Distorsión

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Capítulo Once

Me siento mareada, la cabeza me duele y me da vueltas, y siento que mis ojos van a explotar. Quiero matarme. Las aspirinas dejaron de surtir efecto hace mucho tiempo, así que empecé a tomar algo más fuerte; algo para las migrañas. Pero, desafortunadamente, los efectos secundarios, como las náuseas y un molesto zumbido en los oídos, eran de verdad desagradables. Entonces tuve que volver a las aspirinas. Por eso ahora mismo tomo dos y las trago rápido -saben muy mal- y devuelvo el frasco al botiquín.

​​​​​

Casi es medianoche, apago la luz antes de salir del baño, luego bajo las escaleras  y voy a la sala, que está envuelta en un bestial silencio. Doy pasos lentos hasta el muro con revestimiento de piedra que divide el comedor de la sala, y giro el interruptor de luz para regular la intensidad. Está en el nivel más alto, solo voy a bajarlo un poco, hasta que tome un tono neutro. La siguiente tarea es revisar las ventanas, y lo hago, pongo cada seguro de cada ventana. Luego voy a cerrar bien la puerta trasera, esa que, pensándolo ahora, no creo que sea tan segura como tendría que ser. Y por último, la puerta principal. La abro, y por primera vez en mucho tiempo, adoro el viento estrellándose contra mi cara, casi siento que amortigua ligeramente la presión en mi cabeza. Se siente bien, pero es inevitable recordar que, por esta misma entrada, alguien más ha pasado mientras dormía. Más allá de los abetos,  del otro lado del camino que incorpora hacia la carretera, solo hay oscuridad.

 

Cuando estoy por cerrar, un ligero destello anaranjado me hace mirar dos veces el suelo del pórtico. Es una colilla de cigarro. Aún humeante, y está en mi maldito pórtico a mitad de la noche. Quien quiera que fuese, acaba de irse. Pero nadie viene al bosque a fumar un cigarrillo y decide solo escoger una casa para hacerlo en su pórtico. No tiene sentido.

 

Con el corazón latiendo más fuerte y el estómago encogido, cierro la puerta rápidamente y activo la alarma. Ni siquiera pienso buscar ni seguir a nadie esta vez. No sé cómo pude hacerlo la otra noche, es una locura.

 

Me dirijo a las escaleras,  pero me detengo cuando llego al interruptor de la luz. Mi instinto me dice que debería volver a ponerlo en la máxima intensidad. Entonces lo hago. Sigo mi camino hacia arriba, a mi habitación. Cuando entro, cierro la puerta y también le pongo seguro. Me acurruco en el centro de la cama y me envuelvo con el edredón. No sé qué me hará perder más el sueño, si el miedo o el dolor.



TaniaMC

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En el texto hay: misterio, thriller psicologico, paranoia

Editado: 24.12.2018

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