Días cuentos cortos

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Capítulo 20 La Trinidad

Mundo 98, 25 de octubre del 2056.

Curí

“Sabíamos de antemano que este día algún día llegaría. Puse este mensaje donde se de antemano que lo verías. Sigues asechando vil parásito entre las sombras, tratando de que nadie te encuentre entre la inmundicia. Dicen los susurros de quien te conoce que caíste en el profundo abismo, no hubieras sobrevivido lo sé, he estado en ese lugar, te has encargado de mandar tantos a ese lugar confiado de que nadie regresaría para saldar cuentas. Para cuando leas esto ya será demasiado tarde, sabré todo de todo lo que has hecho: Es por esa misma razón que te escribo, planee cómo sería tu caída, como sería tu último aliento en la tierra, tal vez primero pondría en contra tuya a las personas que dices querer, si a eso se le puede decir en tu enferma cabeza. Que ingenua era al creer lo que decías, al final sólo era una idea que tenía sobre ti, de una mejor persona, de alguien en quien confiar, mi sed de afecto fue una de las culpables. Entrar a todas tus redes fue el principio, ver a la patética persona detrás de esa pantalla, que incluso su familia lo considera una completa vergüenza, que la mitad de lo que dice es mentira y la otra una simple ilusión. Atado a la autosatisfacción y la ilusión de ser querido por el dios “silicio”, me dio tanto asco conocer esa parte de ti, encerrado en cuatro paredes absorto del mundo, creí por un momento que quitarte todo eso era hacerte un favor. Una vez que te enseñe tu horripilante rostro sin ningún tipo de filtro, sería la agonía Oscar Willthe para seres como tú, por fin te encontrarás la profundidad del abismo donde te dirás una y otra vez que no lo meres, donde negarás las putrefacciones de su ser. Es el lugar perfecto para ti, para cuando salgas no quedarán más que huesos y carne putrefacta, donde tus ojos no harán otra cosa más que negar la mirada hacia dentro de tu ser. ¿Sabes cómo lo sé?, porque estuve en ese lugar donde me arrojaste sin ver atrás.

Marck Twain te tiene un lugar reservado en ese abismo, y yo un lugar mucho peor. No sabes cuantos días imaginaba que mi mano rodeaba tu cuello al igual que el cuello de toda la escoria del mundo, que veía como la luz en tus ojos se extinguía por mi culpa, obligarte a que lo último que vieras fue mi rostro de goce. No tienes ni una sola idea de cuánto he esperado por esta, mi venganza. Tenía que ser perfecto, estudie cada debilidad, para quebrarte, cada virtud para usarlo en contra tuyo y fue ese fatídico día que lo detuvo todo, Orson Scott tenía razón, conoce a tu enemigo y eventualmente… bueno. Me di cuenta de lo que eras, y no valía la pena hacer algo. Tú mismo serás la miseria de tu castigo, sin ayuda de nadie, ni la intervención de ningún dios. Sólo serás tú mismo. Me das lastima sabes, no tienes a nadie a tu alrededor; ni amigos, ni familia (porque incluso ellos piensan que estarían mejor sin ti, es curioso lo que encuentras), ni alguien a quien amar. Si te preguntas si he hecho sola todo esto, la respuesta es no. Cuando entras al abismo no eres la misma persona y nunca sales sólo. Ahora tengo a alguien por quien pelar, a alguien que me ama incondicionalmente y alguien que nunca me decepcionará. Al igual que amigos y familiares que siempre estarán conmigo. Abandona todo intento de estorbarme en el futuro, no seré tan piadosa como lo soy ahora. Y si intentas algo, bueno. Ya nunca le estorbaras a nadie después de que termine contigo, se podría decir que nunca exististe. Por último, recuerda que no soy la única persona que lastimaste, bienvenido a tu infierno personal.

Es tonto el escribir esto, tal vez nunca lo leas, aun así, gracias. De no ser por ti, en gran medida, nunca hubiera hecho esto, nunca hubiera llegado en donde estoy, nunca sería lo fuerte que soy ahora.”

Curí tomó la carta para meterla en un sobre, con una laca y su sello personal; un atlas cargando a un mundo hecho de rocas.

—Envíalo pronto amiga.

El jugador cadete tomó la carta.

—¿A quién le envías la carta? — preguntó Dagresk una vez que el cadete ya no podía escuchar.

—A un viejo amor.

—Aun estas resentida con él—. Preguntó con sorpresa Dagresk.

—No, ya no. No espero que la lea, pero lo necesitaba.

—¿Qué te hizo cambiar de opinión?

—Esto—levantó su mano, la energía que brotaba de ella se volvía visible a simple vista. — ¿Cómo no puedes ser afectado?

—Llevo más tiempo tratando de controlarlo, ¿es algo indescriptible cierto?

—Demasiado— el acumulo de energía era tal que incluso de los ojos salía ese extraño plasma azulado.

Curí cogió su espada, transfirió toda la energía acumulada y la clavó en el suelo. El pulso de energía levanto todas las puertas de tela de la tienda en donde se encontraron, jugadores se reunieron alrededor para saber qué estaba pasando, algunos comenzaban a ser el increíble estrés que les provocaba, dejaban de dormir, comer o pensar con claridad al ver esa luz. El piso mostraba a criaturas indomables con púas en todo su cuerpo, capaces de envolverse en su propio fuego y expulsarlas, el solo contacto con los dedos lo hacía increíblemente desagradable, cuando perforaban las armaduras o entre las articulaciones la experiencia era insólita. Se necesitaba de grandes cantidades de energía, lo que generó una asociación de la luz y las monstruosidades que causaban.



Dagresk

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En el texto hay: videojuegos, thriller, ciencia ficion

Editado: 12.08.2019

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