Diamante

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Capítulo quince

Pensar en exceso no está bien; usualmente termina una maraña mucho más grande de pensamientos que como lo era en un principio, pero hacerlo es una de las autotorturas más comunes. Pocas veces he llegado a una conclusión cuando lo hago, y otras más he terminado más confundida que antes, y aunque me gustaría decir algún punto positivo al respecto, creo que no hay nada. Es de esas pocas cosas que deben hacerse en un punto medio: sin pensar demasiado y sin hacerlo muy poco. Es un punto medio que detesto y más los últimos días. Hay tantas cosas en mi mente, que me asusta que terminen hiriéndome —o que me lleven a hacerlo por mí misma—, y es que el dolor en mi alma es tan grande para este punto que me he quedado sin fuerza… ni siquiera para defenderme de mis propios pensamientos.

He estado encerrada en casa de Natalia fingiendo un resfriado —es cierto que he tenido fiebre las últimas veinticuatro horas, pero no es debido a uno—y este tiempo en soledad me ha dado demasiadas oportunidades para pensar en lo que ha pasado hasta ahora. Sobra mencionar que eso no me ha hecho bien para nada.

Jonathan vino sólo una vez en los últimos tres días; vino para avisarme que Ziev no podrá venir próximamente. Y eso fue todo. Se fue tan rápido como llegó y yo no pude hablarle de lo que he sentido en el estómago desde aquel día en la cabaña de Lirath. Aún no decido si eso es mejor o no, pero no ayuda a mi estado de ánimo.

Escucho que alguien mantiene un forcejeo con la puerta principal, pero al momento siguiente aparece Natalia del otro lado, cargando con bolsas atiborradas de cosas. Vegetales, pan, quesos y material escolar son algunas cosas que veo.

Me bajo de un salto de una de las sillas del comedor y corro hacia ella para ayudarle a aligerar la carga, a lo que me agradece con una sonrisa. No hemos hablado mucho últimamente; nuestras interacciones son dos frases, una pregunta y una respuesta, y después un largo silencio que se mantiene a flote con ayuda de una suave sonrisa. De hecho, he llegado a creer que sabe acerca del diamante, pero Natalia no es del tipo de persona que se calla las cosas que sabe, siente o piensa, así que eso me ha llevado a dudarlo.

No sé a qué se deba este extraño comportamiento.

Observo las cosas que saca de las bolsas y que esparce desordenadamente sobre la mesa.

—Son muchas más cosas de las que había en la lista —digo lo obvio. Yo escribí esa lista, basándome en el dinero disponible de esta semana; no entiendo de dónde salió todo esto.

—Jonathan me dió más dinero esta mañana, así que aproveché para comprar algunas cosas más.

«Sólo algunas…»

—¿Te lo encontraste o…?

—No, él vino hasta aquí —dice, dirigiéndose a la alacena para acomodar los productos. Y yo me quedo ahí pensando en lo que ha dicho.

—¿Vino? ¿Esta mañana?

—¡Sí! —dice, con tono feliz porque pudo ver a su hijo de nuevo.

—Vaya. Me habría gustado saludarlo —murmuro, pero en realidad estoy preguntándome muchas cosas, como por qué no entró a saludar siquiera. ¿No querría verme? ¿Estará molesto?

—Parecía apresurado —me informa—. Venía con esa muchacha, ¿cómo se llama? —No espera a que intente adivinar—Elethea, sí. Venía con ella.

—¿De verdad?

Y mi tono de voz sale decepcionado; todo lo contrario a lo que quería.

Natalia se gira para mirarme, deteniendo sus actividades con ella; adoptando una mirada ausente, como si intentara recordar.

—Lo noté diferente. Parecía nervioso.

—¿Tú crees?

Ella asiente con la cabeza y una pícara sonrisa se abre paso por sus labios.

—Tu eres muy buena amiga suya, Ángel. Deberías saber si hay algo que esté escondiendo.

—Aunque lo supiera, no creo que sea algo que me corresponda revelarle —me sincero y ella asiente con la cabeza.

—Lo sé, pero no se trata de algún gran secreto, sino de algo más simple.

—¿Como qué?

—¿Tú…? —titubea con nerviosismo que inevitablemente me contagia—¿Tú sabes si él está enamorado?

La pregunta me toma por sorpresa.

—Hmm…

—Creo que Elethea es un buen partido —agrega y la sensación emocionada que sentí hace un momento se apaga como una suave flama en medio de un diluvio—. Los he visto convivir y creo que ella le hace mucho bien. Él sonríe más cuando ella está cerca, ¿no crees?

Trago con fuerza. No esperaba que dijera esto y tampoco esperaba —todavía menos— que me fuese a doler de esta manera. No sé si Elethea le hace bien a Jonathan, y me lastima pensar que así sea, pero lo que sí creo con firmeza es que yo no le hago ningún bien. Ni ahora ni nunca.

—Supongo… No lo sé —murmuro con dificultad puesto que mis lágrimas comienzan a hacer estragos en mi garganta—¿Tú estarías de acuerdo si ellos dos…? —ni siquiera puedo terminar la frase. No pretendo ser egoísta, pero no podría aceptarlo.

Por suerte o no, ella termina la frase.

—¿Se quedan juntos? Sí, no tendría problema —Regresa a lo que estaba haciendo—. Creo que el amor te da una fortaleza que va más allá que ninguna otra; una que te permite pelear con más convicción que antes y que te motiva a volver a aquello que amas —. Suspira—. Tengo la esperanza de que ese amor que él puede sentir, sea el suficiente para hacerlo pelear con fuerza cuando sea su turno de ir a la guerra, y así pueda volver a casa cuando todo termine.

Me acerco a ella e intento mostrarle toda la calidez que puedo en mi mirada.

—Él ya tiene el amor que necesita: está contigo, con Cataline, con su familia —murmuro—. Peleará por ustedes porque, créeme, los ama con todo su ser.

—Sólo espero que sea suficiente —susurra, ahora con lágrimas en sus ojos grises azulados.

La observo cuidadosamente mientras todo en su expresión corporal indica miedo, temor, pavor de perder a su hijo. Y yo soy una maldita egoísta. Tal vez, y si Natalia tiene razón, no debería importarme que Jonathan ame a quien se le venga en gana, después de todo eso lo traería de vuelta a casa, pero odiaría tener que verlo. Es por eso que acabar con la guerra es la mejor opción: es lo mejor que puedo hacer con el diamante. Es la única cosa de provecho. Y aunque me aterra llegar a perder mi alma y mi consciencia si lo hago, por lo menos sabré que le he salvado la vida a las personas que más amo en este mundo.



Karen Franquiz

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En el texto hay: fantasia magia, guerra y amor, diamante

Editado: 24.01.2020

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