Distorsión

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Capítulo Cinco

Abro la puerta apenas suena el primer timbrazo, un oficial joven y serio aparece en la entrada y las sirenas de la patrulla en el fondo deslumbran mi vista. Esta es la primera vez que tengo que llamar a la policía. Y la primera vez que tengo a uno en casa.

—¿Usted es Jill Zanetti? —me pregunta con una mirada fría y directa. Asiento con la cabeza. No sé por qué, pero no me hace sentir más segura—. Recibimos un llamado de alguien que afirma que entraron a su casa —intenta ver más allá de mi. 

—Así es. Alguien entró en mi casa mientras dormía —decirlo en voz alta me da escalofríos—. Se suponía que la alarma debía sonar pero no lo hizo.

—¿Le importa si entro a revisar?

—Adelante —me muevo a un costado con algo de torpeza. Aún me cuesta trabajo mantenerme quieta, sin temblar—. Pero ya no hay nadie. 

Atraviesa la puerta y se detiene en el recibidor para echar un detenido vistazo de arriba a abajo. Tiene los hombros en alto. Se voltea hacia mí.

—¿Pudo ver a la persona? —pregunta el oficial, aún observando todo el lugar.

—No. 

Da un paso hacia adelante, en dirección a la sala. Ve la enorme pantalla de plasma, las bocinas, la antigua y costosa lámpara de mesa de mi madre, y me pregunta, sorprendido:

—¿No sé llevaron nada?

—Parece que no —lo sigo.

—¿Está segura que alguien estuvo aquí?

La pregunta me regresa veinte minutos antes, revivo la escena de la puerta abierta, el oscuro y frío paisaje de afuera y el terror y la preocupación que sentí en ese momento. La llamada a emergencias, la áspera voz de la operadora, a mí, corriendo de vuelta a mi habitación para esconderme hasta que llegara la policía. Por supuesto que alguien estuvo aquí, la maldita puerta estaba abierta de par en par.

—Bueno, la puerta estaba abierta cuando bajé. Es obvio que alguien entró.

De su bolsillo trasero toma una pequeña libreta y un bolígrafo y comienza a escribir en la primera página. Mira su reloj y vuelve a escribir. 

—Pero usted no vio a nadie, ¿es correcto? 

—No —admito.

Continúa escribiendo. Hace un movimiento gracioso con los labios, como si los frunciera y al mismo tiempo los mordiera. No se da cuenta que lo observo. Dios, ¿Cómo puedo pensar en algo así ahora? Alguien acaba de irrumpir en mi casa. Y luego pienso en mi madre, si se enterara de esto, "Te lo dije" serían las primeras palabras que le escucharía decir.

—¿Quién más vive aquí? —pregunta con la mirada en el papel.

—Solo yo. 

—¿La alarma funciona?

—Así es. De hecho, es nueva.

Y eso es lo que más me aterra. La alarma es nueva, funciona bien, o al menos eso creía. No se supone que deba fallar. Prácticamente le confío mi seguridad a ese dispositivo.

—A veces fallan estas cosas —dice convincentemente—. Tal vez podría ponerse en contacto con la empresa que le vendió este sistema.

—Si, pero... —no lo sé, es más que la alarma. Es esta... angustia que aún me provoca un dolor en el estómago. Vi la puerta abierta, si, pero no robaron nada, todo parece estar en orden y eso me enloquece.

—O quizás solo olvidó cerrar la puerta —sigue hablando—. Quizás pensó que lo hizo, pero en realidad, no. Nos ha pasado a todos, creemos que hicimos algo, y luego resulta que no fue así. 

—No, yo lo sabría —niego rotundamente.

—Es posible que se fuera a dormir con la idea de que cerró la puerta pero no lo hizo, señorita Zanetti.

No lo creo. Este tipo de cosas no se me pasan. Es imposible.

—Tal vez —acepto al fin, pero yo conozco mi versión.

Lleva la libreta de regreso a su bolsillo y camina hacia la puerta. Se frota un dedo contra su cabello rubio y corto.

—Supongo que es todo —abre la puerta (la alarma no está activada justo ahora)—. Todo está en orden. Vaya a dormir, intente descansar. 

Y cuando está a punto de abordar la patrulla me doy cuenta que no sé su nombre. Él no se presentó.

—Espere, ¿Cuál es su nombre?

—Soy el oficial Kinley —sube al vehículo y cierra la puerta con fuerza. Se escucha un radio adentro—. Descanse —la patrulla, aún con las luces encendidas, arranca ruidosamente y se marcha en dirección a la casa siete. 

Vuelvo adentro y presiono con detenimiento cada tecla del dispositivo de la alarma: 1-7-7-7. El foco se torna rojo. <<ALARMA ACTIVADA>>. Vuelvo a la sala, y en ese momento, sé lo estúpida que fuí. La puerta trasera, la que está detrás de la escalera, no tiene puesto el seguro. 



TaniaMC

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En el texto hay: misterio, thriller psicologico, paranoia

Editado: 24.12.2018

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