Dios de las estrellas

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CAPÍTULO 5: ROSES

—Rey Uriel, disculpe la intromisión pero lo necesitamos en el castillo —se escucha una voz femenina por detrás de nosotros interrumpiendo nuestra charla, doy un pequeño salto por el susto y volteo la cabeza.
Encuentro a una de las chicas con alas de pie con la cabeza levemente inclinada hacia Uriel, recuerdo que la llamo ¿Feerea o Nomi? No lo sé ambas son idénticas.

—Bien, en unos segundos estoy allá y gracias Nomi —la chica mira a Uriel directamente a los ojos luego hacia mi y por último eleva la comisura de sus labios mostrando una amplia sonrisa de dientes perfectos, sin hacerse esperar más gira sobre sus pies extendiendo sus enormes alas blancas y de un solo e impecable salto se eleva por los aires batiendo el aire con estas.

Me quedo embelesado viendo como su enorme figura se va haciendo pequeña por la distancia, igualmente a lo lejos se logra observar un enorme castillo muy luminoso, ¿Así es como se ve? Vaya —pienso, es como si estuviese rodeado de luces navideñas muy diminutas pero de mucha fuerza a la hora de iluminar, algo muy extraño.

—¿Porqué ellas tienen alas? —pregunto en casi un susurro, pero parece que Uriel se percató de ello.

—Nomi es una aurora de la luz al igual que su hermana gemela, son conocidas por muchos como angeles por sus alas y la verdad puede que lo sean, ellas específicamente se encargan de llevar la paz y tranquilidad del reino además de ello tienen la habilidad de poder sanarse ellas mismas como también a otras personas, en resumidas cuentas son mi mano derecha en cuanto a ser mis ojos y oídos por toda la extensión del reino —dice Uriel mirándome con sus bonitos ojos azules.

—Vaya eso es ¿Genial? Todo me causa confusión no entiendo nada de lo que sucede aquí, alas, bestias enormes, tú cuerpo brilla y como olvidar que nos teletransportamos hasta aquí —digo mirando al horizonte ya oscuro.

—Ya habrá momento para dar explicaciones y yo recibir las tuyas igualmente, ahora tenemos que regresar y como te lo dije, cuidare de ti —dice mientras gira sobre sus talones, da dos pasitos breves y se detiene como recordando algo, gira su cabeza y me mira con su ceño fruncido, extiende una de sus manos aún con la mirada puesta en mi y no tardo mucho en entender y poner mi mano sobra la suya, relaja sus hermosas cejas y pregunta.

—¿Puedo? —mientras trata de tocarme con la otra mano, asiento con la cabeza y me envuelve en un caluroso abrazo, recuesto mi cabeza en su duro y cálido pecho a la vez que veo como su cuerpo se ilumina y sube la temperatura un poco, sonrió pues nunca me imaginé estar haciendo esto con un hombre tan atractivo como él y menos sabiendo que luego apareceré en otro lugar en tan solo pestañear.

Un leve mareo se hace presente al abrir los ojos, esto no paso la vez pasada.

Que extraño, bueno nada aquí es normal de todos modos.

Siento los brazos de Uriel bajar por los míos sutilmente, erizando mi piel a su paso.

—Ven por aquí... —inicia a caminar por un enorme salón muy hermoso.

Diablos esto es simplemente perfecto — pienso a la par que observo las paredes de color crema muy suave, el enorme techo que  son como dos metros de altura, hay cortinas rojas en las alturas de unas enormes ventanas que ocupan casi la mitad de las paredes del salón dejando ver parte de la ciudadela del reino, una alfombra roja igualmente se extiende por el inicio de una escaleras en forma de caracol ubicada en el medio del salón tomando dos caminos distintos al subir, y una hermosa lámpara en forma de araña colgada en lo alto del techo.

Veo como Uriel inicia a caminar pero se detiene abruptamente y hace sus manos un par de fuertes puños dejando apreciar como este se marca de venas dándole un aspecto rudo.

Gira su cuerpo por completo y agacha levemente la cabeza permitiéndome ver sus ojos cerrados y sus rosados labios fruncidos.

—perdona mi mala educación no suelo hacer esto, eres mi invitado y protegido desde ahora pese a ello aún nisiquiera se tu nombre, serías tan amable de poder decírmelo —dice aquello con su voz llena de culpa, veo como lentamente se agacha y flexiona su rodilla apoyándola en el suelo y estirando parte de su otra pierna.

Me entra el pánico, como cuando debía hacer alguna presentación en frente de toda la clase y los nervios me atacaban de improviso.

Lo tomo de los hombros y lo hago levantarse muy rapido, miro a ambos lados esperando alguien no nos haya visto.

—¿¡Porqué lo de arrodillarse!? ¡Podías haber preguntado sin hacerlo!  —le digo esto totalmente sonrojado por su acción y haciendo presión con los dientes para evitar gritar —Y mi nombre es Gianluca

Por un momento pensé diría otra cosa al arrodillarse de esa manera

—Lo siento, si te incomoda ya no lo  haré mas, ademas esa mi forma de pedirte disculpas y sabrás que es un honor cuidar de ti Gianluca en tu estadía aquí en el Reino de la luz, ahora por favor acompáñame para que te acomodes en una de las habitaciones —dice lo último más como una orden, para lo que me gustan que me den órdenes, solo por esta vez lo seguiré.

—Pues no te preocupes no me incomoda, solo nose me tomaste de improviso y me altere, perdón. Además no planeo quedarme mucho tiempo igualmente — le digo mientras le sigo subiendo las escaleras en forma de caracol hasta dar por los caminos separados, tomamos el de la izquierda y le digo —Uriel tengo una duda.



JCes

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En el texto hay: luz y oscuridad, homosexual, dioses

Editado: 02.11.2018

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