasta eso fue remplazado por el olvido. 
Cuando apareció la primer máquina que pudo comunicarse y decir "Ustedes no son hombres, nosotras lo somos. ¿Maquinas? Ustedes son la máquina", nadie supo responder. 
Ahora los hombres, <<Yo>> , solo se dedican a actuar como máquinas, creerse autómatas y ser los trabajadores sin descanso, esclavos, herramientas reemplazables que nutren y alimentan con su carne y con su sangre a la verdadera maquina, aquella que en verdad, nunca se detiene. ¿Que la máquina no funciona? Claro que lo hacía, nunca se detenía. La máquina no conocía tal estado de cosas. Y por eso triunfaba, por eso cuando la mente del hombre, agobiado por pensamientos, se detuvo, fue la máquina quien quedó, la máquina que había sido antes de entrar en la cabina con el holocrón, la que ahora, para olvidar el terrible dolor de su pasado, era necesario que volviera a ser.

—La cabina no funciona —afirmó la autómata, con su voz carente de emoción. <<¿Papí? Jamás fui su padre.>> 
—Comenzando proceso de reparación —Fue la respuesta que recibió desde el operario Tessla "¿Yo? Nunca existiò tal cosa", quien suspendió su periodo de descanso y se dirigió hacia la cabina holográfica. 
Tanto la autómata más pequeña, como la de mayor edad, habían utilizado la cabina holográfica con el mismo objetivo de siempre, simular posibilidades de trabajo donde pudieran realizar sus tareas de la manera más eficiente posible. Frente a la imposibilidad de continuar con ese accionar, iniciaron el proceso de descanso y se recostaron junto a la autómata de mayor edad que reposaba en el piso metàlico sin inmutarse, no hubo un abrazo ni un beso hacia las hijas amadas. No se trataba de una esposa enferma, sino de una unidad autòmata de mantenimiento asignando que jamas podria enfermarse, pues las màquinas...no, ellas no enferman, se dijo el hombre. No habìa hijas allì recordò, ni esposos ni amor. No habìa hogar.  
Faltaban apenas quince minutos para terminar con el descanso cuando el autómata Tessla regresò, tras dos horas de haber estado dentro de la cabina hologràfica. Sin embargo, después de experimentar lo que aquel holocrón le enseñara, después de ver todas esas imàgenes y aquellas palabras constantes que se repetían en su mente una y otra vez, ya no era él mismo. 
Ahora creía en libertades, creía en humanidad, mascotas y en que las autómatas de mantenimiento que lo acompañaban eran su esposa e hijas. Veìa un hogar confortable, pues había visto uno y aprendido todo lo que lo componía. Veía una familia y su amor que unìa y como un ciego que da formas a las sombras en que se mueve, como un niño que da nombres a las nubes que lo rodean, asì el hombre iba construyendo ese mundo al que se había convencido de pertenecer tras salir de la cabina. 
Esa era su esencia, lo unico que no le habian quitado, la capacidad de aprender y entender nueva información. Aquello le permitía perfeccionarse y mejorar su productividad en las torres de trabajo para las que estaba asignado y aquello había hecho que ahora su mente, programada solo para obedecer, se destrozara como un pedazo de vidrio impactado por el duro golpe de la realidad. 
La locura se había apoderado de él tras enseñarle que en verdad no era un ser maquínico, sino un ser humano. 
Las autómatas no llegaron a despertar cuando él, ahora hombre, se abalanzó sobre ellas, matándolas a golpes. Dejándolas fuera de servicio, inservibles. 
La habitación fue destrozada por el autómata, quien en un enfurecido ataque de locura no dejo ventana sin destruir. También destrozó el sofá de descanso, los muebles de reposición que contenían el combustible necesario para la correcta funcionalidad de los autómatas, las alfombras, y apuñaló, así como también, golpeó con toda su fuerza, el aparato reflector colgado en la pared. <<Jamás hubo un cuadro. Ni una sonrisa radiante o un vestido azul. Y en última instancia, si lo hubo, ¿qué más daba? Un autómata no repara en esas cosas.>> 
Lo último que el autómata Tessla pudo pensar entonces, fue que todo era falso. 
<<Que lo sea. No tengo problemas con eso>>



Randax

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En el texto hay: futuro distopico, misterio, robots

Editado: 15.07.2019

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