Dile al corazón

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Capítulo 11: Arreglo de malentendidos y rivalidad.

«La felicidad se obtiene de pequeñas cosas, no por sueños que terminarán extinguiéndose».

Tal vez recordé de donde conocí a la mujer que hoy en día se convirtió en una perra, pero todo lo que es ahora, es totalmente desconocido para mí, tanto, que no sé sí queda algo de lo que ella era antes, y sinceramente, ya no sé nada, tantas personas que habitaban en mi mente, personas que pensé que no conocía resultan ser importantes, y que es ahora, a estas alturas de juego, que empiezo a recordar. 

—Te lo pediré una vez más; deja la nube de arcoíris lejos de aquí y ponte a revisar los diseños. No creo que quieras conocerme tal y como soy con los becados ¿no? —Giré mi mirada hacia él malhumorada, últimamente el soportarle es una de las cosas que no logro conseguir, y menos cuando tengo tantos enredos en la cabeza.

—Mira, yo sé que necesitas el 100% de mí en la oficina, pero estoy cansada, no me ha ido bien últimamente y el tener que verte los días de semana no es nada beneficioso para mí ¿sabías? —Arqueó una ceja confundido, miró de mí a los papeles regados en mi escritorio, estaba igual de desorganizado que mi mente, y comúnmente esto andaba con una pulcritud inimaginable, hoy no era de esos días.

—Perdóname, pero a mí no me tiene que interesar eso, dentro de la oficina soy tu jefe, sino ves el cartel que dice director ejecutivo, aquel me garantiza que los problemas estarán fuera del trabajo, pero —se agachó hasta quedar a la altura de mi rostro, analizando lentamente—, me estás comenzando a preocupar como amigo, no te he visto soltar tu coro de maldiciones, ni siquiera tu egocentrismo clásico que estoy dispuesto a cambiártelo por humildad, pero aun así mi niña —sostiene mi rostro con cariño, dejándome vulnerable ante sus dedos gruesos—. Sigo siendo tu amigo, más que jefe, soy tu amigo, aunque ni siquiera consideres aprovecharte de lo que acabo de decir que te irá muy mal Sung, en fin, quería invitarte a una cena que exclusivamente organizó Magnar Albertson, y quiere que estés allí, tanto como yo preciosa, la vida te llena de oportunidades muy pocas veces, y tú tienes la dicha de que estas te lleguen con facilidad. Así que, olvida todo aquello que apresa a tu cabeza, no sirve de nada andar pensando en eso, lo único que hará es complicarte más el día, no curarás una enfermedad, o resolverás los problemas dándole vueltas y vueltas, el problema se quedará así; sin solución. No hay que darle mucha lógica a las cosas. 

Sonreí ante esa respuesta, por una parte, tenía razón, pero por más que le digas a una persona que deje de pensar en algo no sucederá mágicamente; las personas no somos tan sencillas, por algo existe algo llamado problemas, que vienen mayormente de los malentendidos e estupideces de la persona.

—Me dices la fecha luego, necesito llamar a alguien, estoy demasiado curiosa por algo que descubrí hace apenas unas horas, estoy en mi período de libertad por si no te has dado cuenta, he estado en todo momento distraída por eso; porque es mi descanso —mira el reloj confirmando lo que le estaba diciendo, yo simplemente negué con la cabeza debido a su falta de concentración en las cosas, luego hablaba de mí—; Nos vemos en un rato. 

Caminé despacio hacia las escaleras, era la parte más especial que había en la empresa, descontando claro, el trabajo de diseñar, eso es lo que más me encanta hacer. Solo di unos cuantos pasos cuando el celular comenzó a sonar, fruncí el cejo en confusión, no era alguien que sea realmente solicitado, soy de aquellas personas que les encanta navegar con su propia soledad sin que esta sea del todo mala, aunque sé muy bien que estar en compañía de ella tanto tiempo puede traer malos estragos, y eso lo sé por experiencia. Descolgué sin mirar quien era el remitente, esperando a que este decidiese hablar, yo no tenía intenciones de conversar, a menos que este me brinde la información que necesito.

—Espero que todo esté listo, no quiero tener que organizar todo de nuevo cuando vengo a descansar Luna—abrí los ojos en sorpresa; era Zack. Revolví mi cabello en busca de una afirmación, pero no, nada estaba listo, la verdad es que he estado demasiado concentrada en otras cosas como para organizar la habitación en la que se quedaría él.

—Lo haré, antes de que llegues vas a encontrar todo listo, lo prometo —suspiró al entender que no he hecho nada de lo que se suponía que debía hacer ayer porque el llegará a las 12 de hoy, y sé perfectamente que él vendrá por sus propios pies, no aceptará que lo vaya a recibir tan tarde en una ciudad tan peligrosa como esta. 

—Luna, sé que no te has comunicado con Ángela, también sé que estás evitando todo lo que tenga que ver con Wendy y la muerte, pero debes de entender que las cosas pasarán por algo no podremos evitar nada, ni siquiera sí ella muere, ¿lo sabes no? No eres estúpida sé que entendiste, aunque debería de estar más frustrado, no conseguiré nada con eso —duró unos cuantos segundos en silencio, tiempo suficiente para pensar en lo que dijo, y sabía que no podía evitarlo, la vida no la controlo yo, ni nadie, solo alguien omnisciente que está en los cielos—. Y lo único que consigue que pueda estar remotamente tranquilo es que mi hermana está mejorando, poco a poco, pero lo está haciendo.



Nina Hernández

Editado: 14.01.2020

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