Different Life.

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Cap. 5: Un día de locos.

Lunes 17 de septiembre, 06:05 am.

—¡Arriba, Virginia, que se hace tarde!

“No mames ¿Es enserio? (gruñido).”

¿Ya dije que odio que me despierten? Creo que si…

Ah, sí, si me acuerdo, si se los dije.

Lo mismo le dije a mi madre cincuenta veces…

A ver, no. Creo que fueron… ¿Mil?...

No, miento. Un billón de veces. No con M, con B. Un billón de veces.

Pero lo mismo me despierta, aunque tenga la alarma puesta. Porque ella es una alarma andante.

Y no puedo darle el coñazo de su vida que guardo en lo profundo de mi ser.

Uno, porque el coñazo lo recibiré yo, y dos, porque es mi progenitora.

“Me cago en la madre que inventó el despertar a gritos a tu hija”.

Estoy en mi cama, tapada, de lado frente a la ventana, mirando fijamente la nada, maldiciendo a todo el universo. Ceño fruncido, ojos entrecerrados, dientes apretados; molestia, enojo y ganas de matar. Eso es lo que hay en mi rostro y eso es lo que siento. Mi madre prendió la luz y abrió las cortinas, dejando entrar la molesta y maldita luz del astro amarillo.

Demonios.

Lo peor es que me da en toda la cara.

—¿Ya estas despierta? —. Pregunta mi madre, parándose enfrente mío, tapando la luz que da en mi cara, lo cual agradezco. Desvío mi mirada de la ventana lentamente, en una señal de molestia enorme. Sus ojos grises me miran con una ceja levantada, sus manos están apoyados en su cadera y está levemente inclinada hacia adelante. Viste una blusa blanca con un pantalón gris que termina en forma de campana, y de calzado tiene unas sandalias con un poco de taco. Un collar de cadena fina color dorada con una letra D de tamaño pequeño de igual color cuelga de su cuello, su pelo está suelto, pero en su corona yace un colero, cuyo moño sostiene su media cola.

—Desgraciadamente—. Respondo seco con voz ronca y vuelvo mi mirada hacia la ventana. “Hoy es un gran día para morir. JPG”. Tienes mucha razón, Conciencia, mucha razón.

—Bueno, dale, que ya es tarde—. Dice, mirando su reloj en su mano izquierda, el cual es de color negro con toques plateados. Luego se para erguido y se va. Antes de irse me vuelve a repetir que me prepare para ir a la escuela, que es tarde, blah, blah, blah.

Y he aquí la parte más difícil del día: levantarse de la cómoda cama.

Con mi mano derecha, contando hasta tres, rápidamente saqué la frazada que tapaba mi cuerpo. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral al sentir el frio aire del ambiente en mi piel. De forma lenta, me senté en el borde del mueble, y me estiré, provocándome el bostezo más grande de la vida, como si no hubiera bostezado nunca; que de alguna manera terminó en un grito. Mi mirada no tiene expresión alguna, es neutra, pacífica. A un costado, está la mesita de luz, con mi celular y la lámpara. Agarré mi celular para verificar la hora, a ver si es verdad que es tarde, porque a veces mi ma…

6:08 am.

Mantengo mi mirada y cara “pacífica”, que más parece a la cara de póker, en esos tres dígitos que forman la hora, conteniendo las ganas de destruir todo a mi paso con música heavy metal de fondo.

“6:08 de la mañana. Yo puse la alarma a las 6:50 am. Y entro a la escuela a las 7:30 am”.

El agarre de mi mano en el teléfono se hace más fuerte, al igual que la fuerza que ejerzo sobre mis dientes. Maldición tras maldición cruzan por mi mente, una más vulgar que la otra. Sin apartar la vista de la hora, dejo el celular sobre la mesa blanca, y me quedo sentada, con las manos entrelazadas sobre mi regazo, mirando el horizonte inexistente.

6:08 am.

Es que no me la creo.

6:08.

“A ver, tú, lector, ¿Te parece tarde 6:08 de la mañana? No ¿verdad? ENTONCES QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE POR QUE MIERDA A MI MAMÁ SI LE PARECE QUE LAS 6:08 DE LA MAÑANA YA ES TARDE”.

Es que es pa’ flipar, es que es pa’ flipar… melocotones en vinagre…

Expulsando mi ira, inhalo hasta llenar mis pulmones como a un globo, y exhalo pausadamente.

Me voy directo al baño, sin cambiar mi cara de póker, me aseo y me siento mucho mejor. Gracias y con ayuda de eso, logré tragar mi enojo, transformándolo en una mejor emoción; cambio mi piyama al uniforme, y me veo en el espejo. “Soy la más perra de la escuela, papus”. Dijo mi conciencia y no pude evitar soltar una carcajada, cuya acción me levantó el ánimo y me olvidé completamente de que a mi mamá le parece tarde que sean las 6:08 de la mañana.

Seco y peino mi pelo. Creo que debería cortármelo, no me gusta mucho el cabello largo. Midiendo enfrente del espejo, acordé cortármelo cerca de los hombros, específicamente 10 cm. Me hice una media cola, dejando el resto del cabello suelto, excepto la parte atada el cual le hice una trenza. Preparé mi mochila, que, por cierto, es muy bonita: tiene diseños a cuadros de colores rojo y verde, como el pantalón que usé ayer; y algún que otro color negro. Es de un solo cierre y en la parte de adelante tiene un pequeño bolsito. Guardo mis carpetas forradas, una de color morado y otra de color verde oscuro, mi cartuchera hecha con tela de jean con todo lo necesario para escribir, unos cuadernillos más y listo.



Mica Twone

Editado: 11.07.2019

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