Días cuentos cortos

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Capítulo 17 El valle de la muerte.

15 de septiembre del 2056, Mundo 96

La neblina consumía los cuerpos de cada ser que osara caminar en el valle, el silencio era una simple precuela para el lancinante sonido del viento, que te hace escuchar la voz de quien has perdido si te adentras demasiado profundo a tu ser. No debes de guardar silencio en este mundo de locura, si no quieres ser consumido por la misma.

Los emblemas dorados de la Rebelión del Atlas son apenas visibles ante la falta de luz, tres jugadores de la delantera caminaban en esa neblina. con anterioridad habían escuchado los rumores, las criaturas que ahí caminaban estaban lejos de la imaginación de cualquier ser humano, sólo ÉLLA, la diosa que muchos habían asumido que era la inteligencia artificial que todo lo controlaba, podía haber creado a tan aberrantes seres de putrefacción, muchos agradecieron el olor de esos seres, ante tanta neblina era la única forma de encontrarlos y de saber de ellos, otros la maldijeron, puesto que la primera vez que lo habían olido era porque descuartizaron a uno de ellos en el Mundo 95, sus restos no se pixelean, en vez de eso su cuerpo desfigurado similar a un perro, con una piel humana que se derrite y se cae, su hedor era ya en sí desagradable. Serkar310 fue el primer jugador que partió a una de esas cosas a la mitad, de su estómago brotaron fetos desfigurados por sus ácidos gástrico, ese aroma nadie nunca lo olvidará y uno de los objetos que necesitas conocer en carne propia si quieres sobrevivir a este mundo.

Los tres jugadores eran amigos desde el primer nivel, su integración a la Rebelión del Atlas fue en la expansión por la batalla en la explanada de la esperanza, muchas veces preguntándose cómo habían llegado tan lejos. Siempre hablando con sus nombres reales cuando se encontraban los tres.

—Hace tiempo que no tenemos un buen combate—dijo Daniel, su capa verte distintiva en él, le daba un bono de protección ante ataques físicos, ninguna espada convencional podría atravesar la.

—No me lo van a creer, pero por un momento cuando estábamos en las praderas, creí que todo se iba a salir de control, nunca había visto tan tremenda batalla entre jugadores— José le respondió a Daniel con algo completamente diferente al hilo de lo que decía.

—Esa batalla de demostración no fue más que mero ego, hacer que se cagaran de miedo los jugadores novatos no fue lo mejor—El último en contestar fue Toño, tenía la cara más seria de los tres.

—Ja, te cagaste como siempre Toño, podía olerlo del otro lado del campo—le gritó José, mientras apoyaba su mano izquierda en la cabeza de Toño tratando de que perdiera el equilibrio, su armadura brillante, pesada y con toques verdes con dorado hacía parecer muy fácil mover a su amigo. Su mano derecha estaba ocupada con una lanza enorme e increíblemente pesada.

—¡Alto! —les dijo Daniel a sus amigos. Levantando el puño derecho en señal de que guardaran silencio, se inco por un momento y por debajo de su capa saco “El libro del cazador”; una creación de la comunidad recopilando la información de cada criatura conocida en este mundo, contiene desde las características de habilidades, debilidades y en muchos casos sólo las huellas. Toda la información fue obtenida por interacción directa con cada rastro, muchas veces el conocer las debilidades de cada criatura le costó la vida por sus fortalezas a jugadores.

La huella está bien definida, profunda, cinco prolongaciones.

 —¿Está cerca? —preguntó Toño.

—Mucho, lo extraño es que no hay ningún olor. Debería de estar apestando, en este mundo no hay viento como para que se disipara el olor—continuó Daniel.

—¿Entonces? —le preguntó José.

—Recolectaron sus restos, posiblemente “”—en sí, no era nada raro cazar y recolectar criaturas en los mundos, pero para estas en especial, se tenían conceptos muy diferentes.

—Tenían prisa por lo que veo, no dejaron nada—dijo Toño mientras trataba de quitar un poco la neblina con la hoja de su espada. En cuando lo vio Daniel, salto para detener su espada con la mano—¿qué te pasa Daniel?

Daniel levantó su brazo izquierdo, movió con cuidado la espada de Toño, con cuidado se acercó al suelo para observar otras huellas, esta vez de un jugador. No había manera de saber de qué gremio pertenecía. Ordenando con la mano avanzar los tres jugadores ahora observaban con mucho cuidado a su alrededor. Siempre atentos del brazo izquierdo de Daniel, el cual indicaba que no podían hablar.

Los ruidos se intensificaban enormemente cuando guardaron silencio, sus pisadas se les hacían muy ruidosas, el mismo viento era molesto, su respiración era su peor pesadilla. El sonido de la armadura de José era lo que más se introduce en los oídos de todos, llegando al pensamiento, causando un miedo por ser escuchados primero. Observar cada esquina y cada paso con los ojos bien abiertos mientras los ruidos causando esa sensación de ser observados por todo, por esa profundidad en la neblina. Sabiendo de antemano los deformes seres rastreros con mil dientes, muchos con tentáculos encargados de rodear el cuello para cortar la cabeza, la idea de ser atravesados por las prolongaciones tan largas como lanzas, espinas especialmente diseñadas para dejar ciego al individuo y solo poder sentir los dientes desgarrar la carne.



Dagresk

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En el texto hay: videojuegos, thriller, ciencia ficion

Editado: 12.08.2019

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