Doble Nacionalidad

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CAPÍTULO 66

Ha pasado ya una semana desde que me desperté del coma y otra más desde que me estoy recuperando tanto física como psicológicamente. Aunque no creo que lo segundo suceda muy pronto.

Debido a que yo "solo" sufrí una bala en la pierna, ninguno de mis órganos vitales sufrieron daño alguno, a excepción de los golpes. Pero Leonardo no corrió la misma suerte y la bala le perforó un pulmón y aún sigue en coma y nadie sabe cuando despertará. O si despertará.

«Flash back»

—¿Cómo te encuentras, cielo?—pregunta mi madre acariciándome con dulzura el pecho.

Como hace menos de cinco minutos que me he despertado después de cinco días, mis cuerdas vocales aún están muy sensibles y me cuesta mucho esfuerzo hablar. Por lo que me limito a encogerme de hombros.

—¿¡Ya se ha despertado!?—André irrumpe en la habitación de forma abrupta, provocando que tanto mi madre como yo peguemos un salto ante tal escándalo.—¡Ya era hora, enana! Hemos estado cinco días explotando a la pobre máquina expendedora del hospital.

Sin verlo venir me rodea con sus enormes brazos y me da un fuerte abrazo.

—André...aún estoy adolorida...—consigo susurrar con los dientes apretados.

Inmediatamente se separa y se disculpa repetidas veces.

—¿Qué ha pasado estos días?—quiero ir al grano para saber a que atenerme. No me gusta no saber.

Mi madre y mi hermano se miran por unos largos segundos, inseguros de contármelo y yo frunzo el ceño.

—¿Tan malo es?—inquiero cruzándome de brazos.

—Claro que no, cariño.—se apresura a contestar mi madre.

No me fío de ni una de las palabras de mi madre. Su voz ha adquirido un tono de pito y eso es señal de que miente.

—Laura y Katia ya han sido detenidas.—me cuenta André.

Sin ser consciente de ello me relajo y dejo caer la cabeza en la almohada de la cama.

—La policía las interceptó cuando huían después de haberos disparado...—su voz a ido reduciendo la intensidad hasta ser un vago murmullo.

—¿Y Leonardo?—lo corto antes de que incluso termine la frase. Estoy más que contenta que las hayan detenido, pero me acabo de dar cuenta de que Leonardo no se encuentra por ningún lado.

¿Es posible que ya se haya ido a casa y no quiera saber nada más de mi?

—Poussin...—empieza mi madre agarrándome la mano, pero yo la aparto, desconfiada.

Mala señal. Cuando mi madre te llama por tu apodo cariñoso mientras te coge de la mano y no te mira a los ojos, nada bueno puede venir.

—¿Maman?—le aprieto la mano para que siga, pero no lo hace. En vez de eso, se muerde fuertemente el labio y cierra fuertemente los ojos.—¿André?—mi respiración se acelera y el electrocardiógrafo "repite" sus pitidos conforme las pulsaciones de mi corazón aumentan.—¡Decirme ya como está Leonardo!—exclamo perdiendo los nervios.

—Leonardo aún no se ha despertado, Angie.—dice un cabizbajo André.—Y los médicos no saben si lo va a hacer.

De repente mi mundo de derrumba. Ya no escucho nada más, ni a mi madre gritándome que reaccione ni ha mi hermano corriendo de un lado para otro llamando al doctor.

Lo único que siento es un inmenso vacío. Abandonada, sola. 

«Fin flash back»

Ya es de día y el sol se filtra violentamente a través de las sosas cortinas blancas de hospital. Los médicos dicen que debería estar agradecida de seguir con vida y aprovechar la segunda oportunidad que se me ha dado, pero no puedo.
Me limito a sentarme en el borde de la cama y observar el infinito. 

Cuando me enteré de lo de Leonardo quise ir con él, verlo y decirle cuanto le quiero y lo arrepentida que estoy. Pero nada de eso fue posible ya que en ese instante entraron los enfermeros y me sedaron.

No sé si grité o pataleé. La verdad es que no me acuerdo de nada más de ese día.

—Tienes que comer.—interrumpe Violetta.

Me ha estado visitando todos los días desde que desperté, al igual que todos los demás. Intentan hacerme reír, entablar conversación, comer...pero yo nunca respondo.

—No tengo hambre.—me limito a decir sin dejar de observar la sosa pared.

Oigo sus pasos acercarse a la cama y sentarse a mi lado, suspirando derrotada.

—¿De verdad vas a desperdiciar esta deliciosa comida?—intenta convencerme pero simplemente no funciona.

—Puedes comértela tú. Yo no tengo hambre.—mi voz es monótona y no deja entrever ningún tipo de emoción. Es vacía, como mi interior.

—Vale. Hasta aquí.—se levanta de golpe poniéndose delante de mí. Impidiendo seguir ignorándola.—Sé que estás afectada por las noticias y sé que piensas que no puedes vivir sin él, pero el tiempo te enseñará a hacerlo.—se arrodilla mirándome con compasión.



Ina Gonzalez

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En el texto hay: drama, amor, jefe y secretaria

Editado: 14.10.2019

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