Distintas Almas

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Capítulo II: La Fuerza De Tu Alma

Ashton Dolfin

Siento un dolor agudo en mi pecho, tan agudo que tengo que presionar mi mano contra este para evitar que de mi garganta escape un gruñido.

Una fuerte mano cae sobre mi hombro para darme fuerza. Puedo sentir como las venas de mi cuello y frente se van marcando por la fuerza que hago al sujetar mi pecho.

—¡Ashton! —escucho una voz familiar, pero no me es suficiente para reaccionar. La mano de mi padre me sacude —¡Oye, Ashton! —su voz va subiendo, se escucha desesperado.

El dolor sigue punzante en mi pecho, es un dolor que me deja sin aire.

—Es…estoy —balbuceo, lamiendo mis labios que están resecos —…estoy bien —mis ojos se van abriendo poco a poco hasta que puedo visualizar mi oscura habitación, solo iluminada por la luz que se cuela por la ventana.

Mi padre deja caer su mano libre en mi otro hombro para que lo pueda mirar a los ojos. Estoy un poco aturdido, sin embargo, clavo mis ojos en el gris de los ojos de mi padre.

—¡Sabes muy bien que está prohibido jugar con el sueño de las personas! —me regaña en voz muy alta, su frente esta arrugada por la rabia.

De golpe aparto sus manos de mis hombros, tratando de controlar mi respiración y los latidos de mi corazón.

Trago saliva para poder hablar —no estoy jugando con nada… —tengo que hacer una pausa para tomar aire.

—¡Interrumpiste el sueño de esa chica! —Grita con autoridad —¡Convertiste su sueño en una pesadilla! ¿¡Dime que rayos es lo que quieres, quieres volver al más allá!? ¿Eso quieres? —esta tan alterado que siento que poco a poco mi cuerpo se va tensando por la rabia.

Bajo mi cabeza, moviéndola para relajar mi cuello.

—Necesitaba hacerlo —mascullo con los dientes apretados.

Mi padre suspira con fuerza —¿Por qué?

Levanto mi mirada impactándola con la suya.

—Esa chica… —aprieto mis manos para apuñarlas —cuando vi los ojos de esa chica no pude visualizar a lo que le teme —suelto. —Pensé que si irrumpía en su sueño podría verlo —suspiro con frustración —, pero nada ¡Maldita sea, no vi nada!—exclamo con rabia.

A mi mente llegan los recuerdos de esta mañana. Cuando miré sus ojos marrones mi mente estaba en blanco, trate de aclarar mis ojos parpadeando, pero cuando mis ojos volvieron a aferrarse a los suyos no logre nada. No pude ver cuál es su más grande temor.

La expresión de mi padre se va apagando al escuchar mis palabras. Él más que nadie sabe lo que eso significa.

—Seguro…seguro estás equivocado —pasa una mano por su cabello castaño —. Tal vez no la miraste a los ojos…

Me coloco de pie de un solo movimiento —nunca me había pasado esto —lo interrumpo con voz firme.

Mi padre camina un par de paso hasta estar en la orilla de la cama y aturdido toma asiento. Sus ojos se pierden en un punto fijo mientras medita mis palabras.

—Sabes lo que eso significa —susurra, subiendo una de sus manos hasta su barbilla —, Ashton…

—No —lo interrumpo nuevamente, negando con mi cabeza —, eso es imposible —intento sonreír, pero rápidamente termino con mis labios en una línea recta.

Mi padre al ver mi negación se coloca de pie. La camisa manga larga color blanca con la que va vestido esta tan bien planchada que ni una arruga se ve en ella.

—No puedes volver a entrar en los sueños de esa chica —me advierte —. Ya sabes que va contra las reglas.

Mis labios se fruncen y lanzándole la mirada más indignada que puedo me acerco a él.

—Odio las reglas —sentencio, abriendo mis ojos para poder conectarme con el alma de mi padre. Los recuerdos llegan a mi mente y el dolor que debería sentir mi alma la siente la del hombre que tengo frente a mí.

Un quejido escapa de los labios de mi padre y sus ojos se cierran.

—Lo…sé, hijo —el dolor que siente no deja que las palabras salgan de sus labios con fluidez.

Cierro mis ojos para que el dolor vuelva a mí. Aprieto mis manos para que el impacto sea inmediato.

—El dolor cada día es más grande —agrego en un susurro.

Mi padre toma aire para tomar la compostura de su cuerpo —entonces ya sabes cómo se siente esa chica —replica, abriendo sus ojos para volver a mirarme.

Ya sé lo que dicen las tantas reglas del mundo del más allá. Sé perfectamente que significa que un fantasma no pueda visualizar los temores de un humano. Me preparé por años para que esto ocurriera, pero ahora que está sucediendo no lo creo y simplemente no entiendo como una persona como esa chica pueda poseer lo que el libro de Almas Negras me ha enseñado por tanto tiempo.

—Ella no puede…poseer eso.

Las manos de mi padre se juntan —Ashton, muchas veces las personas que se ven más vulnerables son las más fuertes. Sus almas suelen ser más extraordinarias que cualquier otra —se limita a decir.

Sacudo mi cabeza, haciendo que mi alborotado cabello caiga en mi frente.

—No creo que ella tenga una alma extraordinaria —pongo en marcha mis paso, pasando a un lado de mi padre. Del sillón que hay en un rincón de mi habitación tomo mi chaqueta negra y sin decir nada más salgo de la habitación, cerrando la puerta de un portazo.



Monstrua Mayor

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En el texto hay: misterio, fantasmas, amor y dolor

Editado: 19.06.2019

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