Donde nacen los lirios (completa)

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Capítulo 24: Su apellido es problema. (Parte 2)

Seguimos con la advertencia de las palabras altisonantes. Es incómodo y raro, yo sé. Pero es que en serio hay ciertas cosas que suenan muy forzadas en lenguaje "formal". En fin.

 

Capítulo 24: Su apellido es problema. (Parte 2)

Megan lo fulminó con la mirada. Sus ojos azules echaban chispas.

—¡Tu no tienes ni idea de lo que me pasa aquí adentro y no cuestiones mi salud mental! No estoy loca.

—Maldita sea, Megan, te cortas en los brazos. ¿Dime eso es sano? ¿Por qué lo haces? Es malditamente jodido—Se aproximó a ella y la aprisionó colocando las manos en el colchón a ambos lados de su cuerpo, mirándola fijamente a los ojos.

—No lo entenderías. Además ya no lo he vuelto a hacer.

—Por qué, Megan, crees que soy demasiado imbécil o algo así.

—¡No! No estoy diciendo eso... Es solo que no podrías entenderlo, ¡porque nunca lo has vivido!—Soltó con enojo—Es decir, ¿Tu que sabes del dolor? ¿De estar realmente solo? ¡y no hablo de un sentimiento sino de estar abandonado! ¿De sentirse como un estorbo al cual todos detestan y sacan de sus vidas? ¿De perder a la única persona que se interesaba en ti?

—Oye no soy un robot—Sus ojos negros llamearon—Ese es el problema, que eres tan hermética, tan cerrada como si nadie pudiese comprenderte ¿Por que eres un ser especial, de otra galaxia? ¿Que sucede, ah? Tal vez no lo entienda pero sí siento tu dolor, siento tristeza y rabia por lo que estás pasando. Tal vez no estoy en tus zapatos pero trato de ponerme en tu lugar, se llama empatía. Y me duele, me duele que no confíes en mí y me duele más enterarme de todo, me duele haber visto los golpes y no poder borrarlos de mi mente cada que te miro, se quedaron grabados a fuego aquí—Se presionó la frente—Y está bien—Quitó sus brazos de los lados de ella, se sentó y miró hacia el techo—Tienes razón quizás no puedo entenderlo porque no he vivido nada así. Pero mi vida no ha sido perfecta como quieres creer. Todos tenemos problemas. Todos pasamos por cosas difíciles. Tuve mis traumas de la infancia.

—¿Si? No me digas, 'señor tengo todo en orden y controlado', ¿Tu papá se fue con otra mujer, formó otra familia y se olvidó de ti?

—No. Mi papá tenía aventuras con jovencitas. Y lo apodaron "el arrolla abuelitas" en el periódico—Soltó con desprecio.

—¿Y? —Megan soltó una risa sarcástica—Eso suena cómico. ¡Nunca te abandonó! Lo tuviste cerca de ti aunque él mantuviera una vida secreta y hubiese cometido un error o muchos, tienes a tu mamá que te adora, que se preocupa por ti y que está para ti siempre que la necesitas—Había bastado conocerla un solo día para darse cuenta de que era la clase de mujer que estaba dispuesta a todo por sus hijos—Mi mamá puede pasar tranquilamente días sin verme ni hablarme, muy rara vez me pregunta cómo estoy y de hecho, no le interesa.

—Esto no se trata de quién lo ha pasado peor—Dijo él con dureza—Así, que solo explícame de una maldita vez...¿Por qué te cortas?

—¡¿Por qué, Keythan?¿ Quieres saberlo? ¿Quieres saber por qué me cortaba? Porque no había un solo día que no me sintiera miserable, ¡Porque estaba avergonzada de mi vida, de mi misma! ¡Me odiaba! Tu no sabes y no te puedes ni imaginar...Cuantas veces desee dejar de existir, acabar con mi vida, de una vez por todas.

La voz se le quebró. En la habitación flotó el dolor, denso,...infinito, como si una caja de pandora acabase de ser abierta soltando todos los demonios que contenía.

Keythan se quedó inmóvil, de forma inconsciente oprimió fuertemente su mandíbula y sus manos se hicieron puños. Un agudo aguijonazo perforó su corazón. Sus ojos picaron, se humedecieron y se cubrieron de una gruesa capa de lágrimas.

—No digas eso...—Las gotas se rebalsaron. Era cierto, lo que él había vivido no se le compara a lo que ella había vivido. Megan había llevado a cuestas un monstruoso y obscuro secreto, demasiado grande, sucio y pesado como para ser cargado diariamente por una adolescente. Una adolescente que debió estar libre de preocupaciones, de miedos,...¿Cómo había podido ocultarlo tanto tiempo?

—Es la verdad—Megan sonrió, pero era una sonrisa triste, con lagrimas asomando en los ojos—Te abrí mi corazón. Eso querías, saber ¿no? Deseabas escuchar lo que jamás me he atrevido a decirle a nadie más—Se negaba a decirlo en voz alta, a mostrarle lo miserable que se había sentido, a exponerse a alguien, a provocar lastima—Siempre fui una cobarde. Nunca tuve el valor de hacerlo. Odiaba mi vida, odiaba ser yo y a todos, y entonces llegaste tu a mi vida.

Hizo una pausa y el animo cargado de la habitación cambió ligeramente de frecuencia. Durante unos segundos el silencio reinó aplacando un poco la trepidante tensión que se había desatado de un segundo a otro, como si hubiesen lanzado un fosforo encendido a un espacio cerrado y rociado de gasolina.



Annie Lee

Editado: 19.03.2019

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