Dominante

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Capítulo 26 "Sucesos inesperados"

-De acuerdo- añado sin mirarlo a los ojos, no puedo creerlo, primera vez que me defiendo debidamente pero me equivoco de persona.

-Vamos ayúdame- paso su brazo derecho sobre mis hombros y con mi mano derecha sujeto la suya, con su mano izquierda se sujeta el estómago, cojea al caminar y no ha dicho nada desde hace un rato, creo que será mejor que vayamos al hospital, lo golpee muy fuerte, pero... ¿Y si de verdad ya no puede tener hijos?, Bueno, no creo que se quede estéril por un golpecito ¿O sí?

-¿En qué tanto piensas?- pregunta con voz ronca, aunque también podríamos adoptar.

-En lo tonto que fuiste al asustarme, mira como quedaste-.

-Es tu culpa por mentirme-.

-No solo es mía, bueno, la mayor parte sí, pero no toda-.

-Creíste que me molestaría ¿Verdad? Creíste que si me decías que estabas sola en la calle saldría muy molesto a buscarte-.

-No te conviene estar conmigo, creo que desde que nos conocimos tu suerte cambio, sin mi estabas mejor, por mi culpa casi pierdes quinientos mil, terminas en prisión de por vida, terminas golpeado por motociclistas y por mí y...-.

-Ya basta- interrumpe, se detiene y se pone frente a mí son quitar su mano de su estómago, toca mi barbilla levantándola un poco para poder ver mis ojos, niega con la cabeza y frunce el ceño.

-¿No lo entiendes?-.

-Entender ¿Qué?-.

-Kim, desde que nos conocimos mi suerte si cambio, pero no para mal, antes de ti yo no era nadie, me sentía solo y utilizado, no sabía que hacer conmigo, admito que si dormía con cualquier chica que se me atravesaba en el camino pero aun así sentía un vacío que ninguna de ellas podía llenar, un vacío que se llenó cuando llegaste tú, todo cambio, desde mi perspectiva de la vida hasta mis anhelos, tú eras lo que más deseaba tener, eres la única persona por la cual vale la pena despertar cada mañana con un sonrisa y decir "Ella es la chica con la que quiero pasar el resto de mi vida"-.

¡¿Por qué diablos quiero llorar?!

-Te amo- le digo y lo abrazo.

-Kim... no tan fuerte- dice casi ahogando un grito.

-Lo lamento- me aparto y se acerca para después darme un beso en la frente.

...

Nos encontramos en el hospital y no me han dicho nada de él desde que el médico lo llevo con él, me siento nerviosa, hacia tanto que no venía a un hospital, mis manos están húmedas y mi corazón late fuertemente, no puedo dejar de recordar el accidente, me recuerda todo, ¡Todo!, miro hacia la entrada y puedo ver como entran dos camillas y muchos médicos arrastrándolas a gran velocidad, los cuerpos lucen inmóviles, son mis padres, detrás de ellos viene una enfermera con una niña pequeña en brazos, ella no deja de llorar y de gritar a sus padres, esa pequeña soy yo.

-Señorita, ¿Está usted bien?- pregunta una enfermera que esta frente a mí, al fin reacciono y me doy cuenta de que mis mejillas estas empapadas de lágrimas que ni siquiera me había dado cuenta que tenía, las limpio con las mangas de mi suéter y niego con la cabeza.

-No se preocupe, estoy bien, gracias -.

-Pero esta pálida-.

-Le aseguro que estoy bien- ella sonríe y se va, me siento en uno de los incómodos asientos y dejo caer mi cabeza sobre mis piernas mientras que cubro mis ojos con ambas manos, mi respiración se vuelve acelerada, no quiero estar aquí, me siento desesperada, es como si me faltara el aire comienza a marearme así que trato de inhalar y exhalar despacio.

-¡No puede irse!- grita una voz masculina que parece la del médico.

-¡No le estoy preguntando! No puedo quedarme aquí- dice Sebastián, me levanto y está frente a mí, niega con la cabeza me abraza fuertemente –Vayámonos de aquí- me dice al oído.

-Joven, no puede irse, debe quedarse, tiene tres costillas rotas-.

-Estaré bien, pediré a mi médico que vaya personalmente a mi casa- explica Sebastián mientras que toma de la mano para salir de aquí.

-¿Qué estás haciendo?, Debes quedarte aquí-.

-No me quedare, no me quedare aquí sabiendo lo que te sucede cuando estas en un hospital, mírate, estas pálida y estoy seguro de que estabas llorando, no quiero que esos recuerdos te sigan lastimando de esta manera-.

No digo nada, solamente quiero salir de aquí, pero no quiero que él se vaya de aquí, debo hacer lo correcto.

-No, debes quedarte aquí y yo me quedare a tu lado sin importar lo que mis recuerdos me hagan, ya es momento de que trate de superarlos-.

-Ya dije que nos vamos-.

Salimos del hospital y entramos al auto.

-Te llevare a tu casa- enciende el auto y cubro su manos con la mía, frunce el ceño y voltea a donde me encuentro.

-No, llévame contigo por favor, debo asegurare de que realmente un médico vaya a tu casa-.

-Por mi encantado. Oye y... te quedaras en mi habitación conmigo ¿Verdad? Digo, para que me cuides- dice mientras que conduce.

-Tal vez-.

Puedo ver una amplia sonrisa gracias a las luces de las farolas de la calle.

-Bueno, pues, esta será la primera vez que una chica duerme en mi cama-.



Andy González

Editado: 16.02.2019

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