Different Life.

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Cap. 10: Skatepark y algo más…

Martes 25 de septiembre, 16:42 pm.

El día por fin ha llegado.

Por fin y estoy demasiado nerviosa.

Gabriel me dijo que pasaría por mí a las 16:45 pm, ya que el skatepark será inaugurado a las cinco.

Y como soy de masoquista, investigué más en las redes sociales y vi que los mejores skaters irán pues ellos serán quienes cortarán el lazo rojo.

¡¿Entienden lo que es eso?! ¡Los mejores y conocidos skaters de la ciudad estarán allí! ¡Los mejores!

Es por eso, que después de haber tocado a Jacqueline, me puse a practicar los trucos que me sé, ya que creo que estoy algo oxidada. Además, que me tuve que conformar con un pedazo de madera que encontré en el ático para practicar los tediosos trucos que he aprendido.

“¡Ahg, si sólo tuviera mi skateboard aquí! ¿En qué diablos pensé cuando la dejé en casa de Gabriel?”

Y estoy aquí, haciendo un hoyo en mi habitación de las tantas veces que giré sobre mi eje formando un círculo imaginario. Y ya vomité dos veces. Una, por los nervios, y otra por girar en círculos. O supongo que es por ambas.

“Ay, por favor ¡¿Dónde demonios estás Gabriel?! ¡Sácame de éste infierno!”.

Vamos a ver… alguna distracción… alguna distracción… ¡Ajá, eso es! Bueno, para que los nervios cesen, le diré como estoy vestida.

Espero que funcione. (Inhala).

Decidí estrenar la ropa que compré en el otro día: una remera combinada negra y blanca, con el logo de Coca-Cola a la altura de mis pechos, un pantalón de mezclilla negro rasgados en las rodillas, unas zapatillas de color bordo y la camisa a cuadros que compré, que es de color verde y me lo até a la cintura. Dejé mi pelo suelto y me puse una gorra plana negra que tiene bordado “Brooklyn 1947 New York” en la parte delantera, y encontré una pulsera de hilo encerado diagonal con los colores negro, rojo, verde y amarillo, al estilo reggae, de un ancho de 4 centímetros más o menos y me la puse en la mano derecha.

Eso es todo lo que tengo puesto…  ¡Pero aún tengo nervios, maldición! ¿Por qué leí lo que dijeron en las redes sociales?

Y el timbre de mi casa sonó. “Salvada por campana”.

Suspiro fuertemente de puro alivio, pues los nervios impresionantemente se fueron. Escucho como mi hermano abre la puerta y saluda a Gabriel. Agarro todo lo necesario, como llaves, algo de plata, mi celular y las calcomanías que compré. Salí de mi habitación y bajé las escaleras. A mitad de ellas, cuando enfoco a Gabriel, y él a mí, me detengo.

—Putas madres, ¿Es enserio? —. Decimos al unísono mi mejor amigo y yo. El chamaco está vestido igual que yo: la remera combinada con el logo de Coca-Cola, unos pantalones de mezclilla negra, zapatillas bordo, en su cintura una camisa a cuadros verde y una gorra.

Por lo menos no tiene la misma pulsera.

—Virginia, la boca—. Me reprende papá, quien está sentado en el sofá, pero al vernos bien, sus cejas se elevan. —Wow… esto… esto es lo más exacto que hicieron en toda su vida.

—¿Qué cosa? —. Pregunta mamá, saliendo del umbral de la cocina. Al darse cuenta del asunto, casi hace caer la bandeja con el café que traía. Intercala las miradas entre Gabriel y yo, que ya estaba abajo. Se dirige a Gabriel —¿Seguro que no te parí yo? —. Pregunta mi madre y el castaño ríe.

—No, estoy seguro de que soy cien por ciento O’Malley—. Dijo con algo de orgullo. Luego me miró a mí y sus cejas se levantan. —Oye ¿Cuándo te cortaste el cabello?

—El sábado. Camila casi me obligó ir al peluquero—. Explico sonriente.

—Bueno… ¿Nos vamos? Traje tu patineta—. Dice Gabriel extendiéndome su mano derecha, la cual tiene mi skateboard. La tengo en mis manos y empiezo a deslizar mi mano por la tabla. En la parte de atrás tiene graffitis que yo misma personalicé, y algunas otras calcomanías.

—Vámonos—. Accedí y me despedí de mis padres y hermano. Una vez afuera de casa le encaro. —Hace años que no ando en skate, así que si me caigo me ayudaras y no te reirás—. Mandé señalándolo con el dedo.

—Está bien, pero reírme creo que sería algo inevitable—. Dijo riéndose. Le golpeo y él se soba el brazo. —Vamos por aquí—. Exclamó, señalando hacia la izquierda y con su patineta en la mano derecha, toma carrera y se estabiliza en su skateboard. —¡Ándale, Virginia que si no te apuras llegamos tarde!

Inhalo profundamente y exhalo, preparándome para hacer lo que no hice durante años. Corro, dejo caer mi skate y salto encima de ella, delante el pie izquierdo y atrás el derecho, como lo practiqué. La emoción y alegría florecen en cada poro de mi piel. Suelto un “¡Sí! ¡Lo hice!” y escucho la risa de Gabriel. En vez de ir por la vereda, porque está medio rota, fuimos por la calle hasta llegar al skatepark.



Mica Twone

Editado: 11.07.2019

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