Distorsión

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Capítulo Tres

Se hizo una enorme nube de polvo a mi alrededor cuando terminé de revisar la última caja. No eran más que libros de odontología de papá, de todos modos. Busco la aspiradora en la habitación, pero no hay nada. Lo más parecido que encuentro es una pulidora para pisos. Bajo a la sala, tampoco hay nada. ¿Siquiera hay una aspiradora en la casa? 

El primer anuncio de una fuerte lluvia son unas gotas gigantescas estrellándose contra las ventanas. Corro a cerrar las de la sala. La última vez no lo hice y terminé sacando el agua con un trapeador y una cubeta durante media hora

Después de cerrarlas todas, el ruido se aminora. Pero logro escuchar algo. Un crujido. No son gotas de lluvia, el ruido viene de adentro. O mejor dicho, de abajo. ¿El sótano? No he bajado allí desde el primer día que llegué. No hay luz y tiene un insoportable olor a humedad. Pero ahí está otra vez, es como madera crujiendo mientras das un paso. Voy a las escaleras, que están junto a la puerta del sótano, y me detengo quedando en completo silencio. No escucho nada. Aguardo cinco segundos más, y ahí está el ruido otra vez. Si un animal se metió por las ventanas, no tengo idea de cómo manejar la situación. ¿Qué podría hacer yo? Pienso, pienso y pienso más. ¡Lydia! O aún mejor: el hijo de Lydia. Pero con esta lluvia no voy a llegar a ninguna parte. Así que esperaré. 

 


La lluvia no sesó sino hasta hace unos treinta minutos. He estado en mi cama, con la computadora en las piernas y mis ojos clavados en Facebook durante horas. Lo intento, de verdad, pero a veces tengo el extraño interés de fisgonear en la vida cibernética de personas que ni siquiera me agradan. Y no sé por qué. 

Me duelen los ojos, pero no tengo sueño. Bajo al recibidor. Es increíble lo silenciosa que puede llegar a ser una casa cuando se vive sola. Voy a revisar la alarma; la activo. Tambien cierro las cortinas. A esta hora de la noche, me gusta mantener encendidas las luces de la planta baja. Después voy a la cocina, abro el refrigerador y una ola helada me embiste: solo hay vegetales y comida orgánica —porqué no como carne— y cerveza. Tomo una botella y voy de vuelta a mi habitación. 

La pantalla de la computadora sigue mostrando la foto del reencuentro de Dean y sus amigos de la universidad. Amigos que, en su mayoría, nunca me han agradado. El lado bueno de estar aquí ahora es que no pudo pedirme que lo acompañara. Por supuesto que prefiero no ir, así puedo observar lo que pasa desde la comodidad de mi hogar mientras bebo una cerveza. 

Y tenía razón, porqué alguien acaba de compartir otra foto de la reunión, mencionaron a Dean en ella. La imagen es de él, distraído y sosteniendo una copa, y hay un mujer pelirroja al lado, sonriendo. Interesante. Tambien la mencionó a ella: Jane Keller. La conozco. Veo su perfil; es justo como la recordaba, atractiva y elegante, con los ojos verdes encendidos y una mirada de "siempre obtengo lo que quiero". Fue su novia los primeros años de universidad.

Me enderezo. Siento un calambre en el pié izquierdo. Le doy un largo trago a la cerveza y vuelvo a la fotografía. Está vez la observo mejor, con detenimiento, y me doy cuenta de algo que ignoré al principio: Dean luce distraído porqué está mirando a la pelirroja ¡Dios, está mirando sus pechos! Pero hay más; ella lo está mirando de reojo, su sonrisa es casi triunfal. Regreso al perfil de Jane, ¿acaso dice si es soltera o algo así? Mi mirada se mueve rápido, como la de un depredador que encontró a su presa y no la dejará ir nunca. Ahí lo dice: Soltera y vive en Salem ¿Acaso tiene idea de que está comprometido? Y aunque no somos amigas, puedo ver toda su información, absolutamente todo. Más fotos de ella, hace tres meses fue a Las Vegas, le gusta la página de una cafetería francesa y visitó un parque de diversiones con unos niños que, al parecer, son sus sobrinos. Es linda. No puedo culpar a Dean, pero será mejor que responda el teléfono ahora mismo. 

Mi dedo está a punto de presionar el ícono de llamar en el teléfono cuando el timbre de la puerta resuena en mis oídos. Me paraliza un segundo. Mi vista va a la hora: 11:02 PM. Ya es muy tarde para otra visita de bienvenida. Dejo la computadora a un lado y me pongo en pié de un salto. Miro por la ventana y no veo ningún automóvil. No pienso abrir ahora, será mejor que piensen que no hay nadie ¡Pero maldición, encendí todas las luces de abajo! Bueno, no atenderé a menos que vuelvan a insistir. Y entonces lo hacen, otro timbrazo en medio de este silencio. De acuerdo. Bajo las escaleras sin apresurarme. Escalón por escalón. Me acerco a la ventana de la sala, pero tampoco puedo ver nada. Junto a la puerta hay un bate de béisbol de madera. Es solo por precaución. Lo tomo despacio y pongo el código en el dispositivo. Cambia a color verde y giro la manija. Abro lentamente, con una mano en la manija y la otra en el bate. El aire empieza a entrar. Solo asomo medio cuerpo, pero no veo a nadie. No hay nadie en la puerta y tampoco en el pórtico, más allá del oscuro paisaje, tampoco. 

—¿Hola? —digo a la nada, esperando que nadie responda. 



TaniaMC

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En el texto hay: misterio, thriller psicologico, paranoia

Editado: 24.12.2018

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