Distorsión

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Capítulo Siete


Algo se mueve en mi pecho cuando despierto. Me enderezo rápidamente y noto que lo hago con cierta precipitación, como si tuviera que estar alerta. Odio sentirme así, con incertidumbre, pero es solo mi teléfono avisando que se agotó la batería y está por apagarse. Aún estoy en el sofá. La televisión sigue encendida, sin sonido y con las noticias matutinas. Hay tres botellas vacías de cerveza en la alfombra —ni siquiera recuerdo haber tomado dos más—. La laptop está junto a mí, entró en suspensión, así que me encontraré con la última...

Un momento.

La conversación con Dean que decidí no responder, la respondí. No. No. No. Vuelvo al sillón, necesito sentarme y entender esto. No puedo creerlo, tres cervezas jamás me han hecho olvidar algo. Me acerco mucho más a la pantalla para comprobarlo. «Te extraño» escribí a las 12:10. Estaba enfadada con él, nunca le habría escrito eso sobria. Continúo bajando el cursor. «Apuesto que si» respondió él. «¿Por qué sigues despierta?» fue el último mensaje enviado a la 1:00 AM.

Me aparto de la computadora Y del sillón y apago la televisión. Hago un rápido chequeo visual de la puerta principal, la cual está bien cerrada. Luego voy a ver la de atrás, cerrada. Ahora si puedo subir y darme una ducha. Necesito reponerme.

En el baño, frente al espejo, me observo un instante antes de entrar en la tina. Mi cabello tiene un color dorado oscuro, es más claro en las puntas. No me gustaba hace unos años, cuando lo tenía que teñir de un tono más castaño, pero lo acepto ahora. Se forman algunas ondas flojas que caen como una cascada por los hombros y la espalda. El verde de mis ojos es el de una aceituna, así lo llama mi madre.

El vapor empieza a emerger del otro lado de la cortina. Esto se va a sentir bien. Me quedaré ahí un buen rato, lo necesito.

 


Apenas pongo un pie desnudo y mojado fuera de la tina, comienzo a oír la lluvia contra el tejado, otra vez. Últimamente empieza a llover más temprano de lo usual. Después de todo, esto es octubre en Oregon.

Me quedo temblando un momento junto al estante lleno de toallas y cremas. Hay vapor y un olor a champú con aroma a sandía en toda la habitación. Me pongo una toalla en la cabeza y luego la bata. Voy a a mi habitación y tomo la primera blusa que encuentro y unos pantalones arrugados. Veo la puerta abierta, no puedo vestirme así, me siento... no lo sé, como si estuviera siendo observada. Aún cuando sé que no hay nadie más en casa, tengo que cerrarla. Siempre lo hago.

El teléfono suena desde la planta baja, y no puedo evitar dar un salto. Siento como se tensan mis hombros por un segundo. Esta es una nueva línea telefónica, no sé quién, además de mis padres, podría tener este número. Sin apresurarme, voy a las escaleras esperando que responda la contestadora. Pero no es así, suena otra vez. Y al segundo timbre lo tomo y me lo llevo a la oreja. Olvidé mirar el identificador de llamadas, maldita sea. Es de esos teléfonos en los que desaparece el número una vez que tomas la llamada.

—Diga.

—¿Jill? —habla una voz ronca. La reconozco.

—Austin.

—Intenté llamar a tu teléfono hace un rato, pero no pude.

—Se agotó la batería. ¿Qué pasa?

Se aclara la voz.

—Solo quería recordarte que dentro de un mes, tenemos que reunirnos con el abogado por lo de la herencia. No lo olvidaste, ¿O si?

Lo hice.

—Claro que no.

—Bien —sorbe su nariz— ¿Cómo estás? 

Por mi mente pasa la idea de contarle lo de la otra noche, no estoy segura, aunque sé como reaccionará. Pero tampoco me sentiría tranquila ocultándoselo. 

—Bueno, estoy bien. Es solo que la otra noche... Creo que alguien pudo haber entrado a la casa. En realidad, no estoy segura si ocurrió realmente.

—No juegues con eso, Jill. ¿Estás hablando en serio?

La preocupación en su voz hace que me arrepienta al instante. Le contará a mamá, lo sé.

—No fue tan grave como lo estás haciendo sonar, ¿si? Solo encontré la puerta abierta, pero no vi a nadie.

Suspira.

—¿Robaron algo?

—No, no lo hicieron.

—Espera —deice—. Creí que tenías una alarma de seguridad. 

—Si, pero no sonó. O tal vez yo no la activé, u olvidé cerrar la puerta antes de ir a dormir. Te lo dije antes, no estoy segura si en verdad alguien entró.

—¿Y llamaste a la policía?

—Lo hice. Todo está bien.

—¡Dios, Jill! No deberías estar allí tu sola, y lo sabes. ¿Por qué no solo regresas a tu apartamento? Solo mientras Dean se muda también. 

Oh, ahí va de nuevo. No creo estar de humor para oír esto otra vez. 

—Ya lo hablamos —le digo con tono frío—. En serio, Austin. Tengo que terminar de hacer algunas cosas y...

—Entiendo —acepta que quiero terminar la conversación ahora—. Está bien. Solo hazme saber si ocurre cualquier cosa allí, ¿si? ¿Prometes que lo harás? 



TaniaMC

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En el texto hay: misterio, thriller psicologico, paranoia

Editado: 24.12.2018

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