Dominante

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Capítulo 31 "Un adiós imposible"

Ha pasado una semana, he salido del hospital y mi sobre-protector chico lindo mi llevo a rastras a su casa ya que según él ahí nadie me hará daño, pero lo que él no sabe es que ya me dañaron.

Estoy durmiendo en la habitación de al lado, no he podido dormir nada bien pensando en cómo lo apartare de mi sin lastimarlo, aunque eso es imposible.

No he dormido en toda la noche, solamente me he quedado mirando cada parte de la habitación y ya sé que hay un a pequeña cantidad de goma de mascar rosa pegada en la esquina del tocador y que hay una mancha pequeña detrás de un cuadro de unos árboles gigantes que por supuesto es hermoso, la puerta rechina un poco, giro la cabeza y Sebastián entra con una media sonrisa en el rostro como lo hace todas las mañanas.

-Despierta...- su expresión se vuelve seria al verme –Por supuesto ya estas despierta, Kim, ¿No dormiste de nuevo?- asiento con la cabeza tratando de sonreír pero sinceramente no puedo.

-Sí, hace unos minutos desperté- se acerca y se sienta a mi lado examinándome con detenimiento.

-Pues parece que no lo has hecho, tienes unos enormes círculos oscuros rodeando esos bellísimos ojos, me quedare aquí contigo hoy, cuidare de ti y...-.

-No es necesario, ve a trabajar, ya has faltado mucho y la señora Hilary y tu padre se molestaran- al nombrar a mi abuela un enorme hueco se forma en mi estómago y mi corazón se acelera, no sé cómo puedo nombrarla sin querer gritar o sentir escalofríos, él se ríe en forma de burla y cubre mi mejilla con su mano para después apartar un poco del cabello que cubre mi rostro y colocarlo detrás de mi oreja.

-Ellos no me importan, tú sí, por mí que se queden con su empresa y se busquen a un nuevo presidente, después de todo me gusta más el trabajar para mí y solo para mí-.

-Estaré bien, lo prometo y te llamare cada hora para avisarte que no he saltado por la ventana- frunce el ceño y me mira como si me regañara.

-Oye, eso no es gracioso-.

-Lo sé pero a mí sí me dio gracia- sonrío y él niega con la cabeza sin quitar esa cara de regañón.

-Entonces me iré, pero si quiero que me llames cada veinte minutos, ¿Entendido? Y no para saber que no has saltado por la ventana, sino para escuchar tu voz y tus te amo- arqueo ambas cejas y sonrío.

-Yo no dije eso, dije que cada hora no que cada veinte minutos, además no especifique que diría cada vez un "te amo"-.

-Pero yo sí, dije veinte o vendré de regreso-.

-De acuerdo de acuerdo, cada veinte minutos- cierro los ojos y en menos de medio segundo siento sus cálidos labios sobre los míos, no puedo evitar continuar su beso ya que me es imposible, se aparta un poco y observo sus ojos por unos segundos...

-¿Sabes que fue lo que atrajo de ti?- pregunto y él sonríe de manera sexy y con curiosidad a la vez.

-No, ¿Qué fue?- se acerca más y rodea mi cintura con sus manos uniéndome más a él, no deja de mirarme como si no existiera nada más en este lugar y eso me hace sentir bien.

-Tus ojos- añado con una sonrisa, frunce el ceño y después vuelve a sonreír - Cada vez que sentía tus ojos sobre mí, era extraño, como si controlaran cada latido de mi corazón, no podía controlar mis movimientos, era como si fuese un robot y tu tuvieras el control, cada mirada me hacía sentir estúpidamente nerviosa y entonces fue cuando me dije que estaba perdidamente enamorada de ti, y no quería que miraras a otra chica de la misma manera en la que lo hacías conmigo, estaba celosa y furiosa porque no tenía el valor de decírtelo, Sebastián Blake tus ojos me atraparon desde el primer momento, solo que no lo supe de inmediato-.

Rodeo su cuello con mis manos y lo beso, mi corazón late rápidamente, no quiero apártalo de mi pero debo hacerlo.

Kim, esto no es correcto, la idea era apartarlo no decirle cuanto lo amas.

...

Ha salido de la habitación hace unos diez minutos, me siento en la esquina de la cama pensando en que hacer, el teléfono de casa de Sebastián suena así que contesto.

-¿Hola?-.

-No quieres hacer caso de mi advertencia-.

-¿Abuela?- mis manos comienzan a humedecerse al escucharla.

-Creo que prefieres verlo a dos metros bajo tierra en un ataúd ¿No es cierto?-.

-No, no hagas esto por favor- mi voz se rompe y no puedo controlar las lágrimas que bajan sin control desde mis ojos.

-Te lo advertí, aléjate de él si no lo quieres ver muerto-.

-¡Es complicado hacerlo!- le grito con frustración, mis manos comienzan a temblar y mi respiración se vuelve acelerada así como el latir de mi corazón.

-Entonces solo aléjate de él antes de que sea tarde, no le digas nada, solo vete o te arrepentirás. Tic toc Kim-.

-De acuerdo, solo por favor no le hagas daño- ella cuelga y mi cuerpo parece desconectarse mi mente, todo está mal; tomo la maleta que está en el closet y comienzo a poner mi ropa, lo hago tan rápido como puedo pero me es difícil hacerlo con mis manos temblando y con la visión borrosa por las lágrimas que se acumulan en mis ojos...



Andy González

Editado: 16.02.2019

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