Distorsión

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Capítulo Diez

Hasta ahora, sé tres cosas con certeza. La número uno es que alguien ha estado merodeando por aquí, ha entrado en mi casa dos veces, y no puedo ignorar que, tal vez, lo del sótano podría estar conectado -las palabras de Steve aún resuenan en mis oídos-.  La número dos es que el Oficial Kinley parece no creerme; me doy cuenta por la ausencia de diligencia en su actitud. Y la número tres es que no estoy a salvo.

 

El timbre de la puerta se lleva mis pensamientos volando. No quiero abrir, pero no tengo opción. Esta mañana no estoy de humor para una charla matutina con Lydia sobre lo que pasó anoche. Podría jurar que ya conoce la historia, el oficial Kinley –o como ella lo llama, Seth-, ya debió ponerla al tanto.

 

Sin ningún ánimo, voy hacia la puerta. Estoy segura que mi cara es un desastre ahora y posiblemente la asuste. Parezco un fantasma perturbado, enfadado, exhausto. Ojalá fuera mejor disimulando mi irritación. Pero al menos puedo simular una amable sonrisa.

 

Un suspiro y atiendo.

 

Bueno, ese hombre parado en la puerta no es Lydia. Así que borro la sonrisa inmediatamente. Tiene un aspecto serio , autoritario. El cabello oscuro como el cielo nocturno de este bosque, y un rostro fresco. Definitivamente luce mejor que el mio. Me mira con detenimiento un instante y luego se presenta.

 

-Soy el Detective John Nesbitt -dice con una voz muy grave. Tiene sus ojos azules clavados en mi. La única parte del cuerpo que mueve son sus labios.

 

¿Que hace un detective en mi puerta? Kinley lo envió, a lo mejor. Pero no me cabe duda que esto se ha salido de control. Hace unos días, mi única preocupación era Dean en su fiesta de reencuentro. Ahora no solo tengo a un oficial de policía en mi casa, también tengo a un detective. Uno de esos que salen en peliculas de crimen y suspenso. Entonces una idea surge en mi mente: vino para informar algo; tal vez lo atraparon, al intruso

 

-Estoy aquí por los recientes.reportes de allanamiento a su domicilio -continúa diciendo-. El oficial, Seth Kinley, informó a la estación sobre dos acontecimientos reportados como falsas alarmas.

 

No puede creer lo que está diciendo. ¡Ese maldito...!

-No. No. No. No fueron falsas alarma, alguien entró a mi casa -replico.

 

-Entiendo, pero…

 

-Lo hicieron dos veces. Ayer se activó la alarma. La central lo reportó.

 

Ahora me está mirando con preocupación. Como un padre mira a su hijo cuando está metido en un gran lío. No puedo soportarlo.

 

-Bien. De acuerdo -se lleva las manos a la cintura, me resulta una postura aún más intimidante-. ¿Qué le parece si me cuenta lo que pasó anoche?

 

Suspiro con alivio, al menos quiere oír mi versión de los hechos. Pero no pienso contársela en la puerta.

 

-¿Le gustaría hablar adentro?

 

Después de un gesto afirmativo, dejo la entrada libre, él da un paso hacia adelante y cierro la puerta detrás de mí. Se da la vuelta para mirar el dispositivo de la alarma, lo observa durante un minuto. Y yo lo observo a ell apretar los labios, sus ojos se mueven rápido , como si buscara el más mínimo y visible error en ese dispositivo. Desde este ángulo, puedo ver bien su perfil; una nariz recta y una barbilla cuadrada. Y, a pesar de su expresión tan seria como la de un gendarme, es evidente lo joven que es. Me atreveria a decir que no tiene mas de treinta dos.

 

-Entonces -comienza a decir una vez que deja de poner atención a la alarma-.¿Qué ocurrió con exactitud?

 

-Estaba durmiendo y escuché la alarma. Cuando bajé, encontré la puerta abierta y luego la central se comunicó conmigo y  enviaron a la policía. Después el oficial Kinley llegó y me hizo algunas preguntas, igual que la otra noche.

 

-El mencionó en el reporte que no se cometió un robo. Y eso es exactamente lo que llama mi atención.

 

-Bueno, tal como se lo sugerí a él, puede que el intruso se asustara con la alarma y se marchara en ese momento.

 

-¿Y en el primer reporte? -pregunta con calma-. Tampoco se registró un robo.

 

-Escuche, me asusté al principio, pero luego creí que tal vez solo había olvidado cerrar la puerta -le explico-. Sin embargo, con lo que pasó anoche, no puedo pensar lo mismo.

 

-Entiendo, señorita…

 

-Jill -le aclaro-. Por favor

 

Asiente con la cabeza.

 

-Muy bien, Jill, es solo que, este es un lugar tranquilo. No es común que se suciten hechos como esos. La gente aquí siempre está en paz.

 

-Eso era lo que yo pensaba.

 

-La entiendo. Y le agradezco mucho su tiempo.

 

Está a punto de marcharse, y lo dejaría ir si no fuera por la gran sensación de ira  que experimenté cuando dijo que Kinley lo había reportado como “Falsas alarmas”. Debí suponerlo, anoche me miraba como si estuviera loca. Me pregunto si también habla de eso con Lydia.  



TaniaMC

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En el texto hay: misterio, thriller psicologico, paranoia

Editado: 24.12.2018

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