Día de Poder

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PARTE 15

Eduardo abrió los ojos y se encontró en una habitación con paredes rosadas, acostado en una cama y arropado con numerosas frazadas y colchas. Frunció el ceño desconcertado: estaba vivo, pero no tenía idea de cómo ni por qué.

—Bienvenido— le sonrió su sobrina, sentada en una silla junto a la cama de su propio dormitorio.

—¡Clara! ¿Cómo…? ¿Qué…? ¿Qué pasó?— se agolparon las preguntas en sus labios—. ¿Por qué estoy vivo? ¿Cómo lograste sobrevivir tú?

—Oh, Zelma se ofreció amablemente a canalizar mi energía mientras tú dormías cómodamente en el helado césped del patio— la sonrisa de ella se hizo más amplia.

—¿Qué? ¿Cómo lograste que Zelma hiciera algo como eso?— arrugó él el entrecejo, descreído.

—La engañé. Negocié tu vida por la entrega de mi poder a ella, y luego le hice canalizar mi energía. Ahora es un montón de cenizas congeladas en el patio.

—¿Y ella no se dio cuenta de que le estabas mintiendo?— cuestionó Eduardo, asombrado.

—No. Para cuando descubrió mi treta, fue tarde para ella. No pudo hacer nada para salvarse.

Eduardo la miró con la boca abierta. El poder de aquella adolescente era mucho más especial de lo que había imaginado.

—Supongo que con la muerte de Zelma he enojado mucho a sus jefes y ahora vendrán a vengarla o algo así— suspiró Clara, preocupada.

—Zelma no tenía jefes— dijo Eduardo con el rostro serio—. Ella era la jefa. La más poderosa bruja del mundo. Nunca nadie había podido oponérsele, mucho menos engañarla y eliminarla.

—¿En serio?

—En serio— confirmó él—. Sus subordinados no vendrán a atacarte, no se atreverán. Su mejor opción es ponerse a tu servicio. eres la nueva jefa, Clara.

—¿De verdad? ¿Me convertí en la jefa de todos los brujos de la noche a la mañana?— frunció el ceño ella, incrédula.

—Así parece— asintió Eduardo. Su asombro era casi tan grande como el de Clara—. Creo que tu padre lo sabía. Debió ver en lo que te convertirías, debió saber que tú eras la indicada para despertar y liberar a otros, que ni Zelma ni su gente podrían coartarte como lo hicieron con él. Su plan secreto eras tú, siempre fuiste tú— comprendió Eduardo al fin.

—Bueno, si ese es el caso, me espera mucho trabajo— sonrió ella, complacida.

Eduardo se maravilló del cambio que el despertar había realizado en Clara. Hacía solo unas horas, su sobrina había despotricado vehementemente contra su herencia, contra su misión, y ahora la abrazaba con entusiasmo y placer.

—Me alegro de que hayas cambiado de opinión con respecto a tu poder, Clara— le dijo Eduardo con sinceridad.

—Aprendí muchas cosas esta noche— le respondió ella—. Pero sé que aún me falta mucho más por asimilar y comprender. Por eso estuve pensando que ya que tu función como catalizador terminó, necesitas un nuevo puesto.

—¿Nuevo puesto?— repitió Eduardo, tratando de dilucidar a dónde quería llegar Clara.

—Sí— contestó ella—. ¿Qué te parecería ser mi instructor de ahora en más?— le propuso.

—Me parecería un honor y un placer— sonrió él.

—Entonces creo que debes descansar y reponer fuerzas esta noche— le palmeó ella el hombro, poniéndose de pie—. Mañana comienza el principio de una nueva humanidad.

Y así diciendo, se retiró de la habitación, dejando dormir a Eduardo en paz.

 

 

———— FIN ————

 

Muchas gracias por leer esta historia y acompañar a Clara en su despertar. Espero con agrado sus comentarios, que son el combustible que me anima a seguir escribiendo. ¡Un cálido abrazo a todos!

 

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Un cariñoso saludo a todos. ¡NOS VEREMOS PRONTO!

 



Adriana Wiegand

Editado: 21.12.2018

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