Días cuentos cortos

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Capítulo 15 Los estragos de la guerra

Mundo 93, 08 de agosto.

Elizabeth

Dos pisos se observaban, cada uno tenía una pared completamente echa de vidrio, en la planta baja estaban empañados, mientras más nos adentramos a la casa su tamaño se hace más pequeño hasta llegar a dos metros y medio de altura. Aprovechando una brecha en la montaña se construyó lo que sería nuestro segundo hogar, desde nuestra cama se tenía una vista completamente hermosa de las montañas enfrente de nosotros, podríamos ver como las nubes descendían para convertirse en neblina, el bosque se acercaba a nosotros terminando en una playa rocosa, pasando por un pequeño lago. Los doscientos metros de altura que nos separaba del suelo son insignificante ante los tres kilómetros de altura de la montaña.

La chimenea nunca permanecía apagada, el humo siempre se confundía con nubes, mientras que los cristales reflejaban las nubes, cuando oscurecía apagábamos todas las luces, medidas de seguridad para no ser detectados.

No sé cuándo nos llamen a la delantera, ¿estaré preparada para todo?, excepto para perderlo, mientras duerme siempre me gusta tocar su cabello y acariciar con los pulpejos de mis dedos su rostro, en la noche mientras veía como los rayos luz que salían por los pequeños orificios de una placa metálica enfrente del fuego se movían como si estuvieran bailando, los seguía con mis dedos cuando estaban en el rostro de Dagresk, en más una ocasión por poco y lo despierto, el sólo hace ruidos y se vuelve a dormir, no puedo evitar reír de vez en cuando por eso.

—A pesar de lo lejos que están las estrellas, la humanidad se las ha ingeniado para relacionarlas consigo mismos.  Como si un recuerdo que permanece en cada átomo de nuestro cuerpo recordara que una vez fuimos parte de una estrella, iluminando con nuestra luz la galaxia infinita—sentí sus brazos rodear mi cintura.

FYnal

—¿Dónde crees que este Moth?

—No lo sé, después de festejar la batalla ella desapareció. La versión oficial es que está entrenando en un algún lugar muy lejos.

La habitación vacía era silenciosa. Reno es el más grande estratega si no estaba Moth presente.

—¿Qué debemos hacer?

—Ve con Curí a la ciudad del mundo 92, una gran cantidad de jugadores se reúnen en ese lugar, el mundo 93 está casi vacía, bosques con algunos poblados.

—¿Qué estamos buscando?

—No lo sé, desde que los gremios sen enteraron sobre nuestra pequeña alianza las actualizaciones en el Libro Neo han disminuido tremendamente. No podemos ignorar esos datos.

—En la ciudad habrá suficiente información para seguir sin mucho problema.

—¿Qué pasara con Dagresk?

—Se nos unirá cuando estemos en el mundo 94.

Pasaron varios días desde mi última conversación con Reno en persona, creí que después de tanto tiempo me llevaría mal con Curí, estos últimos días me han demostrado lo contrario.

—Oye mira, que bonito bolso, me gusta, lo quiero. Cómpramelo.

—Te he comprado varias cosas y termina por no usarla o guardarla, ¿para qué quieres tantas cosas?

—Mmm, no te vayas a enojar, yo sólo decía. ¿A dónde iremos el día de hoy?

—Hay un bar cerca del lago del norte, junto a la entrada a las mazmorras, es muy frecuentado últimamente.

La ciudad poseía un encanto renacentista, como si confinaras Venecia con Madrid, los programas eran corteses, alegres y siempre había un festival acerca de Ella, la diosa creadora de este mundo, sus cuadros y punturas estaban en cada esquina como si de a una virgen o santo se tratara. Acompañada de uno o varios hijos específicos que creo parte del universo, una que es frecuente de su hija Tlahuilli, una de tantas hijas perezosas cuya única función es que la admiren en el cielo por el día mientras que a sus hermanas lejanas las admiren por la noche, Aunque esta cosmogonía era original en los primeros niveles ahora tiene mucho sentido. Son hermosos los murales en las calles con los cientos de seres que fueron creados por Ella, su búsqueda inútil de conseguir algo, se nota que alguien le puso empeño en esa parte.

En el momento que vieron que nos acercábamos la caverna comenzó a despoblarse, los jugadores rápidamente acababan sus apuestas vendían lo que tenían, bebían lo que les quedaban, con excepción a los que jugaban a puertas cerradas porque ellos tenían un poco más que darle.

—Cabernera, dos venenos de cobra azul.

—En un momento señor —contestó el programa y velozmente me sirvió los tragos.



Dagresk

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En el texto hay: videojuegos, thriller, ciencia ficion

Editado: 12.08.2019

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